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Salvar al ‘soldado’ librero

Barcelona busca en París un modelo para proteger los comercios cultuales en el centro de la ciudad

Un 'bouquiniste' del Sena, en 1910: el consistorio de París les ayuda a mantener el negocio cultural.
Un 'bouquiniste' del Sena, en 1910: el consistorio de París les ayuda a mantener el negocio cultural.

“París es una ciudad que parece hecha exprofeso para hacer vida literaria (...). París es una ciudad para leer bien, quiero decir para estudiar, para convertir los libros —el contenido de los libros— en una obsesión”. Lo escribía Josep Pla a mediados de los años 60, en sus Notes sobre París (1920-1921), reconstruyendo, con recuerdos inventados, el camino hacia su debut como corresponsal en la capital francesa: 20 horas de viaje en tren. Con esa modélica imagen de ciudad literaria de libros y librerías y aprovechando que con el AVE hoy el trayecto Barcelona-París se hace en seis horas, una delegación del Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB) ha estudiado sobre el terreno esta semana las fructíferas y decididas políticas del consistorio francés para preservar estos comercios de la garra bien visible de la especulación inmobiliaria y el monocultivo comercial que las está borrando de las calles del centro de la ciudad, auténtica sangría en la capital catalana cuya penúltima sonada víctima fue la histórica Catalònia en enero de 2013. Y, por su carisma, el cierre ayer mismo de Negra i Criminal en La Barceloneta.

El consistorio de la capital francesa es el primer dueño de librerías en la ciudad, con 60 tiendas

Encabezada por el tercer teniente de alcalde y titular de la cartera de Cultura, Jaume Asens, la expedición para salvar al soldado librero aprovechó el viaje para presentar personalmente la candidatura de Barcelona como ciudad literaria para formar parte de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO y coorganizar unas jornadas, a través del Museo de Historia de Barcelona, sobre las relaciones intelectuales entre las dos urbes.

Comprar edificios

Para variar, París lleva unos cuantos años de ventaja en la concienciación de preservar la actividad libresca de las fauces de las grandes marcas de alimentación o ropa que ya reinan en régimen de casi monopolio comercial en el centro de las grandes ciudades europeas. Desde 2008, Semaest, empresa mixta participada en un 78% por el consistorio, interviene de manera decidida para evitar que en distritos muy turísticos como el Cuarto y el Quinto de París y, sobre todo, el abarrotado Barrio Latino, la especulación urbanística no acabe con galerías, librerías y hasta sedes editoriales.

Entrenados ya desde 2004 con todo tipo de tiendas de oficios (desde restauración de muebles a pequeñas panaderías) y pertrechados con presupuestos entre los 35 y los 58 millones de euros anuales, Semaest no va con rodeos: o bien se convierte en propietario del inmueble a precio de mercado (lo que hace en un tercio de los casos, locales que al cabo de una década tiene la obligación de vender al consistorio, que puede volver a cedérselo o no) o pacta con la propiedad privada la gestión del mismo siempre que permita el mantenimiento de la librería o un comercio de proximidad independiente; como tercera opción suscribe la concesión del espacio por alquileres razonables a largo plazo.

“Lo hablamos con los concejales de cada distrito, según las necesidades de las zonas, pero se trata de evitar las tiendas vacías o que desaparezcan comercios clásicos substituidos por cadenas multinacionales”, apunta Didier Dely, exdiplomático y director general de Semaest, que gestiona ya 3.500 comercios (el 5% de todos los de París). La empresa hará la rehabilitación del inmueble, muchos históricos, asesorará en los planes de negocio y difusión de las futuras tiendas en la Red o con aplicaciones de móvil, en algún caso permitirá que no se pague traspaso o permitirá la exención de las tres primeras cuotas de alquiler, “pero no subvencionamos nada”, insiste Dely, que también tiene claro que no sirve cualquier galería o librería: “El modelo de librería generalista está muy castigado por Amazon, por eso solemos apoyar las especializadas y fomentamos que sean a su vez jóvenes editoriales o estén físicamente adosadas a una”.

El resultado de la política es la existencia de librerías especializadas en matemáticas, arte urbano o filosofía para niños

El resultado de esa política es la existencia de librerías especializadas en matemáticas, arte urbano o en filosofía para niños. Entre las recientes operaciones de rescate está la reconversión de la emblemática La Hune, que tras nacer en 1949 en el corazón de Saint-Germain-des-Prés, protagonizó hace tres meses un ruidoso cierre. Por ahora solo queda una librería en todo el boulevard: L’écume des pages. Las conversaciones entre Semaest y el grupo editorial Madrigall permitirán que el local de La Hune siga siendo librería pero mutando su carácter generalista por la especialización en fotografía. Algo parecido se intenta con la PUF, en el boulevard Saint Michael, cerca de La Sorbona, con la que se intenta que su carácter universitario se preserve cobijándose en otro espacio cercano.

Librerías asociadas

El resultado de esta política es que Semaest, y en definitiva, el consistorio parisino, es hoy el primer propietario de librerías de París, con casi seis decenas de tiendas. Una de ellas es, excepcionalmente, una de generalista y con nombre de obra de Danniel Pennac, Comme un roman. En la zona de Beaubourg, con un alquiler de contrato protegido de 25 años y 30.000 libros en stock, la librería se ha convertido en una de las de prestigio de París, resistiendo bien, pero abriendo los domingos y formando parte de Paris Librairies, asociación de librerías indepdendientes creada en marzo de 2013 que agrupa a un centenar de tiendas de París y cuya gran obsesión es, con su iniciativa, “no tanto ganar dinero como fidelizar a unos clientes dándoles información y venta por internet para que sepan desde cualquiera de nuestros locales dónde pueden hallar el título que buscan y recogerlo en menos de 48 horas”, fija Xavier Moni, gerente de una tienda cargada de actividades paralelas (“eso hoy es absolutamente necesario”) y que da trabajo a nueve libreros.

La iniciativa de la alcaldía de París (que también ayuda por su cuenta a los famosos 240 bouquinistes que venden libros y cuadros a lo largo de la orilla del Sena desde el siglo XVI y que son Patrimonio de la Humanidad desde 1991) y de Semaest no solo ha frenado la desaparición de librerías y tiendas culturales en la capital gala sino que parece ser un modelo exportable: la empresa mixta ya colabora con las autoridades de Praga y Bruselas. En cualquier caso, Pla podría seguir manteniendo hoy su opinión sobre el París libresco.