La dirección de Joy Eslava desmiente los rumores sobre la venta de la sala

Fuentes de la emblemática sala madrileña niegan que se convierta en una tienda de moda

Dice el tópico que las malas noticias vuelan. Y a juzgar por la rapidez con la que se había extendido, la información dada por un medio digital de que la discoteca Joy Eslava está a la venta para transformarla en una gran tienda de moda se considera una mala noticia. Hace unos minutos la dirección de la sala negaba a Europa Press que existieran operaciones dirigidas a la venta y reafirmaban “su proyecto sólido y con proyección de futuro”.

Durante la mañana, todas las fuentes consultadas expresaban su desconcierto. Desde la oficina del grupo Trapote, que pronto dejó de coger llamadas, hasta la agencia contratada para llevar la comunicación del aniversario de Joy Eslava. El 24 de febrero, la sala de fiestas de la calle Arenal, cumple 35 años de su actual encarnación. Fue abierta, tal y como la conocemos hoy por el empresario Pedro Trapote la noche siguiente al fallido golpe de estado del 23-F de 1981.

Tampoco entendían nada los encargados de la programación de conciertos, que aseguran tener contratadas fechas hasta 2017 y estar a punto de empezar obras para cambiar la iluminación y mejorar el sonido del recinto. “A la venta no está. Otra cosa es que venga alguien ofreciendo una cantidad que no se pueda rechazar. Pero, según eso, todo está a la venta”, decían extraoficialmente.

La situación de Joy Eslava, en la calle Arenal, una de las arterias comerciales del eje Gran vía, Sol y Ópera convierte este edificio de 1871, con 2000 metros cuadrados distribuidos en tres plantas, en un apetecible activo inmobiliario en la zona más golosa de Madrid.

Actualmente Joy Eslava es una de las mejores salas de conciertos de una ciudad que no anda precisamente sobrada de recintos de este tipo. Con un aforo de 1.200 espectadores y una programación estable es, junto a El Sol, una de las escasas supervivientes de una era, la que empezó en la Transición, en la que el centro de Madrid era más una zona de ocio y cultura que un gigantesco centro comercial.

La mayoría de las grandes marcas textiles tienen hoy sus tiendas principales (Flag stores, en el argot comercial) en el eje que rodea la Puerta del Sol. El último gran recién llegado ha sido Primark, que rompía a finales de 2015 la tendencia de abrir sus establecimientos en grandes superficies de las afueras para hacerse con el número 32 de Gran Vía. El enorme éxito de su apertura, con colas permanentes durante varias semanas, demuestra el tirón de la zona.

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