El placer del teatro de siempre

'Infàmia', con Emma Vilarasau y Jordi Boixaderas, es un disfrute para lucimiento de una gran estrella, un enorme actor shakespeariano y una pareja joven con talento

Un buen autor puede conseguir cualquier cosa, incluso devolverle al espectador de oficio la inocencia. Recuperar la lejana sensación de dejarse llevar por una intriga sin fisuras y unos personajes que hasta la última escena mantienen vivo el misterio. Abandonar feliz toda resistencia para no romper el placer de las primeras veces; dejarse sorprender por un giro inesperado de la trama y ahogar una exclamación de incredulidad como sólo se oye en el cine cuando el zorruno guionista y el hábil director te dejan con un palmo de narices.

Infàmia de Pere Riera no revolucionará la dramaturgia catalana pero maldita la necesidad que tiene de ponerse a la cabeza del pelotón de los iconoclastas. Desde su conservadurismo ofrece un extraordinario momento de teatro bien hecho. Ahora este disfrute atemporal —como el que se siente con un novelón de Joyce Carol Oates— se encuentra en La Villarroel, pero es fácil imaginarla mañana mismo en una marquesina de Londres para lucimiento de una gran estrella, un enorme actor shakespeariano y una pareja joven con talento.

Infàmia

Texto y dirección: Pere Riera. Intérpretes: Emma Vilarasau, Jordi Boixaderas, Anna Moliner y Francesc Ferrer. La Villarroel, 27 de enero.

Una adaptación sin complicaciones. Nada más universal que cuatro profesionales de la escena cuestionando su vocación ante el público fisgón por el colosal desgaste personal que supone administrar las miserias del oficio entre triunfos, si estos llegan. Y hacerlo con Ofelia como personaje central, y Hamlet, Getrudis y Claudio como secundarios. Un texto sobre el efecto corrosivo de la inseguridad aleada con la vanidad, sobre dos maneras antagónicas de entender la interpretación (Gielgud versus Brando), sobre técnicas manipuladoras, sobre la tenue frontera entre ficción y realidad. Todo en manos de un cuarteto de personajes que por sí solos parecen tener vida más allá del tiempo fijado por el autor en esta comedia dramática.

La formidable Emma Vilarasau —ahora sí espléndida— se erige de entrada en el puntal de la trama como auto-retirada diva armada con frases-punzón (entre Bette Davis y Greta Garbo), reinventándose como maestra de una actriz más joven (Anna Moliner) que se somete a sus crueles lecciones para superar una prueba en compañía de otro actor (Francesc Ferrer).

Pero el aire de vitriólica master-class se esfuma con la entrada en escena de Jordi Boixaderas. Él aporta una inquietante motivación oculta que irá adquiriendo protagonismo y que trastocará el rol que ejerce la pareja joven en este juego dramático. Boixaderas es pura taimada ocultación, como Moliner representa el afán de permanencia como actriz, aunque tenga que ofrecer más de una docena de variaciones sobre el personaje de Ofelia. Un admirable tour de force interpretativo. Ferrer asume el difícil papel del actor consciente de no poseer un don innato. Lo suyo es otro tipo de supervivencia.