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La Generalitat sostiene ahora que el claustro de Palamós es todo falso

El informe basa sus conclusiones en la regularidad y el análisis de la piedra

El claustro de Palamós, en una imagen de junio de 2012.

En julio de 2012 los técnicos convocados por la Generalitat aseguraron que el claustro de estilo románico situado en una finca privada de Palamós era una recreación historicista del siglo XX con elementos del siglo XII, sin precisar cuántos ni cuáles, y por lo tanto no lo iba a proteger. Un año después, en agosto de 2013, rectificó e incoó un expediente para declararlo bien cultural de interés nacional para poder protegerlo. Este miércoles, en un nuevo episodio de esta larga historia llena de dimes y diretes, la Generalitat dió a conocer un segundo informe en el que defiende que el claustro de Mas del Vent es totalmente falso, sin ningún elemento románico.

Eduard Carbonell, el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Girona que recibió el encargo del consejero de Cultura, Ferran Mascarell, en agosto de 2013 de elaborar un informe, lo presentó ayer junto a Joan Pluma, director general de Patrimonio, en la sede de la consejería tres horas antes de que comenzaran unas jornadas en torno a este edificio desconocido hasta junio de 2012, cuando el profesor de la Universidad de Girona Gerardo Boto lo dio a conocer en un encuentro académico celebrado en la Universitat de Barcelona. Desde junio de 2013, Boto mantiene que también que las arcadas no son otras que las del claustro románico de la catedral de Salamanca.

Eduard Carbonell dice que la obra “no contiene ningún elemento medieval”

Para Carbonell, que ha entregado un informe de 800 páginas, “tras analizar la piedra, vaciar los archivos madrileños y salmantinos y estudiar el claustro desde el punto de vista de la Historia del arte, no hay duda que la obra es actual y no contiene ningún elemento medieval”. Según Carbonell, “el claustro está planificado de una sola vez, de forma regular y con el sistema métrico decimal moderno, sin elementos diferentes”, algo que imposibilita que sea una obra medieval.

En sus conclusiones, asegura que no hay restos de haber usado elementos medievales en la talla de las esculturas, no hay restos de morteros ni pátinas antiguas, que las marcas de palancas que servían para explicar que el edificio se había desmontado en algún momento no son otra cosa que los restos de haber sacado los bloques de la cantera.

Ocho décadas de viajes y polémica

1931. El anticuario Ignacio Martínez Martínez adquiere el claustro. Comienza el montaje del conjunto en un solar en el distrito de Ciudad Lineal. El dueño encarga al restaurador Julián Ortiz Fernández que cuide el conjunto

1958. Hans Engelhorn, antepasado de Kurt, el actual dueño, adquiere la obra.

1967. Un informe, solicitado por los propietarios a una especialista del Metropolitan de Nueva York, duda de la autenticidad de la obra, tras un estudio basado en fotografías.

Mayo de 2012. Durante unas jornadas para especialistas tituladas Arte fugitivo, celebradas en la Universidad de Barcelona, el profesor de la Universidad de Girona Gerardo Boto dicta una conferencia sobre el claustro.

5 de junio de 2012. EL PAÍS publica la noticia de la existencia del conjunto, en el jardín de una finca de Palamós.

7 de junio 2012. Los técnicos de la Generalitat entran por primera vez en la finca a inspeccionar la pieza.

31 de julio 2012. La Generalitat concluye que el conjunto es moderno en su mayoría aunque con elementos originales del siglo XII y decide que no se protegerá.

20 de junio de 2013. Boto asegura en un congreso de expertos en Lisboa que el claustro es una construcción auténtica del siglo XII y que perteneció a la catedral románica de Salamanca.

Agosto 2013. La Generalitat rectifica, encarga un segundo informe sobre las arcadas y abre expediente para catalogar y proteger las galerías de Palamós.

19 de noviembre de 2014. El segundo informe de la Generalitat asegura de forma tajante que la totalidad del claustro es falso.

Durante el proceso de investigación en la que han participado “de una forma u otra unas 40 o 50 personas” se han barajado diferentes destinos para esta obra historicista. “Pensamos que podría haber sido el claustro de la catedral de Almudena, en construcción en ese momento. Vimos que los cimientos del claustro se empezaron en 1015, por lo que todo encajaba, pero al final encontramos los planos y era neogótico, por lo que no podía ser el de Palamós.

Para el investigador, la hipótesis salmantina que defiende Boto se debe a que se trata de un trabajo hecho a medida de los investigadores “en el que no se ha explicado toda la verdad y no se han aportado todos los datos que proporcionan las actas capitulares, entre otras”. Carbonell defendió que sus conclusiones son definitivas y “ya no habrá más informes”, aunque reconoce que hay que profundizar en aspectos como el anticuariado de las primeras décadas del siglo XX que llevaron a que esta famosa obra acabara en la finca privada de Mas del Vent.

La presentación del informe se realizó horas antes de que comenzaran unas jornadas de dos días en las que participan algunos de los especialistas que han colaborado en su creación.

Por la tarde, tras la presentación de Alfonso Muñoz, director del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) del Ministerio de Cultura, conservadores y geólogos de esta institución explicaron los análisis de la piedra del Mas del Vent comparándolo con la de la catedral de Salamanca. “En lo único que está todo el mundo de acuerdo es que está realizado con piedra salmantina de Villamayor”, bromeó el geólogo José Vicente Navarro. Eso y que su estado de conservación deja mucho de desear.

Àlex Massalles, restaurador del MNAC, explicó que las texturas de la piedra y la talla no eran medievales , mientras que el especialista en arquitectura José Miguel Merino de Cáceres defendió que el claustro es una mala copia del de San Juan de la Peña e insistió en que estaba construido en metros y no en pie capitolino como afirma Boto en sus estudios y por lo tanto posterior a 1849.

Pero el más duro en su exposición fue el profesor de la Universitat Autónoma Manuel Castiñeiras: “Todo esto es especulativo porque no hemos encontrado ningún documento”. Castiñeiras no dudó en calificar los capiteles de “desafortunados”, “horrorosos”, “incongruentes”, “burdos” y “caricaturescos”.

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