Un elefante en la librería

Blackie Books recupera las historias iniciales de Babar con ilustraciones inéditas en España

Érase una vez una madre francesa, Cécile Sabourand, que con la misma delicadeza que tocaba el piano, improvisaba cada noche un cuento para sus pequeños Laurent y Mathieu. El que más les gustaba era el de un elefantito que iba a parar a una ciudad. Se lo reclamaban a menudo, al balbuceo unánime de “el de Ba-bá”. Les encandilaba tanto que ellos mismos se los contaron a su padre, Jean de Brunhoff, y éste, cuando debió marcharse a un balneario suizo para intentar superar su tuberculosis, acabó poniendo sus dotes de pintor al servicio de aquellas historias. Fueron media docena y todo un hito en la historia de la literatura infantil. Babar, después de 85 años, más de 13 millones de ejemplares en 27 lenguas, una serie de televisión (1969) y una película (2010) llega por vez primera íntegramente a España, a pesar de haber sido publicado ya al menos cuatro veces, gracias a una primera edición ómnibus, Babar. Todas las historias, promovida ahora por Blackie Books que, inopinadamente, incorpora más de una veintena de páginas que habían quedado inéditas.

“Sospechamos que debieron suprimirse, por un lado, por un tema económico porque eran bastantes páginas en color y en formato grande y, en algún momento, por algún prurito político, como la eliminación de un mono que hace una salutación fascista brazo en alto”, apuntan como causa de los fragmentos desaparecidos los editores Jan Martí y Alice Incontrada, cuya labor detectivesca de cotejo con viejas ediciones ha permitido detectar esas páginas inéditas, un buen número de las cuales se concentran en las entregas El rey Babar y Las vacaciones de Céfiro.

El hallazgo no deja de ser un capítulo más de la intensa vida editorial de Babar, cuya primera aventura, Historia de Babar, el elefantito, apareció en Francia en 1931 publicado por Éditions du Jardin des Modes. A pesar de su elevado precio por el gigantesco formato (unos 40 centímetros de alto), el éxito hizo que la siguieran El viaje de Babar (1932), El rey Babar (1933), Las vacaciones de Céfiro (1936), Babar y familia (1938) y Babar y el Papa Noel (1941). Desde el tercero, aparecieron en las librerías bajo el sello de Hachette. En un hecho tan insólito como emotivo, Laurent, el hijo mayor, con los años hizo suyo el personaje y la técnica y amplió las aventuras que escuchó de niño hasta la treintena.

La imagen del mono saludando que ha estado eliminada en Babar hasta ahora.

Babar entró en España por Cataluña a través del sello Aymà que, con traducción del exquisito poeta Carles Riba, empezó a publicar en 1953. Ahí ya faltan pasajes, quizá suprimidos por un tema de costes. En los años 70 sería Bruguera quien los editara, mientras que en la década de los 80 fueron Aliorna y Alfaguara las que tomaron el relevo y, en algún caso, sin publicar todos los títulos. La aparición en Hachette de formatos más reducidos de forma y contenido facilitó versiones abreviadas de los originales o su división en varios libros y hasta cierta promiscuidad entre las historias de Babar hechas por el padre y las del hijo.

El contenido de las historias originales también es, cuanto menos, curioso. En el fondo, Babar no es más que la manera que encuentra un padre muy joven, con apenas 32 años y que se siente moribundo, para estar cerca de sus hijos. Y lo que desea, por encima de todo, es darles consejos que les sirvan el día de mañana. Una concepción ordenada del mundo y de la familia siempre unida, quizá como la suya propia. De esa urgencia vital se desprende el ritmo de escritura y dibujo de casi una aventura al año entre 1931 y 1937, cuando falleció.

Algunos críticos consideran que Brunhoff transmitía ideas anticuadas e ingenuas, “pero enseñan autocontrol, la necesidad de ser conscientes de los actos de cada uno y que algunas elecciones son mejores que otras”, contrapone, sin embargo, el ilustrador y escritor infantil Maurice Sendak en el prólogo que acompaña a la edición de Blackie Books. También hay quienes creen que las historias son falsamente ingenuas y destacan sus innovaciones, como el uso, por vez primera en un libro infantil, de la letra redondilla que se empleaba en el avanzado método de las escuelas Montessori, los colores brillantes, las escenas a doble página y la utilización de sólo tres planos, como las estampas japonesas. Unos terceros critican el regusto colonial y el predominio de la civilización blanca en el relato.

