“Las obras de El Greco y de Goya no son de mi madre”

Una nueva argucia legal bloquea la entrega de dos de las mejores obras que Muñoz Ramonet dejó en herencia a Barcelona en 1991

Nada es fácil en la larga lucha por la herencia que Julio Muñoz Ramonet dejó a la ciudad de Barcelona en 1991: Su vivienda con todo el interior, sobre todo, la colección de obras de arte, con casi un millar de excepcionales obras. Cuando parecía que dos de las pinturas más importantes de este conjunto, valoradas en unos siete millones de euros, estaban a punto de recuperarse, una nueva argucia legal de los herederos del industrial pospone, sine die, su entrega. En efecto, cuando el pasado noviembre un juzgado de Barcelona exigió que La Anunciación, de El Greco y La aparición de la Virgen del Pilar, de Goya, tenían que estar en manos del Ayuntamiento en un mes, y en caso contrario, imponía multas de más de 2.000 euros semanales, se tenía la esperanza de que al final del año las obras ya estarían en Barcelona. Nada más lejos de la realidad.

Primero fue una petición de aplazamiento hasta el 31 de enero. Luego, Manuel Castelo, hijo de la fotógrafa Isabel Muñoz y de Jesús Castelo, presentó en un juzgado de Madrid el 30 de diciembre una demanda de acción reivindicatoria alegando que los cuadros no podían entregarse porque no eran de su madre y sus tres hermanas, sino de él y de sus hijos, ya que los habían heredado de su padre que los tenía desde los años ochenta. El plan estaba claro, si eran de Jesús Castelo y los dejó en herencia a su hijo cuando falleció en 2010, no podían formar parte del legado del industrial barcelonés.

Un pleito de más de 20 años

El pleito por legado artístico entre las hijas de Muñoz Ramonet y el Ayuntamiento comenzó en 1995, cuatro años después de la muerte del industrial en Suiza. Fue entonces cuando el Ayuntamiento se enteró de su herencia, ya que las hijas lo habían ocultado y lo había impugnado. Tras más de dos décadas de litigios el Ayuntamiento tomó posesión del palacete en julio de 2013 y al entrar descubrió lo que ya se imaginaba: que habían desaparecido las grandes obras y solo quedaban otras de menor valor. Tras un inventario se determinó que habían desaparecido 853 objetos y obras de arte.

“Es una estrategia más de las que se han realizado a lo largo de estos años, con la intención de alargarlo de forma indefinida”, asegura Eudald Vendrell, abogado de la Fundación Julio Muñoz Ramonet, organismo creado en 1995 por el Ayuntamiento para luchar por la herencia. Tras presentar la demanda, el juzgado de Barcelona ha suspendido la ejecución de la sentencia —y de las multas por no entregar los cuadros— hasta que la demanda se solucione. Una decisión que el Ayuntamiento barcelonés ha recurrido. “Siempre eran las hermanas las que recurrían al juez, ahora lo hemos hecho nosotros por primera vez”, explica Vendrell, que además ha pedido que la demanda se traslade a Barcelona, para que el asunto se trate por un juez que conozca el tema más de cerca y con profundidad.

No es la primera vez que Manuel Castelo enmaraña con sus acciones la acción de la justicia, pese a que las tres sentencias que dan la razón a Barcelona incluyen en el legado las dos obras. Cuando el juzgado de Barcelona reclamó la colección de pinturas al ejecutar la sentencia del Supremo de marzo de 2012 se encontró con que la familia pleiteaba por la titularidad de las pinturas: Culturarte había denunciado en Alcobendas a Manuel Castelo que aseguraba que le pertenecían al haberlas heredado de su padre que mantenía que se las había comprado en 1984 a su suegro a cambio de un préstamo que le había hecho para realizar una importante operación de compraventa de petróleo. Las obras fueron recuperadas en 2011 por la Guardia Civil en un domicilio de Jesús Castelo, como consecuencia de una denuncia de Isabel Muñoz en el año 2000 contra su marido acusándolo de robarlas del domicilio conyugal.

En mayo de 2014, Manuel Castelo dijo en un juzgado que las obras eran de él desde enero de 1991 —meses antes de fallecer Julio Muñoz—, después de donárselas su madre, al cumplir él la mayoría de edad. El juez destacó entonces que se habían defendido hasta cinco tesis distintas durante el pleito: que las obras eran de Culturarte; de Jesús Castelo por compraventa y luego por préstamo; de Manuel Castelo, como donatorio o como heredero.

También recordaba que la Audiencia Provincial en 2009 dejó claro que en vida de Muñoz Ramonet no salió “ningún cuadro de los palacios de Barcelona ni se aprobó ninguna venta”, por lo que estos dos cuadros forman parte del legado que pertenece por testamento a Barcelona. Vendrell cree que el nuevo giro del asunto puede alargar “un año o más” la devolución de greco y del goya.

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