Una noche de buen baile

El auditorio de San Lorenzo de El Escorial acogió una estimulante noche de ballet con artistas de gran calidad procedentes del New York City Ballet

Joaquín de Luz, en el solo de David Fernández sobre música de Bach. / Jaime Villanueva

Ha sido hasta ahora la más estimulante noche de ballet de este verano. El auditorio de San Lorenzo de El Escorial registró una apreciable entrada de un público entusiasta que se preguntaba por qué algo así, con artistas procedentes del New York City Ballet, de gran calidad, se hacía una sola noche. La velada de danza discurrió con gusto y momentos de gran brillantez. No hubo los 12 bailarines prometidos en el programa, sino solamente 8. También se apeó de cartel el Dueto contemporáneo de la sudafricana Andrea Schemory (que debía bailar con el espiritoso Amar Ramasar). Con tan poca tropa, se forzó la duración con excesivas pausas y dos largos intermedios, lo que se compensó con verdadero virtuosismo y muy buen tino escénico. También se echan en falta los decorados en piezas canónicas que los necesitan, como Apollo y Who cares?: no son lo mismo sin sus esenciales elementos escenográficos.

Empezó la función con Apolo y un Gonzalo García exultante y seguro, noble y tan en estilo, que dotó de un poderoso aplomo y naturalidad a esa obra de 1928, compleja en su control y mímica; las tres musas cumplieron sus roles (Terpsícore, Polimnia y Calíope) sin llegar a su altura. Balanchine, con apenas 24 años, demostró cultura e instinto para la materia coréutica que luego creció, maduró y tuvo varias ramas estilísticas (antes había hecho ya otra obra de sustrato mitológico: El triunfo de Neptuno en 1926); hay en su lectura una estilización de lo griego repleto de sutilezas y de poesía visual que se sostiene vigente.

Amar Ramasar se mostró atento a la vez que explosivo en saltos y giros

Después Joaquín Luz (que no bailaba para el público español desde hace tres temporadas) hizo Other dances, donde exhibió su prodigiosa técnica a la vez de una madurez que se combina a la perfección con su instinto de frescura comunicativa que no ha perdido un ápice y es su secreto, su gran valor como intérprete. La mejor bailarina de la velada fue su compañera en esta obra: Ashley Bouder: segura, con un baile ligado y armónico, oye lo que baila con precisión, se lo hace sentir al público con distinción y limpieza. Other dances (1976) está íntimamente ligado a otras dos obras de Robbins hasta constituir un tríptico chopiniano: Dances at the gathering (1969) e In the night (1970) y de hecho, se reconoce un sistema sutil de autocitado y viaje circular en las maneras. Pensemos que Robbins desechó otros dos fragmentos de Chopin ya redactados con Makarova y Barishnikov (y de los que existe registro de vídeo en ensayos). Amar Ramasar logró ser el hilo con las tres solistas de Who cares? y se mostró atento partenaire a la vez que casi explosivo, en los saltos y en los giros múltiples.

WHO CARES?

Apolo: Balanchine / Stravinsky; Other dances: Robbins / Chopin; Tarantella: Balanchine / Gottschalk; Five variations on a time: Fernandez / Bach; Who cares?: Balanchine / Gershwin. Auditorio de El Escorial. 5 de agosto.

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