Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

Cuando los ciegos veían

Chistes, chascarrillos y bromas de los romanceros protagonistas en el festival Tradicionàrius

Los ciegos no han visto siempre igual. Hoy en día ven poco, y aunque forman parte de la sociedad no tienen el papel de informadores, periodistas, casi casi, que tenían antaño. Porque en las sociedades rurales ellos se ocupaban de transmitir en forma de romance todo aquello que acontecía en su ámbito de relación, llevando de aquí a allá los dimes y diretes de la sociedad. Eran, pues, ciegos que casi veían y que de esta manera se ganaban la vida cuando aún no se había inventado el cupón y, mucho menos, se creía necesario considerarlos como parte de la sociedad en pie de igualdad.

Y de aquellos tiempos y de aquella función social se hizo reflejo el concierto en el que Pep Gimeno "Botifarra", Hilari Alonso, Xavier de Bétera y Maiet Cirerer ofrecieron ante un público, no sólo entrado en años, que llenó el CAT. Estos cuatro levantinos, apegados a una tradición oral de cantes tradicionales que nos hablan de un mundo que no ha muerto completamente, orquestaron un entretenidísimo espectáculo en el que cabían romances, chistes, chascarrillos y bromas regadas por el poso de la sabiduría popular, ese poso destilado tras siglos de convivencia que siempre busca el camino más corto entre dos puntos, a menudo la palabra gruesa y siempre el canto al alcohol, en esta caso la cazalla. Amantes de la corrección política abstenerse.

Lo sustancial de un concierto en el que los cuatro romanceros tuvieron apoyo instrumental (laúd, guitarra, bajo, teclado y batería) es que esa tradición no es pertenece a la historia fosilizada, ya que en el disco que recoge estos cantos, Home romancer, materia del concierto del viernes, tiene con el mismo patrón composiciones nuevas en las que por ejemplo no escapa al ojo de la tradición el "facebook", con letras como "arriba el facebook/ ja l'hem cagat/ tot el que faces/ s'enteraran", de igual manera que el pasado reciente, el franquismo, también fue recuperado por medio de un romance de texto impagable titulado Quan jo era xicotet. En suma, música de variado patrón, cada romance tenía un tratamiento rítmico diferente, pero que nos muestra que en realidad no somos tan diferentes de quienes nos han precedido. La música es un espejo en el que mirarnos. El festival Tradicionàrius, en el que estaba incluida esta actuación, nos lo ha vuelto a patentar