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MÚSICA / POP

Canciones mecánicas con alma pop

Cabo San Roque presenta su nuevo disco, '12 rounds', marcando distancia de la excentricidad

Hacen música con máquinas, pero no las han comprado. Sus componentes están rescatados de la calle, lugar habitado por cazuelas abandonadas, máquinas antiguas de escribir inanes, platos descascarillados, peines con pocas púas y demás cachivaches, pero no son unos traperos, ni el discurso que manda es el de la recuperación o el reciclaje, sino el musical. Todos son aparatos y adminículos seleccionados por su sonoridad, no por un espíritu circense, de lutier tronado o ecologista. Así han ido construyendo a lo largo de la historia máquinas musicales programables, aparatos que han unido belleza singular y sonidos hermosos, mecánica de apariencia mágica y espíritu predigital pese a que se programan con ordenador. Son Cabo San Roque, banda ahora reducida a dúo, y la noche del jueves presentaban su último ingenio y disco.

El disco se titula 12 rounds, como si cada canción que lo compone fuese resultado de una combate entre los dos músicos. El ingenio, una suerte de tríptico, un icono industrial de ferretería, recibe el nombre de Tres tristos trons, y hace música. Pero, atención, no hace música marciana, ni rock experimental, ni dodecafonismo metálico, ni ruidismo sino que pauta la base de canciones, canciones de estructura más o menos pop que no ocultan armonías y melodías, líneas rítmicas marcadas que se pueden asociar en algunos casos a la música de baile; en suma: canciones mondas y lirondas. Es el gran logro de Cabo San Roque, haber llegado a la canción por el camino más largo, el que parece alejarse de ella.

CABO SAN ROQUE

Sala Apolo (2)

Barcelona, 16 de octubre 2014

En su concierto de presentación hicieron broma sobre la desaparición del resto de los miembros, quienes por cierto al final aparecieron sobre escena para evidenciar que la vida artística puede separar caminos pero no romper relaciones. Repasaron las canciones de su disco, bellas instantáneas de unos Gepeto que cambiaron madera por trastos, y se atrevieron con algunas versiones, como por ejemplo una de Henry Mancini. Fueron pues unos Cabo San Roque marcando distancia de la excentricidad diciéndonos al mismo tiempo que con un peine no sólo se puede peinar. Rock, pop y una leve pátina maquinal e industrial nada inhumana para patentar que tras cualquier cachivache hay una sensibilidad musical y humana. La de Laia Torrens y Roger Aixut.