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La química pierde la fórmula

Los anuncios de cierre efectuados recientemente por Ercros y Covestro destapan la debilidad de la industria de Tarragona, que genera hasta 30.000 puestos de trabajo

El alcalde de Tarragona pronunció el pasado jueves su conferencia anual sobre el estado de la ciudad. El discurso de Josep Fèlix Ballesteros, recientemente investigado por presunta prevaricación, generaba no poca expectación. En la sala de actos estaban los directivos de las principales empresas químicas que operan en el clúster petroquímico tarraconense. Tenían reservadas butacas en un lugar preeminente, por delante incluso de los concejales del gobierno, de toda la oposición y de los alcaldes de las ciudades que serán sede de los Juegos del Mediterráneo 2017.

Esa cuidada escenificación pone de relieve el peso del sector químico en Tarragona. Repartidas en 1.200 hectáreas de polígono, más de 30 empresas producen 21 millones de toneladas de materias químicas anualmente. Esas compañías generan unos 10.000 puestos de trabajo directos y hasta 30.000 si se cuentan los inducidos. La Asociación Empresarial Química de Tarragona (Aeqt) calcula un impacto anual de 600 millones de euros en concepto de salarios, mientras que la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique) señala Tarragona como “el polo químico más importante de España y del sur de Europa”.

En este contexto, cada vez que la industria química estornuda, se disparan las alarmas. Más aun cuando dos de las más potentes compañías que operan en la zona avisan de que tienen los días contados. Los recientes anuncios de cierre efectuados por Ercros y Covestro, filial de la multinacional alemana Bayer, ha generado inquietud por las consecuencias directas que tiene en cuanto a pérdida de puestos de trabajo. Se calculan en torno a 300 las bajas que se producirán en las plantas de Flix, Vila-seca y la Canonja pero, más allá de los efectos inmediatos, también preocupan los síntomas de flaqueza que refleja el negocio. “La razón del cese planeado tiene que ver con unos costes de producción que no resultan competitivos”, manifiesta Covestro para argumentar su marcha.

En un entorno donde la cautela es una máxima inquebrantable, directivos del sector que piden no ser citados afirman que existe un peligro de “efecto dominó” cuando una planta química echa el cierre. Ercros, de hecho, justifica en la futura fuga de Covestro su decisión de abandonar la planta de Flix y la reducción de actividad del centro de trabajo que tiene en Vila-seca. Según Ercros, Covestro es un cliente estratégico para conservar su actividad en Tarragona.

Las fábricas químicas trabajan articuladas en torno a un sistema de compartición de servicios y productos, por lo que, cuando un eslabón de la cadena falla, toda la transmisión se resiente. “Esto es como una comunidad de vecinos. Si los del ático se van, la luz de la escalera y el mantenimiento del ascensor hay que pagarlo igual entre los que se quedan”, señala un alto cargo de una de las industrias punteras del polígono.

La industria reclama un plan para mejorar la competitividad

“Ojalá tuviera una bola de cristal para saber lo que va a pasar” manifiesta Teresa Pallarès, directora general de la Asociación Empresarial Química de Tarragona (Aeqt). “Sabemos que hay empresas que están muy relacionadas entre sí. En este contexto, lo que tienen de bueno las sinergias cuando las cosas van bien, también lo tenemos de problemático cuando alguna pieza falla”, reconoce Pallarès.

Admite que “sería irreal decir que no estamos preocupados” pero advierte que la actividad del sector químico conserva buena salud. “El 12,5% del PIB industrial español deriva del sector químico, y Tarragona representa un 25% de ese peso. Tan mal no estamos”, añade.

La directora general de la Aeqt, que antes fue subdelegada del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en Tarragona, arroja la pelota al tejado de la Administración y reclama “un plan industrial eficaz” que ayude a mejorar la competitividad del tejido industrial.

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