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Ya se puede vivir para siempre, pero...

Elio Quiroga recibe en el certamen el premio Minotauro por su novela de terror y ciencia ficción ‘Los que sueñan’

Elio Quiroga, en el festival de Sitges
Elio Quiroga, ayer en el festival de Sitges con la portada de su novela.

Ya se puede vivir para siempre. Pero eso tiene dos pegas —aparte de que hay que morir primero—: no es tan bueno como parece y solo ocurre en una novela.

Se trata de Los que sueñan, una ambiciosísima obra del escritor, guionista y director de cine canario Elio Quiroga, que recibió ayer en Sitges el premio Minotauro de literatura fantástica, un galardón que por segunda vez consecutiva se vincula al festival de cine de la localidad. El jurado del Minotauro falló el premio el pasado julio pero se ha esperado al festival y a que la novela esté editada (desde el día 6) para presentarla. Se da la circunstancia de que Quiroga además concursa en el festival con un cortometraje, Sirena negra que se proyectó ayer.

Los que sueñan es una obra que puede paracer desconcertante y en la que el autor ha puesto muchas de las ideas y obsesiones que le rondan desde hace 15 años. Se abre con una historia de terror que recuerda a El resplandor (un matrimonio aislado con un niño pequeño que ve terroríficos fantasmas) para, tras un tour de force digno de Psicosis, evolucionar luego hacia la ciencia ficción y transitar por caminos sorprendentes, como un mundo futuro en el que existe la posibilidad vivir una existencia eterna en un universo virtual. Este nuevo desarrollo, el grueso de la novela, muestra influencias variadas como las de Philip K. Dick, Frederik Pohl y Stanislaw Lem.

“Es como estar en casa”, dijo ayer a este diario Quiroga sobre el hecho de que el premio, dotado con 6.000 euros, se lo hayan dado en el festival de cine. Señaló que la novela trata “el contraste entre deseo y realidad”, y “no deja de mostrar un mundo hacia el que vamos, en el que puedes obtener cualquier deseo, incluso conseguir el mismísimo cielo, la eternidad, aunque por supuesto eso implica un riesgo”. Con ironía digna de Pohl, Quiroga narra la indignada y violenta reacción de las religiones ante la oferta empresarial de vida eterna virtual que las deja sin clientela.

El escritor recalca que parte de su historia puede verse como una voz de alarma ante el progresivo control de nuestra vidas por parte de las empresas que rigen la esfera virtual y que cada vez se inmiscuyen más en la privacidad individual, poniendo en juego libertades civiles básicas y haciendo el trabajo sucio a los Estados.

Del paso del terror a la ciencia-ficción, dice que le gusta jugar con los géneros y admite que la primera parte de la historia, con hallazgos como esos fantasmas hechos de polvo, ácaros, restos de piel, pelo y trozos de insectos (vamos lo que se acumula en los rincones si no pasas el aspirador) es una buena novela de horror embrionaria.

En cuanto al cine y la literatura destaca los numerosos vasos comunicantes. Conviene que se precisaría un Kubrick para hacer una película de Los que sueñan, “casi imposible de llevar al cine”.