Qatar negocia con la familia Balañá levantar una mezquita en la Monumental

El Ayuntamiento asegura que no tiene ningún proyecto sobre la mesa

La plaza de toros Monumental, cerrada desde 2012.

Las negociaciones para levantar una mezquita en la mítica plaza Monumental de Barcelona están muy avanzadas. El grupo Balañá, dueño de la plaza, ha dado el sí quiero al emir de Qatar, Tamim bin Hamad al Zani, que ha ofrecido 2.200 millones para construir allí un centro de culto islámico, según cuenta Mowafak Kanfach, fundador de la Casa del Libro árabe en Barcelona, e impulsor del proyecto. Kanfach lleva casi dos décadas luchando para que Barcelona tenga una mezquita. Hasta ahora en la ciudad únicamente hay oratorios, que suelen tener licencias en bajos comerciales.

La familia Balañá habría ultimado ya la venta de la plaza de toros, cerrada desde 2012, según publicó ayer 20 minutos. EL PAÍS trató sin éxito de obtener la versión de dicho grupo. La última palabra para que efectivamente la plaza se convierta en una mezquita la tiene el Ayuntamiento de Barcelona, que deberá concederles la oportuna licencia. Según Kanfach, hace dos meses presentaron un “preproyecto” al consistorio. Ayer una portavoz municipal lo negó. “No tenemos ningún proyecto sobre la mesa”, dijo.

La mezquita se levantaría sobre los 10.000 metros cuadrados de suelo de la antigua plaza, lo que dependiendo del número de pisos supone un amplio aforo. Según Kanfach, podría alcanzar las 40.000 personas, lo que la convertiría en una gran mezquita. A modo de comparación, la histórica mezquita de la M-30, en Madrid, tiene 12.000 metros cuadrados, divididos en seis pisos.

De la misma manera que en la de Madrid, la intención del emir de Qatar no es solo construir un centro de culto. El edificio albergaría además una biblioteca, sala de exposiciones, un lugar para celebración de bodas, una sala de teatro o un centro de estudios. El plazo de construcción sería unos cinco años, una vez obtenida la licencia, y emplearía a unas 4.000 personas, según los cálculos de Kanfach en base al proyecto.

Hace años que la comunidad musulmana lucha en Barcelona por tener una mezquita. En la actualidad, la capital catalana solo tiene centros de culto (34 en el área del Barcelonés, según la Generalitat). “Hay que dignificar la práctica religiosa”, pide Kanfach, que teme que la intolerancia y el temor al islam lleve a la administración y a la sociedad a oponerse a la iniciativa.

Como muestra de la búsqueda de consenso y de “tolerancia”, la intención de los promotores del proyecto es construir también una iglesia católica, en los terrenos adyacentes a la mezquita, con capacidad para entre 150 y 200 personas. “Mi mala experiencia me dice que lo mejor para evitar la intolerancia administrativa es edificar una iglesia pequeñita como símbolo de la tolerancia hispánica”, insiste Kanfach.

Cataluña es la comunidad autónoma con más población musulmana. Según las cifras de la Unión de Comunidades Islámicas de España, en Cataluña viven 465.142 musulmanes, frente a las 276.787 personas de Andalucía, seguidas por las 255.088 de Madrid y las 183.526 de Valencia. Una distribución que se refleja en la cifra de centros de culto, 260 en Cataluña, 195 en Andalucía, 182 en Valencia y 109 en la Comunidad de Madrid, según los datos del Observatorio del Pluralismo Religioso en España, que se basa en cifras del Ministerio de Justicia.

“No puede ser que no tengamos una mezquita, pagada con nuestro dinero, no con dinero de los impuestos, sino con dinero de los musulmanes”, lamenta Kanfach, que no se explica que en Barcelona no haya una mezquita, como sí las hay en Fuengirola, en Marbella, en Valencia o en Madrid.

Kanfach ya negoció con el exalcalde socialista de Barcelona Joan Clos la posibilidad de levantar una mezquita en la antigua plaza de toros de las Arenas, ahora convertida en un centro comercial, pero el proyecto jamás vio la luz. Algo que teme que ocurra también ahora. Aunque asegura que el emir de Qatar está interesado de todas formas en los terrenos del grupo Balañá, por lo que da la compra por cerrada.

El presidente del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Alberto Fernández, se posicionó en contra de la iniciativa, que a su entender está en manos de unos “promotores que defienden unos principios claramente contrarios a las normas de convivencia”. A su juicio, es preocupante que una inversión de este tipo “pueda realizarse por parte de personas y países que no es que tengan unos valores que están en nuestras antípodas, sino que entran en colisión con los nuestros”.