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Los perros de Miguelito

Romeu publica una personal, divertida y documentada historia gráfica de los canes

Los antiguos egipcios iniciaron la selección artificial de perros y castigaban severamente su muerte; la ciudad de Corinto les rendía culto por haberla salvado, a ladridos, de una invasión; diversas fuentes escandinavas mencionan un “rey perro”, Saurr, que habría reinado sobre los noruegos antes de ser abatido por un lobo; Carlomagno decretó la creación de jaurías para combatir a las alimañas; en 1860, un skye terrier, Bobby, murió a los 16 años sobre la tumba de su amo que había guardado durante 14; Jane Birkin llevaba siempre un mechero para quemar los efluvios de Betty, su bouledogue (bulldog francés, notables por su pedorrea) —odeur, moi non plus—…

Son algunos de los datos que, acompañados de sus simpatiquísimos dibujos, brinda el dibujante Romeu en las viñetas de su nuevo libro, Yo, perro (Astiberri), una personal, documentadísima y muy divertida historia gráfica de los canes que aporta también una dibujada enciclopedia de razas y numerosas informaciones sobre crianza y adiestramiento. “Solo me sacan en películas de nazis y yo no soy así”, deplora un doberman en el diván de un psiquiatra, mientras que un bloodhound advierte: “Me gusta dar besos húmedos”. "Todos los perros son buenos, sí, pero todos tienen sus cosas, pegas que, paradójicamente forman parte de su encanto y su personalidad”, señala Carlos Romeu (Barcelona, 1947). Romeu no anda muy fino. Le acaban de trasplantar un riñón y se ha pasado la primera parte de las fiestas en el Clínic. Pero hablar de perros le anima un montón. “Se nota que me gustan, ¿eh? Son cojonudos, pero cada uno a su manera. He invertido tres años en el libro sobre ellos, documentándome mucho —en obras como la Larousse du chien, de Rousselet-Blanc—, toda la información que pongo va a misa”.

En su libro, Romeu incluye una página con los dibujos de todos los perros que ha tenido, seis terriers, desde Rita (1978-1993), una australien terrier hasta el actual Watson (2011-), un scottish terrier. Y una foto de Toby, el setter gordon que tuvo de niño. De Watson y su raza dice que son fantásticos e hipoalérgicos. Y que de pequeños, a los dos meses, “descubren que son bajitos y aprenden a ponerse de pie para ver de lejos y parecer más altos”.

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Romeu, con 'Watson', su Scottish Terrier.

Su anécdota perruna favorita —que aparece dibujada en el libro— es la del galgo de Aubray de Mont-Didier que descubrió al asesino de su amo en un careo organizado por el rey Charles V en 1371.

Dice Romeu que el mejor perro para dibujarlo es el chucho de siempre, que le gusta mucho como dibujos Milú (“se ve perfectamente que es un terrier”) y también “el que iba con el Hombre Enmascarado” (Satán), y Ric y Rac —un fox terrier blanco y un sky terrier negro— de la serie de Pol Rab de los años treinta. Asimismo habla bien de Snoopy (un beagle), aunque se olvida de mencionar al pobre Idéfix, a Rin-Tin-Tin y a Lassie. “Soy muy partidario de los terriers”, subraya, recordando —es todo un erudito— que antiguamente se los llevaba de caza en brazos para que no se cansaran. “Son muy frescos, el mío hay días que solo anda 30 metros. Cuando paseamos, le gusta sentarse en un banco y ver pasar a la gente. Y cada tarde nos avisa para que le lavemos los dientes. Una vez me puso la pata en la cabeza de la misma manera que nosotros les ponemos la mano encima para presumir de ellos. Te lo tengo que presentar”.

Romeu apunta que los perros chatos son más difíciles de dibujar que los de hocico largo, que el perro de su inolvidable personaje Miguelito es un terrier, “evidentemente”, y que el dálmata —que no proviene de Dalmacia sino de Croacia— fue durante dos siglos el perro oficial de los papas.

¿Cuál es el secreto para dibujar perros? “El mismo que para dibujar cualquier cosa: tener ganas”. Romeu reivindica los perros ante cualquier otro tipo de mascota, pese a que no le disgustan los gatos y sabe que “los loros odian la soledad”. Cuando le recuerdo que tengo una serpiente, chasquea la lengua y afirma conmiserativo: “Nunca vendrá al sillón a ponerte la cabeza en el regazo, lo que probablemente en ese caso es una suerte”.