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La mirada viva de Sebald

El CCCB expone el universo del escritor alemán a partir de las obras de 17 artistas

'Black cloud', de Carlos Amorales que recibe a los visitantes del CCCB durante la celebración de la exposición sobre Sebald.
'Black cloud', de Carlos Amorales que recibe a los visitantes del CCCB durante la celebración de la exposición sobre Sebald.

Pese a iniciarse en la literatura de forma tardía, tras cumplir los 43 años, el escritor alemán W. G. Sebald consiguió en algo más de una década lo que muchos autores no consiguen toda una vida: Ser reconocido por lectores y crítica como uno de los escritores, alemanes y europeos, fundamentales y más influyentes de finales del siglo XX. Su obra es híbrida mezcla de textos y fotografías, literatura de viajes, novela y ensayo, autobiografía y colectividad, historia, tragedia humana y memoria y en la que explora grandes temas del siglo XX como migración, discursos históricos, violencia política y genocidio, turismo, archivo y documentación, entre otros temas.

El idilio que consiguió con libros como Del natural (1988), Vértigo (1990), Los emigrados (1992), Los anillos de Saturno (1995) y Austerlitz (2001) terminó de forma brusca tras fallecer en accidente de tráfico en 2001. Pero el universo sebaldiano sigue vivo y se manifiesta en la obra de artistas y escritores contemporáneos influidos por el autor. Es lo que defienden el escritor y crítico cultural Jorge Carrión —que no duda en calificar a Sebald como el escritor que clausura el siglo XX y da comienzo al XXI— y el artista Pablo Helguera, comisarios de la exposición Las variaciones Sebald que el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona inaugura hoy. En el CCCB pueden verse, además de su proceso de creación, la obra de 13 artistas y cuatro escritores influidos, conscientes o no, por el mundo que Sebald creó; una especie de “ensayo visual que recoge la voz de Sebald y cómo ha influido en las artes visuales y la literatura después de su muerte”, explica Carrión.

La exposición del CCCB muestra a Sebald a través de la obra de 17 artistas y escritores

Carrión y Helguera han invitado a artistas como Jan Peter Tripp, amigo de Sebald durante décadas, que presenta una obra en la que fotografía al escritor y aparecen sus famosos lápices de colores (que su viuda repartió entre los amigos del escritor que lo llamaban cariñosamente Max). Susan Hiller fotografía caminos y paisajes alemanes que conservan denominaciones judías pese a que se han eliminado de toda la rotulación, algo que Sebald denunció en sus entrevistas: “Cuando visito Alemania me doy cuenta de que sus ciudades no tienen declives, ni rincones, ni memoria, son iguales, uno no puede perderse en ellas, desorientarse”.

Taryn Simon reconstruye con sus fotografías 18 linajes de todo el mundo en A living man declared dead. “Nadie puede reconstruir una novela familiar mejor que una fotografía”, decía el escritor. Jeremy Wood, como hizo Sebald en Los anillos de Saturno, circula por las rondas de rodean Londres e imprime en una obra el trazo de ese deambular. Trevor Paglen muestra dos bellas imágenes de instalaciones gubernamentales dedicadas al espionaje y un escritor tan afín a Sebald como Julià de Jodar, reconstruye y construye una historia con personajes reales y literarios relacionados con el pasado colonial. Y así, hasta 17 obras de otros tantos artistas a los que se ha invitado que presentaran piezas de nueva producción, dando lugar a una muestra heterogénea supervisada por la mirada de Sebald; un viaje que comienza con las 30.000 mariposas de cartulina negra creadas por el mexicano Carlos Amorales; un insecto que figura de forma prominente en la novela Austerlitz de Sebald y que, como una especie de plaga, recibe al visitante. “Si Sebald no hubiera muerto las relaciones entre su obra y el mundo artístico habrían sido mucho mayores”, aseguró ayer Carrión.

Trayecto final de la exposición sobre Sebald en el CCCB. ampliar foto
Trayecto final de la exposición sobre Sebald en el CCCB.

La española Nuria Güell presenta Resurrección, una de las propuestas más originales. La artista, cada día más onmipresente y que a menudo se nutre de estrategias propias de un hacker, resucita la identidad de seis guerrilleros catalanes de los años 30, crea un tarjeta de crédito a nombre de un maqui asesinado en 1939 y compra online objetos de propaganda fascista de la Fundación Francisco Franco. Unos recuerdos que, por supuesto, no acaban pagándose y que la artista entierra en una cuneta. Memoria histórica, justicia y venganza en esta instalación en la que se pueden ver fotografías de huesos localizados de fosas comunes españolas.

Según Vincenç Villatoro, el nuevo director del CCCB, ésta es una de las grandes apuestas de la temporada para su centro, que da el pistoletazo de salida a la “primavera literaria”, una cita que se consolidará las próximas semanas con la celebración también de la fiesta de la literatura Kosmópolis, que se inaugura el 18 de marzo con una sección sebaldiana. Villatoro, ha asegurado que la muestra no pertenece a la serie histórica de relación entre un escritor y un espacio por la que han pasado Borges, Kafka, Joyce, entre otros, “sino que recoge una forma de ver el mundo”.

En cuanto al público al que va dirigida la exposición, según Villatoro, es todo. “No solamente a mitómanos y admiradores del autor, que hallarán complicidad. También puede ser un lugar en el que descubrirlo a él, al mundo y la cultura contemporánea”.