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Barcelona intentará relanzar la unión económica mediterránea

La ciudad acogerá la 9º edición del foro económico de líderes para impulsar relaciones en la región

Anwar Zibaowi (i) en la pasada edición de la semana mediterránea de líderes europeos.
Anwar Zibaowi (i) en la pasada edición de la semana mediterránea de líderes europeos. Efe

La unión mediterránea es un sueño frustrado que el Gobierno socialista de Felipe González empezó a forjar en 1995 con la iniciativa Proceso de Barcelona. De aquel intento, queda la organización Unión para el Mediterráneo, con sede en la capital catalana, que se centra en potenciar las relaciones en el ámbito político. 20 años más tarde de su creación, ya desde un punto de vista más económico, la 9º edición de la Semana Mediterránea de Líderes Económicos, pretende relanzar a la ciudad como centro de los negocios entre la Unión Europea y la orilla sur del Mediterráneo con una declaración de intenciones con horizonte en 2020.

El objetivo que se marcaron entonces los líderes de la zona no ha llegado a cumplirse. "Tenemos que ser realistas", ha dicho este martes Anwar Zibaowi, el coordinador de una de las entidades impulsoras del evento que tendrá lugar los días 26, 27 y 28 de noviembre, la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria del Mediterráneo (ASCAME). "El Mediterráneo sigue siendo una zona de conflictos" y esto, reconoce Zibaowi, impide aumentar la unión económica y social de dos áreas que comparten cierta identidad cultural, tal y como defienden los organizadores del encuentro. "El 12% de las exportaciones de la UE se desarrollan en el Mediterráneo. El 40% de la energía europea depende de esa zona y después de lo de Ucrania, todo apunta a un plan B por si el gas ruso vuelve a entrar en conflicto", ha apuntado el coordinador. En el centro de esas cifras está Barcelona, que por su posición es un sitio "clave" para liderar el proyecto. "Cataluña representa el 26% de la exportación de España en esta área", ha justificado Zibaowi.

Al factor estructural de la inestabilidad política —con las primaveras árabes de por medio y la amenaza del terrorismo incluida— se suman dos problemas coyunturales: los atentados de París el pasado 13 de noviembre y la crisis de Volkswagen. "La industria automovilística tiene un gran mercado en el Magreb, donde se concentran el 48% de las inversiones de la UE", ha explicado Zibaowi, que achaca la responsabilidad de las dificultades para llevar a cabo la idea a la escasa intervención de la UE en los conflictos internacionales.

A pesar de los problemas, ASCAME y la Cambra de Comerç de Barcelona, anfitriona del evento, tienen esperanzas en que el encuentro cumpla sus expectativas: "Los cambios comerciales se han multiplicado por 36 desde el año 2002, la primera edición", ha asegurado Jaume Fradera, vicegerente de la cámara catalana.

Durante las tres jornadas se desarrollarán foros sectoriales sobre energía solar, turismo, industria automóvil o las finanzas islámicas, entre otros. La organización prevé la presencia de unos mil empresarios y cargos institucionales como José Manuel Soria, ministro de Industria y sus homólogos de al menos "dos países de la orilla sur del Mediterráneo". La declaración 20+20 marcará dentro de cinco años el objetivo de promover una veintena de iniciativas para intentar "promover el desarrollo económico y social de la región mediterránea", según defienden los promotores, entre los que también estará el Banco Europeo de Inversiones y el Instituto Europeo del Mediterráneo como colaboradores. La idea es "que no se quede en una declaración", ha dicho Zibaowi. "Ya que la unión no la promueve la política, que lo haga el sector privado", ha zanjado.

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