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Una virgen gótica de Picasso

‘Mujer con mantón azul’, pintada en 1902, se expone por primera vez en España

Shuji Takahashi, junto a la obra cedida temporalmente de Picasso.

Tras el suicidio de su amigo Carles Casagemas en 1901 Pablo Picasso decidió dejar París y volver a Barcelona. En enero siguiente el pintor está instalado en el estudio de Ángel Fernández de Soto de la calle Nou de la Rambla, en pleno Barrio Chino, donde pintó las azoteas de los edificios cercanos, paseó por las calles y visitó los burdeles de la zona, pintando a muchos de los que los frecuentaban, sobre todo, mujeres con pañuelo o chal, de pie, encorvadas o de espaldas; un mundo que plasmó en azul, el color que dominaba su gama cromática, tras abandonar la policromía exuberante anterior.

De este momento son obras como Retrato de Sabartés, La mujer de la cofia, dos versiones de Azoteas de Barcelona, Mujer con mechón, La copa azul y Retrato de Sebastià Junyent, todas pertenecientes a la colección del Museo Picasso de Barcelona; unas pinturas que están de enhorabuena. Los responsables del museo han invitado a otra de las obras que Picasso creó entonces. Se trata de Mujer con manto azul, una pintura procedente del Aichi Prefectural Museum of Art de Nagoya, Japón, que se expone por primera vez en España. La pintura siempre perteneció a la colección personal del artista y fue una de las escogidas por Picasso cuando en 1932 el Kunsthaus de Zúrich organizó la primera exposición en un museo con obras del pintor. También estaban Azoteas de Barcelona (situada ahora justo enfrente) y La Vida, la pintura más importante del periodo que pudo verse recientemente tras viajar desde Cleveland. “Mujer con mantón azul es una obra fundamental de la producción de Picasso en Barcelona, ya que aquí realizó el 80% de las obras del periodos azul”, explica el director del centro Bernardo Laniado-Romero.

También lo es para el museo japonés, tal y como aseguraba su vicedirector Shuji Takahashi, que se ha desplazado hasta Barcelona para supervisar el traslado y montaje de la obra que podrá verse hasta diciembre. “Nuestro centro se inauguró en 1992 y esta pintura fue la primera de un artista occidental que se incorporó en 1987. También es importante porque de este periodo hay muy pocas obras de Picasso en Japón”, explicó ayer.

“La obra habla del cambio de color y de temática, ya que las mujeres de la noche y bebedoras de absenta dan paso a mujeres aturdidas, encogidas, abrumadas y a maternidades hieráticas y con ausencia de referencia anecdóticas en los fondos”, explica la conservadora del centro Malén Gual. “No se trata de retratos, sino más bien prototipos de mujer desfavorecida o marginada de la sociedad, al estilo de las gitanas que por entonces también pintaba Isidre Nonell”. La etapa barcelonesa, remarca la especialista, supuso también un sutil cambio estilístico: las pinturas reflejan la inspiración del arte español y, sobre todo, la iconografía religiosa. Por eso, el rostro, cerrado y trágico, recuerda el primitivismo de las vírgenes góticas”, remacha Gual que hace notar la abundancia, todavía, de tonos verdosos en la obra que le inclinan a datarla, probablemente, “en el primer tercio de 1902”.

El acuerdo temporal de la obra comporta otra cesión de varias obras del museo barcelonés, como Un sabio, Pere Romeu caricaturizado de boer y otros croquis, Sebastià Junyent Sans, un Autorretrato y la obra Jaume Sabartés con quevedos, que viajarán a Japón para participar en la exposición Secrets of a genius en enero próximo que abrirá el centro de Nagoya.