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El corazón de la ingeniería

La Residencia de Estudiantes recuerda la vida y obra de José Antonio Fernández Ordóñez

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José Antonio Fernández Ordóñez, en el tejado del Museo del Prado en 1998. AP

Fue a principios de los años cincuenta pero no tiene muy claro ahora quién los presentó. “Quizás fuera el arquitecto Fernando Higueras”, dice el pintor Antonio López que, sin embargo, sí recuerda con total claridad lo mucho que a José Antonio Fernández Ordóñez (Madrid, 1933- 2000) le interesaba la pintura y la escultura. “Nosotros no dominábamos su lenguaje como ingeniero pero él comprendía muy bien el nuestro. Creo que era un humanista, una persona muy cultivada que trataba de poner belleza y armonía a todo lo que hacía, ya fuera un puente o un escrito sobre presas. Nos encontrábamos tan cerca de él que los artistas de esa generación le hicimos en los años setenta un homenaje en el Casino de Madrid en el que, entre otros, estaban Chillida y Sempere”, aseguraba ayer el pintor.

López puso en marcha varios proyectos con Fernández Ordóñez, pero no llegó a ejecutarlos por problemas burocráticos o por falta de apoyo de la Administración. Ese fue el caso del puente de Vallecas donde quiso instalar un museo de arte figurativo.

“Era un humanista, una persona muy cultivada”, dice Antonio López

Hoy por la tarde, en la Residencia de Estudiantes, López compartirá mesa con el arquitecto Jerónimo Junquera y el ingeniero de caminos José Ramón Navarro, en un acto de homenajea Fernández Ordóñez, cuando está a punto de cumplirse el 15º aniversario de su muerte dentro del ciclo La utopía de unir: humanidades e ingeniería en la España reciente.

A los tres ponentes les une —además de haber sido buenos amigos del fallecido ingeniero— que en algún momento de sus carreras planificaron o ejecutaron aventuras profesionales con el autor de, entre otros, el puente de Juan Bravo sobre la Castellana, bajo el que se ubica un museo de esculturas al aire libre.

"Su pensamiento teórico fue fundamental”, asegura un colega

Un diseño que en su momento, finales de los años setenta, fue muy discutido por el “peligro” que podía significar para la estructura colgar La sirena varada, una obra de Chillida, realizada en hormigón armado.

Partiendo de sus “arriesgados” proyectos urbanos, los tres ponentes usarán el recuerdo de su figura para destacar todas las facetas de su personalidad y llamar la atención sobre el modo en que Fernández Ordóñez conciliaba la técnica con el arte, precisamente en un momento en que las humanidades parecen postergadas, tanto desde la Administración pública como desde el mundo corporativo que representan los grandes grupos de ingeniería.

Suyo es el puente de Juan Bravo,del que pende una obra de Chillida

Para Fernández Ordóñez el valor de un puente no pasaba únicamente por salvar un obstáculo en un entorno urbano para dar paso a una serie de vehículos, sino en utilizar la ingeniería como un valor para la sociedad en su conjunto. “El trabajo del Partenón representa el esfuerzo de mucha gente, además del de los arquitectos o los escultores”, añade el pintor de Tomelloso, convencido de la importancia que tuvo Fernández Ordóñez tratando de tender puentes de todo tipo en la sociedad española.

Para el arquitecto Jerónimo Junquera, con el que Fernández Ordóñez compartió valores deontológicos y varios proyectos —por ejemplo, el cierre de la M-30 en la avenida de la Ilustración, que quedó a medias por problemas geotécnicos y el subimiento de un pontón romano en la provincia de Cáceres—, la filosofía de trabajo de ambos se puede resumir en un proverbio chino: “Solo con un puente no se unen dos orillas”.

A los tres ponentes les une que trabajaron con él en algún proyecto

Fernández Ordóñez, que fue catedrático de Historia del Arte la Escuela de Caminos, dejó también numerosos escritos. “Su pensamiento teórico en la ingeniería civil fue fundamental por su aspecto humanista, algo que hoy no tiene apenas difusión ni en las escuelas de ingeniería ni en los colegios”, añade el también ingeniero de caminos José Ramón Navarro, que recopiló sus textos en Pensar la ingeniería, un libro de 700 páginas con ocho capítulos temáticos dedicado a recalcar su trabajo intelectual y teórico en el que la belleza, la historia y la naturaleza se dan la mano en un proyecto común.

El nexo cultural. Recordando a José Antonio Fernández Ordóñez. Residencia de Estudiantes (calle del Pinar, 21-23). Hoy, a las 19.30. Mesa redonda en la que intervendrán Antonio López, Jerónimo Junquera y José Ramón Navarro.