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Cifuentes se lanza para suceder a Aguirre al frente del PP regional

La presidenta intensifica sus contactos con alcaldes y agrupaciones con un mensaje integrador.

Sectores aguirristas dan por hecho que optará a liderar el partido en Madrid

La presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, ha desplegado una campaña para posicionarse como líder del PP regional en el futuro congreso (aún sin fecha) que elegirá al sucesor de Esperanza Aguirre, quien ya ha dicho que no opta a la reelección. Durante las últimas semanas, Cifuentes ha visitado a decenas de alcaldes y acercado posiciones con dirigentes, algunos reconocidos aguirristas, lanzando un mensaje de integración. Cuando se le pregunta, la presidenta cita a Julió César ante el Rubicón: “Cuando lleguemos al río cruzaremos el puente”. Partidarios y enemigos coinciden en que está decidida.

La frase es de un reconocido aguirrista sin demasiadas simpatías hacia la presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes: “La verdad es que se está currando el partido”. Desde que tomó posesión en Sol el pasado 25 de junio, Cifuentes ha recibido a alcaldes, diputados —el grupo parlamentario del PP en la Asamblea tiene todavía una mayoría de afines a Aguirre, la presidenta que confeccionó las listas a su medida antes de las autonómicas de mayo— y cargos intermedios, desplegando una campaña diplomática que nadie en el partido cree casual y que la mayoría atribuye a su decisión de ser la próxima presidenta regional para acaparar todo el poder en el PP madrileño.

La primera en una carrera de la que se descolgó Aguirre

Un par de alcaldes que han compartido mesa con Cifuentes en las últimas semanas aseguran que la presidenta no lo dice abiertamente pero deja ver que está dispuesta.

El pasado martes, la presidenta merendó con una veintena de regidores del partido en la localidad de Villarejo de Salvanés, en esa campaña de relaciones que desarrolla en los últimos meses. Las pasadas semanas ha acudido a cuantas copas de navidad ha podido en las agrupaciones del PP.

Enfrente hoy no se vislumbra un rival aunque empiezan a sonar nombres de jóvenes valores como el del alcalde de Alcorcón, David Pérez.

Dirigentes del sector aguirrista apuntan que son valores prometedores pero que ninguno está hoy en condiciones de disputarle a Cifuentes la presidencia del PP. Las mismas fuentes admiten que pueden surgir otros rivales como Pablo Casado, cada día con más protagonismo en el PP.

Aunque para el congreso regional no hay fecha y algunos dirigentes apuntan al próximo otoño —antes debe celebrarse uno del PP nacional y este depende de lo que pase con el Gobierno central y esa amenaza latente de unas nuevas elecciones— Cifuentes ya está preparando el terreno. Su equipo más cercano no suelta prenda y se remite a las entrevistas concedidas por Cifuentes en las que, día sí y día también, se le pregunta por la presidencia regional. Ella no niega que tenga aspiraciones y durante sus comparecencias públicas las declaraciones de Cifuentes con sus silencios y hasta sus sonrisas están milimétricamente calculadas.

El pasado 24 de diciembre durante la protocolaria visita de cada Nochebuena para felicitar las fiestas al personal de emergencias de Madrid, la presidenta regional despejó la pregunta sobre el futuro congreso regional, alegando que no toca y menos ahora que su partido está pendiente de la formación de Gobierno, pero dejó un aviso a la actual dirección regional: “El PP de Madrid también tiene que renovarse, necesita recuperar la ilusión, las ganas y la fuerza de las bases”.

Esas declaraciones medidas replican la estrategia seguida por Cifuentes durante el año pasado cuando estaba al frente de la delegación del Gobierno de Madrid y los periodistas le preguntaban si se veía como cartel del PP a la alcaldía (a última hora fue el presidente Mariano Rajoy quien decidió que sustituiría a Ignacio González como candidata en la Comunidad). Cifuentes siempre se dejó querer sin decir esta boca es mía hasta que fue ungida con el dedo de Rajoy.

Ahora, con el poder que los alcaldes confieren a alguien que maneja un presupuesto de casi 18.000 millones de euros anuales, un miembro de la dirección del PP regional la ve lanzada: “No ha dejado un pueblo sin visitar, no tiene mal cartel entre los alcaldes y el aguirrismo no sabe a qué atenerse porque dirigentes que podían jugar a delfines como Ignacio Gonzalez o Lucía Figar están desactivados”.

Y en el partido cunde la idea de que mantiene todo el apoyo de Mariano Rajoy, entre otras cosas porque Cifuentes fue una de las pocas buenas noticias que el líder del PP recibió en las elecciones autonómicas y municipales de mayo. Aquella noche, Aguirre, tras perder la alcaldía, ni siquiera esperó al recuento de los votos en la Comunidad de Madrid dando por sentado que Ángel Gabilondo sería presidente. Esa madrugada, que vivió Cifuentes recluida en el despacho en la tercera planta de Génova 13 junto a sus colaboradores más cercanos y sin mezclarse con el aguirrismo, empezó a recibir ya adhesiones inesperadas. Es lo que un sector del partido llama “posibilistas”, cargos intermedios que se arriman al poder.

Desde las generales del 20 de diciembre, el equipo de la presidenta repite que si el PP en Madrid subió en 153.000 votos respecto a los comicios de mayo fue por los nuevos aires que llegaron a Sol tras el cambio de Gobierno. Lo aseguró la propia Cifuentes en una entrevista en Onda Cero el pasado 23 de diciembre: “Uno de cada cuatro votantes de Podemos ha cambiado de opinión [aludía a la candidatura de Ahora Madrid que hizo alcaldesa a Manuela Carmena frente a Aguirre] y yo creo que eso se debe a a la política que estamos llevando a cabo en estos seis meses”. Cuando el periodista Carlos Alsina le repreguntó si en esa mejoría influyó la labor de Aguirre desde la oposición municipal, Cifuentes, lanzó otro de sus dardos: “De cara al ciudadano, quizás la labor de oposición tiene menos trascendencia. Los ciudadanos perciben más las medidas que se toman desde el Gobierno y hemos demostrado que somos fiables y damos confianza”.

En su primer semestre de mandato, la presidenta de Madrid no ha dejado de marcar distancias con sus antecesores: sus balances presumen de “reducir altos cargos” respecto al Gobierno de González y prometen “tolerancia cero frente a cualquier caso de corrupción”. Es su forma de decir que han llegado nuevos tiempos también al PP de Madrid.

 

Un militante, un voto, en un cónclave sin fecha

Los dirigentes más cercanos a Aguirre sostienen que la todopoderosa dirigente del PP, expresidenta de casi todo en Madrid, está de retirada. “Así se explica que no haya saltado a responder a ninguna de las declaraciones de Cristina, en otro momento hubiese saltado al cuello”, sostiene uno de sus colaboradores.

El entorno de Aguirre sostiene que su principal objetivo en el congreso regional será garantizar que la democracia sea directa bajo la premisa de “un militante, un voto”.

Sus enemigos internos no las tienen todas consigo y sospechan que aunque pueda estar noqueada por su derrota en mayo, eso no quiere decir que renuncie a plantar batalla apadrinando a algún rival de Cifuentes.

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