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El Muvim muestra el arte de la República en Valencia

La exposición abre una nueva etapa en el museo de la modernidad

El pasado jueves 11 de febrero el presidente de la Generalitat Ximo Puig inauguraba en el MUVIM una necesaria exposición denominada “La modernitat republicana a València”. Medir la necesidad de un evento cultural puede ser complicado, pero atendiendo a la cuantiosa afluencia de público a la presentación las dudas se disipan. El concierto del Cor de L'Eliana, dirigido por Nelo Juste- que abría el acto, con canciones populares pertenecientes a la época de la exposición y que daba paso posteriormente a la visita al museo estaba concurrido y con público grabando con su móvil como si fuese un concierto de Justin Bieber.

La muestra reúne material gráfico y escultórico referente a las vanguardias estéticas de la época de la Segunda República, con sus antecedentes inmediatos y su influencia posterior ya con la dictadura en el poder. No se limita, en cualquier caso, a una óptica de alabanza absoluta ni a las corrientes estéticas dominantes ni a la propaganda republicana en sí, sino que analiza los diferentes puntos de vista de la época, tanto políticos como estéticos. Se abarca el período 1928-1942 con una firme voluntad pedagógica y con un comprensible centro de gravedad valenciano.

La institución marca esta exposición como el primer paso de una nueva etapa: es la primera que organiza el nuevo equipo, con Rafael Company a la cabeza, y recoge material de hasta veinte museos y colecciones públicas y privadas. Hasta 280 piezas, con joyas del cartelismo valenciano, como Renau, Artur Ballester, Dubón o Raga, si bien hay material de otros artistas, dado el peso específico que tuvieron las artes gráficas valencianas, que atraían profesionales muy interesados por controlar el resultado final de su producción.

Además de los carteles e ilustraciones, piezas escultóricas de Boix, Pérez Contel o Ignacio Pinazo, además de cuantioso material adicional como fotografías, periódicos o bocetos. Decía Company al finalizar la inauguración que el museo había vuelto a la gente, y ahora solo faltaba “que la gente vuelva al museo”, pero a tenor de la numerosa asistencia, parece que la frase la tenía pensada de antes y no la quiso dejar pasar: su petición se había cumplido antes de haberla pronunciado.