Un Mozart rayando la perfección

Las obras del compositor austriaco ofrecida por Gardiner en el Auditori rayó en la perfección

Sir John Eliot Gardiner, una leyenda en la interpretación del repertorio barroco y clásico, al frente del Monteverdi Choir y los English Baroque Soloists, dos conjuntos de referencia creados por él, pasaron por el Auditori en la única parada española en la "Gira Mozart" que están llevando a cabo desde principios de año por diversos escenarios europeos.

El programa era mayúsculo, imponente, un reto: la Gran Misa en Do menor K.427 y, en la primera parte, la Sinfonía num. 41 K.551 "Júpiter" (que sustituyó a última hora a la Sinfonía núm. 40 K.550 inicialmente anunciada).

Equiparable en calidad, belleza y grandeza al célebre Requiem, la Gran Misa en Do menor ocupa, junto a éste, la cima de la producción religiosa de Mozart.

El problema de las obras musicales que, como ésta, se sitúan en el restringido universo de lo absolutamente perfecto, radica en que exigen interpretaciones perfectas pues ponen en lamentable evidencia cualquier acercamiento que no sea también de primerísimo nivel.

Afortunadamente el Monteverdi Choir los English Baroque Soloists y el mismo Sir John Eliot Gardiner son preciosos y raros instrumentos que aúnan la precisión con la flexibilidad; la exactitud y el rigor estilístico con una intensa expresividad; el equilibrio con la fuerza.

JOHN ELIOT GARDINER

The English Baroque Soloists. The Monteverdi Choir. Amanda Forsythe, soprano. Hannah Morrison, soprano. Gareth Treseder, tenor. Alex Ashworth, barítono. Obras de Mozart. Temporada de Música Antigua. Auditori. Sala Pau Casals. Barcelona, 24 de enero.

Enfrentado a unos contrapuntos densos, a pasajes con escritura a ocho partes, el Monteverdi Choir sonó como el mejor coro del mundo. Los solistas vocales, entre los que cabe destacar muy especialmente la norteamericana Amanda Forsythe que asumió el papel de primera soprano, una parte de lucimiento que Mozart compuso para que la interpretara su esposa Constance, sonaron perfectamente equilibrados con el coro. La orquesta, que en la primera parte ya había acreditado su valía en la interpretación de la Sinfonía "Júpiter" ofreció un acompañamiento ejemplar.

El Mozart ofrecido por Gardiner rayó en la perfección. El cielo se alcanzó en la propina, al final del concierto: el Ave Verum Corpus K.618, el Mozart más excelso y santo, una ventana de apenas tres minutos abierta desde la tierra sobre lo que podría ser el paraíso.