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¿Tiene techo Ada Colau?

En Comú Podem arrasó ayer en Cataluña con 928.000 votos

En Barcelona la alcaldesa obtuvo 41.500 votos más que en mayo

Colau tras conocer los sondeos de las elecciones generales
Colau llega a la sede electoral tras conocer los primeros sondeos. EL PAÍS

Si la miras con el espejo retrovisor, la de Ada Colau (Barcelona, 1974) es una trayectoria de hormiguita. Una hormiguita que, con ambición y solidez, ha sabido ver venir y surfear con éxito las sucesivas olas que han marcado la sociedad en los últimos 10 años. El 15M catapultó a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el movimiento que creó en 2009 con un reducido grupo de activistas --entre los que se encuentra su pareja, Adrià Alemany, hoy responsable de relaciones institucionales de Barcelona en Comú-- para plantar cara a los bancos y frenar los desahucios.

Desahucio no es la única palabra que Colau y su núcleo han puesto en el imaginario colectivo. Si hoy muchos políticos emplean con soltura términos como “empoderar”, “confluencia” entre espacios políticos o se refieren a “lo común”, es por la influencia de los movimientos sociales en los que la hoy alcaldesa de Barcelona creció políticamente. A diferencia de los políticos tradicionales, Colau transmite autenticidad. Hace poco tiempo, el “Sí se puede” lo gritaba en el barrio más pobre de Barcelona a la llegada de las comitivas judiciales y ante los Mossos d’Esquadra.

Colau también tiene la habilidad de capitalizar conceptos o movimientos en el momento preciso. Suya fue la idea, por ahora no materializada, de convertir Barcelona en “ciudad refugio”. O de liderar los encuentros de las ciudades “del cambio”. Como suya ha sido la apuesta sin ambages por el referéndum durante la campaña del 20-D. Curioso es que, cuando arrebató la alcaldía al convergente Xavier Trias, una de las lecturas que se hicieron de la victoria de Barcelona en Comú fue que debilitaba el proceso soberanista. En cambio, ahora la defensa de Colau de una consulta vinculante sobre el futuro de Cataluña ha sido una de las bazas de la victoria que llevará a 12 diputados que En Comú Podem al Congreso.

Esa y la implicación y participación de la alcaldesa en la campaña. Basta seguirla en los actos para ver el tirón electoral que tiene, por mucho que hable de victorias “colectivas”. En Barcelona, por ahora, siete meses de mandato no le han pasado factura electoral. Ayer en la capital cosechó 41.500 votos más que en las elecciones municipales de mayo. De ganar en seis distritos saltó a ocho, con porcentajes de voto en cinco de ellos superiores al 30%. Se le resisten Les Corts y Sarrià-Sant Gervasi, los dos distritos más ricos.

Colau ya advirtió después del verano de que con vistas a las elecciones generales “habría que movilizar a mucha gente”. El núcleo fundador de Barcelona en Comú, llamó a filas y en dos meses se articuló y se presentó la candidatura En Comú Podem. La confluencia con Podemos no fue difícil. Colau y el líder del partido morado, Pablo Iglesias, se conocen desde las movilizaciones antiglobalización de finales de los 90 y comienzos de 2000. El tándem ha puesto toda la carne en el asador. El candidato en Cataluña, Xavier Domènech, se marchó del Ayuntamiento de Colau para liderar la lista. Pasará a la historia de la casa gran por haber sido el comisionado de Memoria Histórica que retiró el busto del rey Juan Carlos I del salón de plenos.

El protagonismo de Colau en el 20-D ha sido justo el contrario del que tuvo en la convocatoria electoral de septiembre en Cataluña. BComú acababa de llegar al Ayuntamiento, la cuestión soberanista les incomodaba tal y como se planteaba y hubiera embarrado el lado mar de la plaza de Sant Jaume. En Iniciativa, socio de la confluencia que pagó la campaña de Barcelona, hay quien todavía no ha digerido el desmarque de la alcaldesa. Aunque sin su proyección y la de los partidos emergentes de la coalición nunca hubieran sacado los 928.000 votos de ayer. En 2011 en las generales ICV obtuvo 278.000 papeletas.

La victoria de ayer refuerza a la alcaldesa. Gobierna en minoría con solo 11 concejales en un Ayuntamiento de 41. Consiguió el apoyo de ERC, PSC y la CUP para ser investida. Un voto de confianza que no siempre se ha mantenido y que hace un mes le obligó a retirar el proyecto de presupuestos por falta de apoyos. Ayer, ERC fue otra de las sorpresas de la noche y se situó como segunda fuerza en Barcelona. El Gobierno de Colau lo ven como su socio preferente. Sumarían 16 concejales, aunque para estar tranquilos, la fórmula ideal sería un tripartito, contando también con los cuatro del PSC. El resto de la oposición, y en especial CiU, les acusan de no dialogar, de menospreciarles y actuar con sectarismo y amiguismo, tal y como lo describió hace 10 días el exalcalde Trias.

Hoy Colau y los suyos están surfeando una nueva ola. Habrá que ver si en el horizonte se vislumbran otras elecciones en Cataluña. “Vamos a poner la política patas arriba”, advirtió anoche tras la victoria de En Comú Podem quien hoy ha vuelto a hablar en una entrevista en La Sexta de la existencia de “un espacio político necesario”. Están desbordados y agotados, pero pertenecen a una generación de activistas que sienten la militancia, ahora desde la institución, como “una responsabilidad” y “una necesidad”. Nerviosa al comienzo, a Colau se la ve más cómoda en su papel institucional. Dice que intenta no alejarse de la calle y sigue yendo en metro algunas mañanas, aunque tira mucho del coche oficial, en el que hay una silla para su hijo Luca, de cuatro años. No verle es lo que peor lleva. Cuando lo hace no se le despega, literalmente. De ahí que en el vídeo de la pasada campaña le tenga en brazos.

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