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HEPATITIS C

El Sovaldi llega a los juzgados

Visto para sentencia el primer juicio en Euskadi en el que un paciente con Hepatitis C que tuvo que comprarlo reclama a Osakidetza que le devuelva el dinero

El departamento de Salud del Gobierno vasco cree "humanamente comprensible" que los pacientes enfermos de hepatitis C en grado máximo compraran el Sovaldi cuando Osakidetza solo lo suministraba como uso compasivo, pero defiende que no se les puede reintegrar el dinero que pagaron, en muchos casos después de hipotecar sus viviendas, porque pese a estar muy graves, su vida "no corría riesgo" y "no hubo inasistencia de la sanidad pública". El juzgado de lo Social número 10 de Bilbao acaba de dejar visto para sentencia el primer juicio en el que un enfermo reclama al Ejecutivo autonómico el reintegro del gasto que tuvieron que afrontar para comprar Sovaldi, ante el fracaso de otros tratamientos.

El demandante, un trabajador autónomo de Bilbao, justificó que en 2013, cuando llegó a la consulta de Basurto tenía una hepatitis en grado máximo, pero todavía su hígado estaba compensado. La especialista le propuso un tratamiento, el coctel de tres medicamentos que el servicio vasco de salud ofrecía por entonces. Después de un mes "no había dado resultado" y seguir con él "ofrecía muy pocas garantías de éxito. Si después de un mes no ha bajado el nivel en sangre de forma significativa, seguir daba muy pocas garantías de éxito", ha confirmado su médico a preguntas del magistrado.

La doctora ha dejado claro en su declaración que seguir proporcionándole el tratamiento habitual al paciente "posiblemente no hubiera sido eficaz". Y también le dijo al paciente que el Sovaldi podría ser más eficaz, por lo que entonces se sabía de los resultados que ofrecía a quienes se lo habían prescrito. Sin embargo, Osakidetza no lo suministraba porque aunque la Agencia del Medicamento ya lo había aprobado, todavía el Ministerio de Sanidad no había logrado rebajar el precio que pedía la farmacéutica. Fue en ese momento cuando el demandante decidió buscárselo por su cuenta, convencido de que se encontraba ante una disyuntiva: sobrevivir o empeorar de forma irreversible y quizás morir, en un momento en el que el sector público todavía no lo suministraba.

Pese a reconocer el médico que el Sovaldi era el único tratamiento que ofrecía más garantías, Osakidetza solo se lo proporcionaba a los enfermos, por uso compasivo, es decir, a quienes estaban con el hígado descompensado, o bien con cáncer o a la espera de un trasplante de hígado. Cada tratamiento costaba unos 50.000 euros. La abogada de Osakidetza ha descrito que suministrarlo para uso compasivo "era gratis", dejando claro que el criterio económico pesaba en una situación estrictamente médica. Es decir, que en otras circunstancias se lo hubiera proporcionado. Osakidetza ha tratado después a 610 pacientes con ese medicamento y a 168 con uno posterior, Harvoni.

En una resolución administrativa firmada el pasado 5 de febrero de 2015, y recurrida en marzo, el Servicio Vasco de Salud, Osakidetza desestimó reintegrar el dinero al demandante porque “el paciente accedió libremente a la compra del Sovaldi”.

Para el juez, lo importante, y lo que más puede pesar en futuras sentencias de este tipo de reclamaciones, es si la vida del paciente estaba en riesgo cuando decidió buscar por su cuenta el caro medicamento. "Estaba muy grave, con una cirrosis de grado máximo y su hígado podía descompensarse en cualquier momento", ha dicho la médico. Es decir, podía estar en riesgo vital en una hora, en un día o en una semana, pero pese a la gravedad, "en ese momento no lo estaba", ha dicho la doctora. "El debate es si ha habido o no inasistencia de una urgencia vital", reiteró en varias ocasiones el magistrado, calificando de "debate literario", la explicación del abogado de la acusación de que la familia del paciente tuvo que hipotecarse para comprar el medicamento. El Gobierno vasco "cree que no hay ningún hecho que justifique acudir a la privada para comprar el medicamento", pese a que el tratamiento que le iban a proporcionar no iba a servir para nada y podía tener efectos secundarios, en un cuadro médico en el que el tiempo era fundamental.