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El ‘president’, un periodista metido en política

Puigdemont es el diputado catalán más veterano en Twitter. Casado dos veces con Marcela Topor, en Roses y en Rumanía, sus dos hijas estudian en la escuela pública

“El trabajo de periodista me ayuda mucho. Me autoimpone una mirada más panorámica y un punto de aceptación de la verdad que tiene el otro [...] Ese punto de vista [del otro] a veces te obliga a modificar tu visión”, dijo el recién estrenado presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, casi un absoluto desconocido fuera de Girona, en la primera entrevista que concedió el jueves en TV3. Puigdemont es por encima de todo dos cosas: periodista y político. Su entorno insiste en que son, de siempre, sus grandes obsesiones, que le llevaron de muy joven a trabajar en el diario por excelencia en Girona, El Punt Diari,donde ejerció de redactor jefe. También, casi a la vez, fundaba las juventudes de CDC en la provincia. “Un periodista más de análisis que de calle”, aseguran personas con las que trabajó.

Ahora, más de 30 años después, es el primer presidente de la Generalitat periodista, una condición que asegura que le sirve como politico para mejorar sus capacidades de negociación. “Aunque muchas veces dice que sí, pero hace lo que él considera”, matizan personas de su entorno profesional. En su etapa como alcalde de Girona, ha pactado a izquierda (CUP) y a derecha (PP).

Nacido en Amer, un pueblo del interior de Girona de poco más de 2.000 habitantes, el segundo de ocho hermanos de una familia católica, Puigdemont estudió en un internado. Logró su primer contrato en una redacción en 1981 como corrector y de ahí dio el salto al periodismo. En 1983 sufrió un grave accidente de tráfico que le dejó una cicatriz en la cara, que en ocasiones se tapa con el pelo. En 1993, cogió una excedencia para recorrer Europa, y en esa época escribió su primer y único libro Cat... què?, sobre la visión de Cataluña en el extranjero.

Definido como una persona “inquieta, curiosa, con grandes historias en la cabeza”, hay quien le critica por ser poco constante con sus proyectos. Al regresar a Girona, permaneció un tiempo más en el diario. “Ya entonces nos hablaba de las autopistas de la información, pensábamos que estaba como una cabra”, cuenta uno de sus antiguos compañeros. A él se le atribuye el mérito de lograr que el Parlament enviase las convocatorias y la agenda a través de correo electrónico, en lugar de por fax, lo que enfadó a algunos redactores apegados al papel.

También fue una de las primeras personas en pensar en el periodista multimedia. Un modelo que estrenó la Agencia Catalana de Noticias (ACN), que él fundó. Entonces, en 1999, los redactores trabajaban con portátiles y hacían fotografías. Es el diputado catalán más veterano en Twitter y desde 2006 tiene un blog personal que cada vez nutre menos. Puigdemont avisó de que no quiere dejar las redes por ser presidente, aunque deberá usar un tono distinto, dijo.

En 1998, conoció a la rumana Marcela Topor, la que hoy es madre de sus dos hijas, de 8 y 6 años. Ella tenía 22 años cuando viajó al festival internacional de teatro amateur FITAG que organizaba la Casa de Cultura de Girona, de la que Puigdemont era asesor (en 2002 llegó a dirigirla). Mantuvieron una relación a distancia, hasta que finalmente Topor se mudó a Girona. La pareja se casó en Roses, en el Alt Empordà, en junio de 2000, en una ceremonia civil que ofició el entonces alcalde de la ciudad, Carles Páramo (CiU). Poco después, acompañados por parte de la familia del president y por amigos, viajaron al pueblo de Topor, y se casaron allí por el rito ortodoxo.

La primera dama, de 39 años, es licenciada en filología inglesa y francesa en Bucarest. En la actualidad trabaja como periodista en el Catalonia Today, otro de los proyectos que fundó Puigdemont. Las dos hijas de la pareja estudian en un colegio público.

En la entrevista, Puigdemont dejó claro que no ha llegado a la presidencia para quedarse. Ejercerá de president 18 meses. Después, se verá.