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Felipe VI reivindica la colaboración institucional por “el bien común”

El Rey y el president de la Generalitat coinciden por primera vez en la inauguración del Mobile en el Liceo

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El Rey Felipe VI reivindicó ayer ante el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, que el “camino” para garantizar la prosperidad pasa por que todas las Administraciones trabajen juntas por “el bien común”. Durante el discurso de la cena oficial de apertura del Mobile World Congress, en Barcelona, el monarca evitó aludir al conflicto independentista, pero puso el acento en que el evento de telefonía es un ejemplo de cómo debe funcionar el compromiso entre las instituciones.

El fuerte apretón de manos entre el Rey y Forcadell

Carme Forcadell acudió a la cena del Liceo con la intención, si se terciaba, de explicar a Felipe VI el proceso independentista de Cataluña. “Si tenemos ocasión, ¿por qué no? Cualquier momento y día es bueno para establecer un diálogo”, dijo el sábado la presidenta del Parlament para agregar que le gustaría hablar con el Rey para que tuviese “una opinión de primera mano” sobre la realidad catalana.

No se sabe si finalmente Forcadell logró conversar con el Monarca, pero en el saludo a las puertas del Liceo los dos se dieron un fuerte apretón de manos —hasta 11 veces— que contrastó con los gestos más protocolarios que tuvo el Rey con Puigdemont o Colau. Forcadell solicitó en enero una audiencia con Felipe VI para informarle de la investidura de Carles Puigdemont. La Casa del Rey rechazó la entrevista y, a través de un comunicado, informó de que bastaba con que informara del nombramiento por escrito.

Las instituciones catalanas encajaron el gesto del Rey como un desaire y, de hecho, Puigdemont no pidió la audiencia real rompiendo la tradición de recibir tras su nombramiento a los presidentes de las comunidades históricas. Los diputados de ERC consideraron la decisión de Felipe VI como una falta de respeto y rechazaron reunirse con él en las dos rondas de contactos que ha mantenido con los líderes políticos para la investidura. Forcadell quitó trascendencia al episodio al alegar que no es preceptivo que el Rey la reciba y que puede decidir cómo quiere que se le comunique una investidura.

Esta era la primera vez en que el Monarca y Puigdemont coincidían en un acto desde la investidura de este, el 10 de enero. Las relaciones entre las dos instituciones han sido desde entonces inexistentes y han atravesado uno de sus peores momentos desde que el Rey rehusó conceder una audiencia a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, que pretendía comunicarle el nombramiento de Puigdemont y la emplazó a hacerlo por escrito. Poco después, el president omitió aludir al Rey y a la Constitución cuando tomó posesión de su cargo.

En un discurso ante 160 comensales en la Sala Foyer, en el Gran Teatro del Liceo, entre los que figuraban los presidentes de Telefónica, Vodafone y del Banc Sabadell, Felipe VI no reivindicó los valores de la Constitución para contrarrestar el independentismo. En unas palabras dirigidas en inglés y castellano, el Rey dio la bienvenida a los asistentes a la cena de gala señalando que el Congreso de telefonía busca “aunar esfuerzos e inteligencias para promover la prosperidad de todos”, señalando que España apuesta por las nuevas tecnologías. “La celebración del congreso en Barcelona y su consideración como capital mundial del móvil es fruto desde hace años de la suma de esfuerzos y voluntades entre Administraciones —Ayuntamiento, Generalitat, Ministerio de Industria y la Fira— y su excelente colaboración con la GSMA [la organización de operadores y compañías de móviles]”, afirmó utilizando en este caso el catalán. “Este es el camino para garantizar la prosperidad de todos: trabajar juntos teniendo como objetivo el bien común. El Congreso y la capitalidad de Barcelona son buena prueba de esto último. Son un ejemplo de cómo el compromiso entre Administraciones impulsa el progreso colectivo y para las grandes cosas atiende mejor el interés de todos los ciudadanos”.

Felipe VI no lanzó ningún mensaje sobre la apuesta independentista como tampoco Puigdemont hizo la menor reivindicación secesionista. En una especie de tregua por parte de la Generalitat, el president, que hace días reprochó al Monarca su falta de “neutralidad” con el proceso independentista, solo mencionó que el congreso evidencia que Barcelona y Cataluña están una vez más en la vanguardia. “Somos un país más global y competitivo que basa su economía en la creatividad, el talento, el espíritu empresarial y la innovación y con un profundo convencimiento de la responsabilidad social”, señaló citando a Dalí y Gaudí como ejemplo de la creatividad de Cataluña y también a los hermanos Roca, haciendo un guiño que provocó la risa de los comensales al subrayar el origen gerundense de los restauradores. No olvidó, eso sí, hacer una metáfora entre líneas sobre las difíciles etapas que ha tenido que superar el Liceo a lo largo de su historia para defender que “no debemos resignarnos a la fatalidad ni al determinismo de no hay nada que hacer”.

La cita en el Liceo fue la primera en que el Rey coincide con los presidentes de las instituciones catalanas, decantadas abiertamente hacia el independentismo. No faltó tampoco Raül Romeva, consejero de Exteriores de la Generalitat, cuyas funciones han quedado suspendidas de forma cautelar por el Tribunal Constitucional. La cena de gala estuvo precedida por un aperitivo en el Salón de los Espejos, cerrado a la prensa. Ya en el salón del Foyer, el Rey presidió la mesa central junto a Puigdemont y el director general de GSMA, Mat Granryd. Enfrente, el ministro de Industria, José Manuel Soria, se situó junto a Ada Colau y Forcadell.

En un discurso en inglés, la alcaldesa aseguró que había trabajado hasta “el último momento” ofreciendo una “oferta razonable” a los sindicatos para evitar la huelga de metro convocada para este lunes y el miércoles. Tras elogiar el impacto económico del evento, Colau confío en que, pese a los “inconvenientes”, está sea la mejor edición del congreso. Mientras, en la Rambla se vivieron momentos de tensión entre urbanos y mossos por una manifestación en favor de los manteros para que no se desplazaran hacia el Liceo.