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Cae una red que introducía en Europa familias sirias a través de Barajas

La operación, con 18 detenidos, muestra la presencia de las mafias de Oriente Próximo

Control de pasaportes en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.

El diario del estudiante sirio comienza así: “Ya tengo el pasaporte, y las notas de mis estudios del tercer año de Economía y el Certificado de Experiencia de cinco años de camarero en el hotel de Alepo. Fui por última vez solo a la facultad, el sitio donde te encontré, me despedí de todos esos lugares entre lágrimas... Adiós Alepo, adiós Idleb, adiós economía, adiós recuerdos...”. Está escrito en árabe en las hojas rayadas de una vieja agenda, y esas palabras de despedida tienen fecha del 4 de febrero de 2014. El 1 de noviembre de 2013 el texto es el siguiente: “Canadá, te has convertido en mi sueño desde hoy”.

La agenda la requisaron los policías de la Comisaría General de Extranjería en un cafetín del centro de Madrid. Estaba en manos de algunos de los 18 detenidos ayer en una operación contra el tráfico de personas provenientes de Siria, un país destruido por una guerra en la que la ONU calcula que han muerto ya 190.000 personas, y se estima que han huido —sólo por la frontera turca— hasta el mes de octubre 1,3 millones (100.000 solo en septiembre).

Ya tengo el pasaporte y las notas de mis estudios, comienza el diario de un joven

Desde que comenzara la guerra en 2012, el exilio se ha convertido en un gran negocio para las mafias que operan —según los investigadores— principalmente desde Estambul y Ankara, como en este caso: “Turquía es el 7-eleven de los pasaportes falsos”, ironiza un agente de la Brigada Central de Falsedades Documentales. En el caso de la red desmontada, la policía calcula que podían facturar “entre 50.000 y 100.000 euros todos los meses”. Aunque sólo lograron incautar 7.000 euros en esta operación.

“Detectamos una afluencia de ciudadanos sirios que llegaban a Barajas con documentación falsa y comenzamos la operación en abril”, explican los investigadores. “La mayor parte de los que llegaban eran profesionales —profesores de universidad, intelectuales, artistas— de clase media alta, familias, parejas, alguno viajaba solo...”. Todos ellos, según sus declaraciones, pagaron entre 10.000 y 25.000 euros por los documentos, el viaje y el soporte logístico a su llegada a Madrid, una ciudad de tránsito para llegar al norte de Europa —Francia, Alemania, Suiza— en la que se hospedaban en pensiones por una o dos noches.

Turquía es el ‘7-Eleven’ de los documentos falsos, dice un investigador

Hasta un centenar de personas han sido detenidas desde entonces con pasaportes falsos en el aeropuerto madrileño: “Querían pasar como ciudadanos búlgaros, israelíes, turcos...”, aseguran los agentes. Todos ellos, tras ser interceptados por la policía, han solicitado y obtenido el asilo político, habida cuenta del terrible conflicto que asola su país, inmerso en una guerra civil entre los partidarios del gobierno de Bashar Al-Asad —apoyado estratégicamente por países occidentales y Estados Unidos— y los rebeldes cada vez más radicalizados con el avance del llamado Estado Islámico (EI).

El cabecilla de la organización criminal era un libanés afincado en Madrid y que, tras ser detenido y acusado de un delito de falsedad documental y de tráfico de personas, ha quedado en libertad a la espera de juicio.

El modus operandi de la red implicaba a ciudadanos procedentes de diversos países (ocho ciudadanos libaneses, tres sirios, un ecuatoriano, un marroquí, un ucraniano y cuatro españoles), que ejercían en su mayor parte de testaferros para realizar los ingresos y los envíos del dinero —nunca superiores a 3.000 euros— en metálico.

Lo habitual, según fuentes de la investigación, es que los inmigrantes realizaran la primera escala de su viaje en Turquía para obtener la documentación falsificada. Allí tomaban un vuelo con destino —casi siempre— a Brasil (São Paulo y Salvador de Bahía) y allí esperaban el aviso para subirse a un avión que aterrizaría en el aeropuerto de Madrid.

La operación sigue abierta. Sigue siendo un misterio —también para los investigadores— el destino final de las importantes cantidades de dinero que mueve el lucrativo negocio de la desesperación humana. En este caso el origen de la empresa —y quién sabe si también el final— está entre los restos de Siria.

 

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