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OPINIÓN

¿Momento histórico?

Los cuatro últimos años son los peores de nuestra historia reciente, con recortes y retrocesos en todos los ámbitos

Septiembre, empieza la cuenta atrás para el llamado momento histórico. En este momento uno tiende a pensar y a reflexionar sobre qué tiene de histórico el presente para los ciudadanos de Catalunya. Creo que son los cuatro peores años de nuestra historia reciente (desde los años 80) y quizás esto sea lo que le da el carácter histórico. Hemos padecido un Gobierno que no ha gobernado y cuyo mayor afán ha sido dedicarse, en cuerpo y alma, a destruir el Estado del bienestar. Ha empeorado nuestro sistema público de salud hasta el punto de provocar muertes debidas a la insuficiencia de los recursos humanos y materiales o también complicaciones diagnósticas debidas a las largas listas de espera. El sistema educativo público, desde Infantil hasta la Universidad, se ha deteriorado de tal manera, que como en la Sanidad, solo lo sostiene la dedicación de los profesionales.

Los salarios de los empleados públicos y del resto han disminuido un 2% anual y están en la cola de los salarios de los países miembros de la OCDE. Cataluña se ha descapitalizado, el Gobierno se ha vendido todas las propiedades y empresas públicas para hacer caja, lo que representa una política de pan para hoy y hambre para mañana. Todas estas políticas de austeridad, impulsadas por el Gobierno de Mas (con el apoyo de ERC), se aplican bajo la excusa, en primer lugar, de la pésima gestión del Gobierno de izquierdas y segundo, o simultáneamente, de la política del Gobierno central. El “Madrid ens roba” ha servido de cobertura nacional-patriótica para aplicar políticas durísimas de derechas que han fulminado derechos sociales, laborales y ambientales conseguidos con mucho esfuerzo.

Se ha ido creando un clima de cabreo entre la ciudadanía que se ha organizado en diversos movimientos sociales

Desde el inicio del hachazo al Estado del bienestar se ha ido creando un clima de cabreo entre la ciudadanía que se ha organizado en diversos movimientos sociales (15-M, mareas en favor de una sanidad y una educación públicas, la PAH, etcétera) en contra de la derecha gobernante y esquilmadora que, a partir del 2012, fue derivando a una reivindicación independentista.

Ante esta situación, Mas apuesta por apropiarse de esta reivindicación y convoca elecciones, erigiéndose como el mesías que va a guiar a su rebaño a un nueva Arcadia, donde “los catalanes volverán a atar a los perros con longanizas”. Se pone en marcha la maquinaria nacionalista en todos los ámbitos: desde la política, ERC y CiU encabezan la cruzada acompañada de toda la caverna mediática pública y privada que se dedican a machacar al personal proclamando que solo hay una única salida a la crisis y a la relación con España, la independencia.

Desde la sociedad civil, aparece una organización (ANC) que actúa como estilete deformador de la realidad —la independencia como solución a todo— a través de su acción de propaganda y agitación. De esta manera, el malestar y la reacción en la calle que tendrían que ser, como en cualquier país normal, de tipo social y contra la destrucción del Estado del bienestar y el empobrecimiento de la ciudadanía, se escora hacia la movilización nacional-patriótica con el aplauso del propio Gobierno de derechas, de parte del sector empresarial y del mundo financiero, que ve cómo sus decisiones creadoras de crisis y paro no son contestadas con contundencia ni de forma masiva.

Aparece una organización (ANC) que actúa como estilete deformador de la realidad —la independencia como solución a todo—

Los dos últimos años nos los hemos pasado discutiendo si vamos a votar o no, si es constitucional o no la consulta, si vamos a desobedecer o no. Los impulsores del llamado procès sabían de sobra que el 9-N no habría consulta, pero han ido mareando la perdiz y llevando a la ciudadanía de un sitio a otro, sin reflexionar, sin dialogar, sin participar.

Durante estos últimos cuatro años, nadie puede mencionar una actuación política pública positiva, digna de ser recordada; solo nos hemos alejado más, hemos hablado menos, se está creando un enfrentamiento digno de los gravados goyescos que deriva hacia una fractura social difícil de recomponer.

Mientras la hegemonía política independentista nos va empobreciendo, el padre de la patria catalana, Jordi Pujol, confesaba que era un defraudador. Esto significa que durante 23 años creó un régimen político basado en el amiguismo y la corrupción. Su base de actuación era Cataluña entendida como su finca particular. ¿Se acuerdan de la exclamación de Marta Ferrusola al perder CiU las elecciones cuando dijo sentirse como si hubieran entrado a robarle en su casa? Sin embargo, lo que parece ser es que el que nos robaba a nosotros era su clan familiar. Eso sí, apoyado por algunos cómplices del ámbito periodístico, financiero, empresarial y social. Todo el mundo lo sabía, algunos lo habíamos denunciado en el Parlament, a la justicia y a los medios, pero la mayoría miraba hacia otro lado, ya que era mejor callar y comer.

Ésta es la triste Cataluña que nos deja el Gobierno nacionalista (CiU y ERC), y a pesar de todo algunas encuestas predicen que estas dos formaciones (sobretodo ERC) pueden ganar las próximas elecciones y hacer una mayoría que nos perpetúe en el bucle nacional-patriótico. ¿Tenemos locura pasajera o somos así?

Joan Boada Masoliver es profesor de Historia.