Artur Mas se resiste a dejar la primera línea política

Puigdemont busca acomodo para su predecesor como 'embajador' del proceso soberanista

La súbita retirada de Artur Mas como presidente de la Generalitat ha obligado a su sucesor, Carles Puigdemont, y a su partido, Convergència Democràtica, a buscar un acomodo para quien, desde hoy, pasará a engrosar la lista de expresidentes. Mas ha insistido en que abandona la presidencia, pero no la política. Ahora, el Gobierno le diseña un escaparate que le permita proyectar el proceso independentista fuera de España sin descuidar su proyecto de refundación de Convergència.

El equilibrio no será fácil, según admiten fuentes de la dirección de Convergència. “No veo a Artur Mas abriendo un despacho de expresidente y apartándose de la primera línea”, explica un dirigente de la formación nacionalista. Mas todavía no ha compartido con la cúpula del partido a qué quiere dedicarse exactamente a partir de ahora, pero tanto Puigdemont como el cabeza de lista de Junts pel Sí, Raül Romeva, han dado las primeras pistas.

Romeva aseguró ayer que el nuevo Gobierno catalán “aprovechará” a fondo el potencial que, según él, tiene Artur Mas dentro del proceso soberanista catalán. En una entrevista este lunes en Catalunya Ràdio, Romeva señaló que como expresidente “tiene un estatus que hay que saber gestionar y aprovechar”, aunque precisó que todavía se debe decidir con qué formato.

Puigdemont ha sido más explícito los últimos días al señalar que quiere aprovechar la experiencia de Mas en el ámbito internacional. Pese a que desde que comenzó el proceso soberanista son muy pocos los jefes de Gobierno que han accedido a entrevistarse con el líder nacionalista catalán, Mas mantiene contactos regulares con embajadores y exhibe un buen dominio de lengua inglesa y francesa. Además, a ojos de la prensa internacional ha liderado casi en solitario la vía independentista. De ahí que no quieran desaprovechar esta oportunidad.

El problema para Puigdemont puede llegar a la hora de limitar el intervencionismo de Mas sobre el día a día del Gobierno, sobre todo teniendo en cuenta que el hasta hoy presidente tiene la intención de seguir liderando Convergència y hasta baraja volver a presentarse a las elecciones en 18 meses.

La oposición ya echó en cara a Puigdemont, durante el debate de investidura, sus dudas sobre la autonomía real que tendrá el nuevo president. Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos, llegó a asegurar que, en realidad, “el Parlamento está invistiendo a Mas”.

Despacho de expresidente

El equipo de Mas quiso dar ayer una imagen de retirada, al menos temporal, distribuyendo en las redes sociales una insólita imagen del todavía presidente empaquetando sus enseres personales en su despacho del palacio de la Generalitat. En el partido todavía no saben dónde trabajará a partir de ahora más allá del despacho que siempre ha tenido en la sede de Convergència y que, por otra parte, cambiará en breve cuando la formación traslade sus instalaciones a un nuevo edificio.

Lo que está claro es que Mas no tendrá un despacho de expresidente, según aseguran fuentes de su entorno. Eso no significa que necesariamente renuncie a prerrogativas a las que tiene derecho, como un servicio de secretaría, comunicación y seguridad personal.

Mas solo ha garantizado que no aceptará ningún cargo dentro del nuevo Ejecutivo sin aclarar si dejará el acta de diputado. Ello no formó parte de las negociaciones de última hora con la CUP, que se limitaron a dejar claro que Mas ya no sería presidente de la Generalitat.

El papel que Mas sí se ha reservado explícitamente es el de liderar la refundación de Convergència. Los escándalos que salpican al partido, comenzando por el de su fundador, Jordi Pujol, obligarán a esta formación incluso a cambiar de nombre.

De hecho, uno de los principales motivos que explican la renuncia de Mas es que, las malas expectativas electorales de Convergència desaconsejaban ir a unos nuevos comicios. Ello se vio especialmente el pasado 20 de diciembre, cuando Convergència quedó en cuarta posición en Cataluña, por detrás de la confluencia catalana de Podemos, Esquerra Republicana y los socialistas. La necesidad de evitar otras elecciones se acentuó cuando Esquerra Republicana mostró absoluto desinterés la semana pasada en repetir la coalición electoral Junts pel Sí.

Sin socios, sin un partido renovado tras los casos de corrupción y con una popularidad ascendente de la vía del referéndum que propugna Podemos, Convergència no quería repetir las elecciones. Mas cree tener la llave para volver a poner en forma a Convergència. Tiene 18 meses para hacerlo.