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La piqueta acaba con un interior de Josep Lluís Sert

Las reformas que lleva a cabo una multinacional en lo que fue la galería Joan Prats arrasa el interior protegido del arquitecto

Interior de la galería en la actualidad.
Interior de la galería en la actualidad.

Después de que la semana pasada apareciera tirada en los Encants la biblioteca del pintor y poeta Albert Ràfols-Casamada, saltando todas las alarmas que han llevado a la Generalitat a correr para intentar salvar parte de este patrimonio, ahora le toca el turno a la arquitectura. El pasado viernes el artista Frederic Montornés colgaba en su perfil de Facebook dos fotografías demoledoras del actual estado de la antigua Galeria Joan Prats, en el número 54 de la Rambla de Catalunya, diseñada en 1975 por el prestigioso arquitecto Josep Lluís Sert, autor de edificios tan emblemáticos como la Fundació Joan Miró, de Barcelona, o la Fondation Maeght en Saint Paul de Vence.

Tanto la fachada como el interior del establecimiento, paredes, suelos y techo, están incluidos —o quizás mejor dicho lo estaban— entre los edificios catalogados por el Ayuntamiento de Barcelona en su catálogo de Patrimonio, y por lo tanto no se podía tocar ni un milímetro.

En la fotografías de Montornés puede observarse como ya nada queda del estupendo interior de la Joan Prats, el suelo está arrancado, las paredes derribadas y el falso techo también, quedando a la vista las vigas de madera y las bovedillas pintadas originales del edificio, la Casa Dolors Calm, construido por Josep Déu i Busquets a finales del siglo XIX.

Hasta la semana pasada el emblemático local había permanecido intacto, a pesar de que ya hace más de un año que había cambiado de inquilinos. En julio de 2014, cerraba en la Rambla de Catalunya la histórica Galeria Joan Prats, para concentrar sus actividades en su otro espacio de la calle Balmes. En octubre del mismo año la diseñadora Isabel de Pedro inauguraba allá su segunda tienda barcelonesa. Dado que el espacio estaba protegido, Isabel de Pedro y su socio Rafael Tous —antiguos promotores de la célebre sala Metrònom en el Born— restauraron escrupulosamente tanto la fachada como todo el interior proyectado por Sert, colocando simplemente colgadores con la ropa de su marca en las paredes que antes ostentaban cuadros, al fin y al cabo también a la venta.

Por más que alguno se rasgara las vestiduras, la restauración de la obra de Sert fue impecable, no se tocó nada y tan sólo se añadieron unos cuantos sillones para la clientela, y para ello se eligió la reedición de la butaca Torres Clavé, el socio de Sert en tiempos de la República y la Guerra Civil, un mueble que fue protagonista en el pabellón español del Gobierno legal de la II República en la Exposición Internacional de París de 1937.

Los rigurosos pactos con el Ayuntamiento para la instalación de la tienda de Isabel de Pedro incluyeron el hecho de que en la antigua Joan Prats se continuaría exhibiendo arte igualmente, combinándolo con la moda. Y efectivamente se destinaron algunas paredes intercaladas a la exhibición de los fondos de Rafael Tous, uno de los grandes coleccionistas catalanes de arte conceptual y fotografía internacional.

Interior fulminado

El hecho de que en el local no se podía abrir ni una simple ventana, tal y como había solicitado la nueva propietaria del local con el fin de que desde la calle se pudiera ver mejor el interior de la tienda y condicionado al elevado precio del alquiler, ha propiciado que la marca Isabel de Pedro haya decidido quedarse únicamente con su tienda de la calle Calvet, que funciona estupendamente, y rescindir el contrato de la de la Rambla de Catalunya. El 31 de julio, justo la semana pasada, Isabel de Pedro cerraba esta tienda definitivamente.

Pero en apenas siete días la situación parece haber cambiado por completo: El nuevo inquilino del local, la marca internacional de sport wear y relojes Nautica —tal y como se anuncia en la fachada—, sin ningún miramiento patrimonial ha comenzado a realizar unas obras en el interior del local en las que es más que evidente que no se está respetando nada ya que todo ha quedado fulminado, y visto el estado, no parece que sea para volverlo a restituir. ¿Alguien ha pedido permiso para ello? ¿Y alguien lo ha concedido? Agosto ha sido siempre un mes excelente para cometer atrocidades urbanísticas y patrimoniales aprovechando la letárgica temperatura, la disminución de plantillas municipales, el éxodo de la población local y la sobredosis apabullante de turismo.