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OPINIÓN

La escuela como espacio público

Finlandia ha demostrado que la educación sigue siendo su gran prioridad y que concibe las escuelas como espacios urbanos, educativos y políticos

Esta semana se ha celebrado en Helsinki un coloquio sobre educación y espacio público que ha reunido a arquitectos y científicos sociales de diferentes países europeos. En el encuentro, Finlandia ha demostrado que la educación sigue siendo su gran prioridad y que concibe las escuelas como espacios simultáneamente urbanos, educativos y políticos. Como espacio físico, la escuela aspira a proporcionar el bienestar del hogar. Como es habitual en los países nórdicos, se da máxima prioridad a la luz natural y al confort frente a la frialdad de edificios públicos de otras regiones. En estas escuelas, los niños andan descalzos, gozan de un mobiliario cuidadosamente diseñado y leen cómodamente en sofás rodeados de cálidas alfombras. Para los arquitectos finlandeses, proyectar un centro escolar es motivo de orgullo y de prestigio. Arropados por la inversión pública y la centralidad social de la educación, una serie de jóvenes arquitectos está diseñando nuevas escuelas de mucha calidad formal y que consiguen generar un entorno educativo envidiable en otros países europeos.

Son espacios flexibles que se adaptan a múltiples funciones y así, por ejemplo, la cantina se transforma fácilmente en un teatro o un auditorio. Esta flexibilidad formal ha convertido las escuelas en auténticos espacios ciudadanos, porque en horario extraescolar pasan a ser usadas como biblioteca del barrio o lugar de encuentro para los adolescentes. La porosidad con el entorno se traduce en una buena apropiación del lugar por parte del conjunto de los vecinos. Esta multiplicidad de usos persigue racionalizar la inversión pública en educación, ahorrar energía y contribuir a densificar la ciudad, porque se evita la construcción innecesaria de otros edificios y su correspondiente gasto público. Mientras en algunos países la construcción de edificios públicos se rige por el principio de austeridad como muestra de contención económica, en Finlandia, precisamente por ser públicos, estos edificios se diseñan bajo la premisa de la excelencia. Destinan la mejor arquitectura a las escuelas.

Esto es así por la convicción de que la arquitectura del espacio contribuirá al éxito del proyecto educativo. Es decir, que forma y fondo están íntimamente relacionados. Cuidar el diseño de las escuelas es el primer paso para alcanzar la excelencia del sistema educativo que Finlandia se ha marcado como prioridad. Crear espacios útiles y armoniosos favorece la efectividad de la escuela y presupone un respeto por la educación del que serán contagiados los alumnos. Como espacio educativo, el centro es pensado como un lugar polivalente donde además de la formación reglada los alumnos disponen de espacios para el deporte, servicio de enfermería, acompañamiento psicológico y aulas de acogida de niños inmigrantes.

Asimismo, un tercio del currículo escolar está destinado a talleres de arte, música, cocina, carpintería y electrónica. Este énfasis en la educación plurisdiciplinar pretende fomentar la creatividad, el trabajo artesanal y la concentración en la era de las nuevas tecnologías. A la vez, este entorno relajado acaba garantizando un mejor rendimiento en las asignaturas más convencionales, como la lectura y las matemáticas, tal como lo corroboran los informes de evaluación internacionales de manera sistemática.

Todo este programa educativo descansa sobre la figura del maestro, auténtico pilar del sistema, a quien se le exige una elevada formación pero a cambio se reconoce su trabajo garantizándole una gran autonomía, una buena remuneración y la plena confianza del entorno social y las familias.

La excelencia formal de los equipamientos y la calidad de los programas son el reflejo de que la educación es allí una prioridad política incuestionable para los gobiernos de todos los colores. Entendidas así como un auténtico espacio público, las escuelas son lugares de un alto valor simbólico y político. El sistema educativo en Finlandia no solo es gratuito, sino que apenas cuenta con escuelas privadas. Los ciudadanos no pueden por lo tanto escoger la escuela de sus hijos pero, dada la excelencia del sistema público, este acaba siendo motivo de orgullo y uno de los bienes sociales más preciados.

La suma de igualdad de acceso y excelencia asegura uno de los grandes principios democráticos de todo sistema educativo. Sin embargo, su principal virtud política es que equidad y calidad consiguen algo todavía más difícil de alcanzar, como es la redistribución de oportunidades para compensar la desigualdad económica y social de partida. A través de la educación de sus hijos, las familias más pobres consiguen mejorar su posición en la estructura social y los niños de las familias más acomodadas aprenden a convivir con la diferencia en un entorno muy favorable. Además, en escuelas con una elevada tasa de inmigración, las familias recién llegadas se integran más fácilmente y las autóctonas despejan los fantasmas asociados a los inmigrantes, demostrando que cuanto más contacto, menos miedo y menos problemas de segregación.

La escuela como espacio público es este lugar versátil, integrado en la ciudad, sin vallas, abierto y accesible, en el que los niños aprenden a convivir y mezclarse con extraños, y que incorpora la semilla del conflicto pero contiene todo el potencial de ciudadanía y urbanidad.

Judit Carrera es politóloga.