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Música

Acordes que no dan para ganarse la vida

La crisis económica y los cambios en las formas de consumo ahogan la profesionalización de los músicos

Mikel Urdangarin, en el Teatro Arriaga, en Bilbao, en la presentación de sus próximos conciertos.

En el verano de 2011 Natxo de Felipe decía que nunca había conocido un año tan malo para los músicos en el País Vasco. La crisis azotaba los presupuestos culturales y las agendas quedaban vacías de conciertos. Y el 2012, pronosticó, todavía iba a ser peor. El tiempo le ha dado la razón. Nunca ha sido fácil ganarse la vida con la música , pero entre los hábitos de consumir canciones gratis a golpe de clic y las estrecheces económicas las posibilidades de desarrollar un camino profesional, de vivir de la música, se agotan.

Oskorri no tiene previsto tocar hasta finales de año en una gira que se vislumbra como su despedida de los escenarios. En el otro extremo del arco musical, los componentes de Belako (grupo revelación 2014 para la revista Rolling Stone) disfrutan del éxito, pero no abandonan sus estudios. Mikel Urdangarin emprenderá en febrero una gira con una veintena de fechas en las que se presentará ante el público en solitario. Son algunos ejemplos de un sector que sigue adelgazando.

“Fuera de las instituciones, como las orquestas o las bandas municipales ha sido difícil ser profesional de la música, pero la crisis nos ha afectado como a todos y cada vez se reduce más la gente que vive del sector”, lamenta Aitor Narbaiza. Su empresa, KAP, cierra después de 18 años de trabajo en la representación y producción musical.

Las cifras muestran el retroceso. De los 150 conciertos que KAP contrataba en los años de bonanza pasaron a unos 50 el pasado año; la facturación cayó aún más: en menos de 10 años se ha reducido a una quinta parte. Otro ejemplo: las ventas de discos de Elkar han bajado un 70% desde 2000. “Había grupos con unos cachés que permitían sostener un sector. Ya no ocurre”, añade Narbaiza.

La estructura profesional se desmorona y la autogestión gana terreno. “Hoy el motor es el propio grupo”, explica el productor Anjel Valdés, de Elkar. “La reducción de los ingresos ha obligado a funcionar sobre el principio de no dejar en manos de otros lo que puedas hacer tú mismo. Hay menos producción y más autogestión”.

Berri Txarrak, actualmente en gira internacional de presentación de Denbora Da Poligrafo Bakarra, la obra con las canciones que celebran sus 20 años de trayectoria, autoedita sus discos. “El músico está obligado hoy en día a hacerse cargo de trabajos que antes estaban en manos de la industria”, defiende Gorka Urbizu, líder de Berri Txarrak. “La filosofía DIY [Do It Yourself, hazlo tu mismo] está más viva que nunca. Urbizu mira hacia arriba para explicar la situación. “Todo son trabas, clara consecuencia de cómo se toma la cultura el actual Gobierno: la banalización de la música es continua, se potencia el karaoke y el refrito. La gente no se toma en serio a los artistas y, por otra parte, está el IVA cultural y la propia LOMCE”.

Narbaiza entiende que la situación es irreversible y repercutirá en el empobrecimiento cultural. Y en que los músicos en ciernes no se arriesguen a emprender el camino. “Se ha creado una muralla de miedo. Jóvenes con talento que soñaban con ser músicos han renunciado”, dice Valdés.