Mas y el portazo

El alma urbana de la CUP se impone a la rural

El alma urbana de la CUP se impuso a la rural. Los votos de Barcelona, Baix Llobregat y Vallès Occidental, las áreas duras de la crisis en Cataluña, se pronunciaron mayoritariamente en contra de la investidura de Artur Mas en sus respectivas asambleas territoriales. A ellas se sumó el sector más izquierdista de la formación. Quien más ha sufrido el peso de la crisis se ha rebelado —como sucede con cualquier electorado europeo— ante la eventualidad de que el líder que durante los últimos años ha multiplicado los recortes en sanidad, educación y servicios sociales, el gran apologeta de la doctrina business-friendly,encabezara el movimiento hacia esa máxima expresión de la justicia social que, según sus valedores, pretende ser la independencia. La bandera, en este caso, no ha tapado lo que escondía debajo.

La gran paradoja del movimiento soberanista mayoritario, el que capitalizan Convergència y Esquerra, ha sido presentar el proceso independentista como obra coral pero, al tiempo, empecinarse en defender la singularidad insustituible del liderazgo de Artur Mas. La CUP rechazó ayer por escaso margen esa desproporcionada tesis y, al tiempo, finiquitó la fórmula de Junts pel Sí. La coalición entre Esquerra y Convergència será difícilmente repetible. Los republicanos de Oriol Junqueras están deseosos de hegemonizar un movimiento soberanista... que ha visto este fin de semana pulverizada su hoja de ruta hacia la independencia unilateral.

Esquerra quiere probar fortuna y desembarazarse (sin costes) del pasado de corrupción y recortes que encarna Convergència. Cambia todo el escenario político, habrá relevo de protagonistas y partidos si los republicanos no vuelven a incurrir en los errores del pasado y a ceder la primogenitura del movimiento al pujolismo.

En el camino hacia la decisión de ayer de la CUP, la Asamblea Nacional Catalana ha perdido del todo la inocencia neutralista, tras haber dejado no pocos jirones por su apoyo a Mas. Cambiarán muchas cosas, pero el voto independentista —eso debe tenerlo claro el conjunto de España— ha llegado para quedarse, no es una realidad a obviar, al menos si todos hacen de don Tancredo.

¿Y Mas? El final previsto por el líder de CDC, la conducción del pueblo elegido hacia la independencia, no va ser. El presidente en funciones de la Generalitat tendrá semanas para reflexionar sobre si se presenta o no, pero CDC o el nuevo partido refundado —para olvidar el embargo de 15 sedes, el caso 3% o el caso Palau— lo tendrá difícil. Mucho más que tras las elecciones del 27-S.