Las aves no paran en Velilla de San Antonio

Los ecologistas denuncian que los patos y otras especies acuáticas abandonan los humedales porque el agua no se renueva y piden un plan de recuperación

El paisaje es espectacular. Los humedales, situados a escasos metros del núcleo urbano de Velilla de San Antonio, en pleno parque regional del sureste, se suceden rodeados de carrizo y vegetación. A su lado discurre el río Jarama. Pero faltan las aves acuáticas que hace unos años abundaban en la laguna de El Raso, el Picón de los Conejos, el Soto o Miralrío.

“En esta época, se podían observar cientos de patos, era un paraje muy apreciado por los ornitólogos”, explica Antonio Martínez, vecino del pueblo y miembro del grupo conservacionista Jarama Vivo-Ecologistas en Acción.

En su opinión, los animales han abandonado el entorno debido a que la lámina de agua de las lagunas, de origen artificial, no se renueva. Son antiguas graveras que se han llenado debido a que el nivel freático está muy próximo a la cota de terreno por la proximidad del Jarama.

“Las lagunas presentan un estado de degradación evidente, con eutrofización [exceso de fitoplancton, que acaba consumiendo el oxígeno disuelto en el agua], malos olores y mortandad periódica de peces”, enumera.

Las graveras que se convirtieron en lagos

Los humedales constituyen uno de los grandes valores ambientales del Parque Regional del Sureste, aunque la mayor parte son artificiales. De los 123 que existen, con una superficie total de 400 hectáreas, solo el 6,5% son naturales.

El resto nació de la extracción de áridos, que se inició a mediados de la década de los setenta en el tramo bajo del Jarama. Llegó un momento en el que las máquinas excavadoras alcanzaron el nivel freático, muy próximo debido a la cercanía del río. El agua comenzó a manar y a llenar los huecos.

El aporte de agua actual a las lagunas de Velilla de San Antonio es muy lento, por permeabilidad, filtrándose a través de los materiales (grava, arenas, etcétera) que se encuentran en el río y la laguna, explica la Comunidad de Madrid en un documento sobre la zona.

Además, la composición de este agua se ve afectada por el aporte de sales que proceden de los cantiles y por las filtraciones de compuestos químicos agrícolas.

Los censos anuales que elabora la ONG de ornitología SEO/BirdLife le dan la razón, aunque este año se ha detectado algún ejemplar más: 65 frente a las 25 aves de la temporada anterior.

En 2014, fueron 100; y en 2011, 819. Los gráficos de la asociación muestran grandes fluctuaciones en los conteos a lo largo de los años. Por ejemplo, en 2007 se registraron 2.632.

“La llegada de especies depende de las condiciones de los humedales de España, de cómo se haya desarrollado la reproducción, y del estado de sus lugares de cría”, explica Blas Molina, del área de seguimiento de aves de SEO/BirdLife. Con el cambio climático, cada vez viajan menos.

A pesar de estas oscilaciones, el especialista aclara que en los humedales de Velilla deberían descubrirse más ejemplares de especies como la focha (seis este año), el pato cuchara (ninguno este año y solo uno en 2015), el ánade azulón (sin detectar desde 2011) y el porrón común (tres años desaparecido).

El grupo Jarama Vivo ha enviado a la consejería regional de Medio Ambiente una propuesta de regeneración del entorno, que forma parte del catálogo de embalses y humedales de la región.

Se trata de un circuito que captaría un pequeño caudal desde el río Jarama y desde El Raso, la única laguna que recibe un aporte natural y, en verano, el sobrante del riego agrícola. De esos dos puntos, el agua pasaría al resto de los humedales, regenerándolos, y volvería después al Jarama.

El plan, aseguran los conservacionistas, es económicamente sostenible y es similar al que Medio Ambienet aplicó en la laguna de Las Islillas, en Mejorada del Campo. “En ese caso, la solución fue efectiva para frenar la eutrofización”, asegura Martínez.

La laguna de El Raso, de nueve hectáreas y de propiedad municipal, es la que se encuentra en mejor estado, comenta Martínez. A lo lejos se divisa una garza real, unos cuantos cormoranes y un grupo de unas 10 gaviotas, además de algún pez muerto flotando panza arriba en las orillas.

Los humedales sufren mortandades de peces de vez en cuando. El último suceso de este tipo, no muy grave, ocurrió el pasado 8 de enero. Los peces se han trasladado al Centro de Recuperación de Animales Salvajes de la Comunidad de Madrid para analizarlos. El Seprona también ha recogido muestras. Entre los peces había siluros, una especie invasora que pone en peligro a la fauna local. La consejería de Medio Ambiente afirma que “desconoce como ha llegado a esas aguas”. Desde SEO/BirdLife se advierte de que los siluros pueden alcanzar un tamaño muy importante e incluso comer aves acuáticas.

Fuentes de Medio Ambiente aclaran que el alto contenido en materia orgánica y nutrientes que da lugar a la degradación del agua “puede deberse a un proceso natural, en cuyo caso la evolución de la misma se acomodará al hábitat propio de estas características”. Aún así están comprobando si puede deberse a algún tipo de contaminación externa.

La alcaldesa de Velilla de San Antonio, Antonia Alcázar (PSOE), recuerda que está supeditada a la Comunidad de Madrid (PP), y considera que la única forma de cuidar las lagunas es la elaboración de un plan director.

Más información