El coautor de Babar Jean de Brunhoff.

De todo hay, ciertamente. En la primera entrega, Babar, que ha visto cómo su madre era abatida por unos cazadores (fragmento que falta en algunas ediciones, quizá por exceso de celo pedagógico en lo políticamente correcto), se siente fascinado por la civilización y recorre todo los tópicos de la cultura occidental de entonces, que deja el siglo XIX para gestar la sociedad de masas: va a unos grandes almacenes a comprarse ropa (camisa de cuello rígido, traje verde, bombín, zapatos con polainas…), se inmortaliza con una foto y, claro, hace gimnasia, mientras que por la noche asiste a tertulias. En El viaje de Babar, si bien desayuna felizmente en la cama junto a su esposa (con pijama y camisa de dormir, respectivamente) --y, para rehacer sus maltrechos nervios tras ser retenidos en un circo donde se les hace dormir en un establo y comer alfalfa, se van a esquiar unos días--, ridiculiza el hecho de la guerra ganando una batalla a los rinocerontes a través de pintarrajearse las nalgas.

Ya escogido monarca de los suyos por el solo hecho de venir de la ciudad “y haber aprendido muchas cosas de los hombres”, el elefante promueve en El rey Babar la creación de Ciudad Celeste, que la manada de súbditos construirá a cambio de auténticas chucherías como telas, vestidos, plumajes o raquetas de tenis, imagen con regusto a los intercambios que hacían los primeros exploradores de América y África con los nativos. Eso sí, cada elefante tiene un oficio (luego desfilan por gremios) y vive en una casa con su correspondiente palmera, todas bien alineadas y con el “Palacio del Trabajo” justo al lado del “Palacio de Fiestas”, escuela, biblioteca, talleres, puerto y zona de baños… Todo bien cartesiano, en un modelo urbanístico muy parecido al que proponía por esa época Le Corbusier.

Los problemas llevarán a Babar a tener una pesadilla donde la tristeza, la fatiga y el miedo le acechan, en una de las más bellas ilustraciones de las que restaban inéditas. Los malos pensamientos son expulsados por los grandes valores: paciencia, coraje, perseverancia… “En esta vida no os tenéis que desanimar nunca” o “Trabajad con alegría y siempre seréis felices”, son dos de las frases-moraleja con las que concluye la historia. Están en sintonía ideológica con la conclusión que se extrae de Las vacaciones de Céfiro, donde el consejo de la gente mayor es capital para resolver una trama en la que aparece la imagen del saludo fascista de un oficial mono a su general, tampoco nunca vista hasta ahora en España. O con la recomendación de pensarse muy mucho qué pedir antes de redactar la carta al papa Noel de la última aventura de Jean de Brunhoff, ingenioso episodio con un Santa Claus estresado que se relaja unos días en el africano pueblo de Babar antes de regresar a su casa-fábrica, que recuerda a la famosa 13 Rue del Percebe de Francisco Ibáñez.

La edición de Blackie Books incorpora imágenes del autor, de su familia y de algunos enseres personales, lo que permite rastrear inspiraciones de la vida real en los relatos, como dónde aparecen el perro o el caballo de madera de la familia. Para que fuera “más resistente y manejable para los niños”, dicen unos editores que recuerdan esos cuentos en su biblioteca infantil, la portada ha sido plastificada, así como el formato se ha dejado en 23 centímetros. La cierta espectacularidad que pierden entonces los dibujos en relación al original al reducirse fotográficamente queda compensada por una laboriosa remasterización de los mismos en la imprenta para recuperar tramas, por un lomo y un punto de lectura de tela y dos cubiertas diferentes para cada edición (catalán, 3.500 ejemplares; castellano, 6.000), en un afán de que el adulto tome el libro como una edición casi de coleccionista.

Sí reproducen prácticamente el formato genuino los álbumes que Nandibú, el sello infantil de Pagès Editors, está lanzando desde el pasado octubre, con la intención de poner en el mercado también las seis historias originales. La directora del sello es Alba Besora, hija de Ramon Besora, quien editó los Babar en los años 80 desde Aliorna. Los elefantes de Babar, que parecen pisar fuerte en el recuerdo de quien los trata, han vuelto con fuerza a las librerías. “¡Viva la felicidad!”, como reza la divisa de la bandera que porta uno de ellos en el desfile final de El rey Babar.

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