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Itinerario del buen salvaje

Al editor y músico le gustan los menús del día excelentes, la bici pública y los garitos de aspecto clandestino que cierran al amanecer

David Villanueva.

1. Circo de las Tapas. Tiene menús copiosos, comida casera, una salsa de tomate espectacular, una deliciosa tarta de manzana y muy buen trato. Cuando en la editorial tenemos que invitar a alguien a una comida de trabajo, la celebramos ahí y siempre quedamos muy bien (Corredera Baja de San Pablo, 21).

 2. La Barra. Ahí están Sabina y Rafa, que nos dejan sus instalaciones para cocinar en las presentaciones de nuestra revista Buensalvaje. Últimamente es frecuentado por gente del mundillo editorial. Recomiendo las mollejas y las carrilleras con patatas, espectaculares, que puedes comer en la barra, cosa que me gusta mucho. Además, organizan torneos de billar holandés, que es un juego muy desconocido (Garcilaso, 1).

3. Jazz Club. Es un garito de aspecto clandestino que abre muy avanzada la madrugada y, en vez de en un bajo, está en un piso. Solo puedes entrar si vas con alguien que conozcan. Dentro está oscuro, humeante, lleno de animales noctámbulos y solo falta la banda de jazz. Si vas es que esa noche lo tienes muy claro y regresarás al amanecer. Mejor no dar la dirección.

4. O Potiño III. Tengo la extraña costumbre de ir a cenar los lunes, yo solo, a este restaurante gallego. Es la noche en la que no se hacen planes, no hay casi gente ni ruidos, y yo aprovecho para tomar el mejor escalope de ternera de la ciudad. Y a muy buen precio (Conde Duque, 30).

5. Arranca Thelma. Es una hermosa librería con libros viejos polvorientos, donde hay una moto, cuadros de Ceesepe y que también funciona como galería de arte. Es un lugar inspirador. Soy muy aficionado a la literatura francesa y ahí encuentro cosas interesantes (Morería, 2).

6. El Palentino. Por las noches este bar clásico ya está imposible. Pero como está muy cerca de la sede de Demipage, bajo por las mañanas con mi compañero de la editorial Manuel Guedán, a desayunar. A veces todavía quedan efluvios nocturnos mezclados con amoníaco. Recomendamos los mixtos y los pepitos a precio de risa (Pez, 8).

7. Plaza de Santa Bárbara. Paso a diario por este lugar para llevar a mi hija al colegio. Por las mañanas es un remanso de paz, limpio y silencioso, en medio de las grandes arterias que hay por la zona de Alonso Martínez.

8. Plaza Jazz Club. El sitio más bonito para escuchar jazz. Tiene mesas bajitas y un piano de pared, un ambiente acogedor y recogido, sin el estruendo que se ve en otros cafés de este tipo. Además, los precios son más populares. Y se ve que los dueños saben y aman el jazz (Martín de los Heros, 3).

9. Casa Antón. Taberna Romántica. En esta tabernita, donde sirven buenas salchichas, me gusta visitar algunas tardes a mi amigo Pedro, que antes tenía el bar La Fábrica de Pan, y que me sirva lo que a él le apetezca. Me da a probar los vinos que va pidiendo para el local y los vamos descubriendo juntos (San Mateo, 19).

10. BiciMAD. La bici pública no es un lugar, pero son muchos. Como usuario habitual da problemas, porque muchas veces no encuentras bicis, pero lo que a mí me gustaba era invitar a las visitas a dar un paseo por todo Madrid en bici, de forma relajada, barata y libre. Ahora ya no puedes conseguir bicis para otro con tu tarjeta (la pagabas igualmente, claro). Eso hay que arreglarlo.