ANÁLISIS

A la espera del milagro

El miedo a ser señalado hace que ningún líder independentista quiera salir a anunciar el fracaso definitivo de las negociaciones

Por más que Oriol Junqueras, Artur Mas y las entidades soberanistas se empeñen en negarlo ya solo un milagro puede evitar unas nuevas elecciones en Cataluña. Desde hace una semana los diferentes actores del procésse han instalado en sus respectivas zonas de confort esperando que sea el rival quien resbale, y aparezca como culpable de todo el estropicio. Y todo es todo: desde la irrealidad de la media docena de hojas de ruta que han circulado el último año y medio para romper con España hasta una declaración independentista que ni sus impulsores se creen, pasando por el exótico intento de montar un gobierno de coalición cuando ya se están poniendo las urnas.

Como en un quirófano con un cadáver VIP encima de la mesa de operaciones, ninguno de los responsables de la intervención quiere salir a dar la mala noticia a la apesadumbrada familia independentista. Quien lo haga será señalado el resto de sus días.

Si algo quedó claro en la entrevista que TV-3 brindó a Artur Mas la noche del jueves es que el presidente no está por asumir errores. Las precampañas electorales nunca han sido un buen momento para hacerlo. Y Mas ya está en campaña aunque lo niegue.

Unas nuevas elecciones permitirán a Convergència rectificar el tiro, flexibilizar el plan independentista sin renunciar a la secesión y modular los ritmos de la ruptura en función del apoyo que logren en las urnas. Esquerra tendrá la oportunidad de ver si está en disposición de ganar a sus eternos rivales con un programa que apostará por la independencia por la vía directa. Y la CUP pondrá a prueba su capacidad de resistencia sin tener a su favor las tribunas mediáticas que Convergència le cedió el 27-S y que ahora verá cerradas a cal y canto.

Unas elecciones darán la capacidad de rectificar. Lo que no está tan claro que se pueda borrar es el ridículo que los soberanistas transmiten estos días en sus reuniones furtivas y sus correrías para lograr un acuerdo ya no para un plan de gobierno, ni para la estabilidad parlamentaria, sino solo para una votación de investidura. De lograr ser investido, el nuevo presidente no tendría ninguna garantía de poder hacer nada.

Junqueras retuiteó ayer el último vídeo del Papa youtuber con un mensaje en el que pide generosidad de todos para avanzar. La generosidad será necesaria; un milagro, quizás también. Lo más urgente, sin embargo, será recuperar el sentido del ridículo.