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Los pedales de la discordia

BiciMad, el servicio público de alquiler de bicicletas, arrancó el lunes. Su primera semana ha sido caótica y las deficiencias todavía no han sido completamente subsanadas

 Álvaro de la Rúa/ Paula Casado/ Cristóbal Manuel/ Pablo León

Lo ha conseguido. Adri Fernández tiene su abono de BiciMad, el sistema público de alquiler de bicicletas de Madrid. “A la séptima va la vencida”, comenta este ingeniero de obras públicas, que pudo obtener su abono de acceso tres días después de la inauguración del sistema. Durante toda la semana, BiciMad no ha funcionado correctamente debido a una caída de su estructura informática. Y ese problema no ha permitido a la mayoría de sus potenciales usuarios obtener la tarjeta para utilizarlo. Algunos de los que la consiguieron también sufrieron contratiempos. Solo unos pocos pudieron estrenar las blancas bicicletas de Madrid.

“Teníamos bici de montaña, de paseo o urbana. Gracias a BiciMad existe una nueva categoría: la bici florero”, resume Javi Tasio la presentación del anhelado sistema, que afecta a seis distritos de la almendra central, dentro del radio de la M-30. El lunes por la mañana, la alcaldesa Ana Botella, con ropa cómoda y unas manoletinas, inauguró las flamantes bicicletas de Madrid. “La primera capital con un sistema público totalmente eléctrico”, anunciaba orgullosa la alcaldesa tras dar un paseo por la ciudad. “Esto representa un cambio, que, poco a poco, se va a producir en Madrid. La bicicleta cataliza esa evolución que se está produciendo en la ciudad”, presentaba Botella el servicio. Pero los 1.560 velocípedos que aparecieron en la capital se han movido poco por sus calles. “He intentado utilizarlo varios días y en diferentes estaciones, pero no he conseguido nada”, se queja Inés Martínez, de 30 años.

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Un grupo de ciudadanos hace cola ante una de las bases de BiciMad.

El sueño de la bici pública duró poco; horas después del paseo de la alcaldesa comenzaron los problemas. Primero con las tarjetas. Luego, con las pantallas de las estaciones. Después, la web colapsó. Durante tres días BiciMad casi no funcionaba; solo los pocos que consiguieron el primer día su tarjeta podían disfrutar de las bicis eléctricas. “Un amigo me dijo que el tótem [como se denomina a las estaciones] de Sol estaba funcionando. Me acerqué y, aunque me tuvo que ayudar un operario, saqué el carnet. Después, probé la bici y me gustó la experiencia. Creo que va a estar muy bien”, comenta Alberto Morancos, de 27 años.

Madrid tenía muchas ganas de bicicleta. Entre 2012 y 2013, el uso de las dos ruedas creció en la capital un 17%, según el propio Ayuntamiento. “Oímos a los ciudadanos y por eso hemos lanzado el servicio”, defendía la primera edil. La bicicleta pública pretende multiplicar la inquietud bicicletera de la ciudad, pero los problemas que ha presentado han desanimado a muchos y provocado un aluvión de críticas al consistorio y a Bonopark, la empresa adjudicataria. “BiciMad recibió en los tres primeros días 2.300 solicitudes. Cuando arrancó el Bicing de Barcelona en un mes hubo 5.000 inscritos. El número de interesados ha sido tan alto que el sistema no lo ha soportado”, explica Joaquín Jiménez, director de movilidad del Ayuntamiento de Madrid desde una de las bases. “Es cierto que el número de inscritos ha sido muy alto, pero tenían que haber contado con ello”, responden algunos ciudadanos.

La idea de arrancar un servicio público de alquiler de bicicletas la lanzó el exalcalde Gallardón. Cuando parecía que iban a comenzar los trámites, se paró en seco “por un problema de presupuesto”. Antes de BiciMad hubo otro amago, pero el Ayuntamiento consideró que no era el momento adecuado. A la tercera pensaban que iba la vencida y con un mes de retraso —el sistema tenía que haber arrancado en mayo— lo inauguraron. La propuesta forma parte del Plan de Calidad del Aire y, junto a los servicios de estacionamiento regulado (SER), la gestión de las áreas de prioridad peatonal y la señalización de las calles, posee una dotación anual de cerca de tres millones de euros.

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Una usuaria del servicio público de alquiler haciendo uso de una de las bicis eléctricas.

En el consistorio no esperaban que los problemas informáticos fueran a aguarles la presentación. “Barcelona tardó un mes en estabilizar su sistema. París [otro referente en bicicleta pública], más o menos lo mismo”, defiende Miguel Vital, director de Bonopark. Los sistemas públicos de alquiler de bicicletas suelen tardar un tiempo en adaptarse a la ciudad en la que funcionan, pero en opinión de varios expertos “el número de bases con las que ha arrancado la propuesta madrileña (123) ha sido demasiado alto y ha faltado un período de prueba para haber testado la estructura diseñada” y evitar errores. Desde la empresa adjudicataria aseguran que su equipo informático está trabajando “sin descanso” para solucionar todos los problemas “lo más pronto posible”. “Y vamos avanzando. Hoy [por ayer] ha habido una caída en el número de incidencias”, dice Vital. Aunque algunos de los decepcionados usuarios mostraban cierta comprensión con los problemas presentados, otros enviaban irónicos mensajes por las redes sociales: “Gracias a BiciMad estoy sacando piernas, pero yendo de tótem en tótem buscando uno que funcione. De pedalear no es”.

Mientras las bicicletas permanecían en sus soportes, en Twitter la cosa no se quedaba en meros mensajes. Uno de los centenares de tuits enviados, con etiquetas como #BiciMad o #BiciMadNoFunciona, iba acompañado de un link. Llevaba a una página en la que aparentemente se mostraba la vulnerabilidad de la web de servicio público y la capacidad de cualquier hacker de acceder a algunos de los datos (“nombre, apellido y dirección”, según aclaraba un texto aledaño a los pantallazos) de las personas que se habían dado de alta en el sistema. “No tenemos ninguna constancia de acceso a nuestra base de datos”, aseguran desde Bonopark, que el miércoles decidió cerrar su página temporalmente. Ayer estaba funcionando de nuevo.

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Dos ejecutivos estrenando BiciMad.

Pero no solo los usuarios han alzado la voz por los problemas que se han presentado. El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Jaime Lissavetzky ha utilizado los problemas del servicio para denunciar el “colapso total de una capital que no funciona”.

“Es cierto que el lunes fue un desastre total, pero la cosa ha ido mejorando”, dice Adri Fernández. Además de ingeniero, colabora en el blog ecomovilidad.net, especializado en temas relacionados con la red de transporte de la ciudad, y está siguiendo de cerca la evolución de BiciMad. Igual que las redes sociales. “Con mi BiciMad, ¡qué pasote! Mola más que una Ducatti”, anunciaba RojoBrother su primer paseo. Las quejas y algunos problemas continuaban, pero durante la jornada de ayer, las incidencias se alternaban con mensajes de alegría de los ciudadanos que habían conseguido subirse al sillín. “Me parece que ahora mismo el sistema está en una especie de periodo de prueba”, dice Fernández. “Creo que debería haber comenzado con mejor pie, pero me parece que mucha gente ha querido sentenciarlo antes de que comience a funcionar”, añade. Parece que BiciMad está despertando de la pesadilla con la que comenzó la semana. Desde la adjudicataria aseguran que “casi el 90% de las estaciones ofrecía ayer servicio con caídas intermitentes” y esperan estar a pleno rendimiento a principios de la semana que viene. “A pesar de los retrasos ya tengo la tarjeta y mantengo mis expectativas. Los que conocemos cómo funcionan estos sistemas sabemos que siempre surgen problemas”, dice Fernández, “aunque están siendo demasiados”. “Tarde o temprano, la bici pública va a cambiar la vida de Madrid. Tarde o temprano”, concluye.

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