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Los aviones antropomorfos de Riera i Aragó ‘aterrizan’ en Bruselas

El artista barcelonés inaugura este sábado una exposición con sus pinturas y esculturas en la Fundación Folon

Riera i Aragó, junto a cuatro de sus esculturas instaladas cerca de Bruselas.
Riera i Aragó, junto a cuatro de sus esculturas instaladas cerca de Bruselas.

A finales de los años ochenta, Josep Riera i Aragó (Barcelona, 1954) dio una segunda oportunidad al viejo remolcador Montserrat, en el desguace tras años de esforzado trabajo arrastrando barcos en el puerto de Barcelona: Compró parte del acero de su casco para utilizarlo en sus esculturas. Ahora, el Montserrat está repartido en un buen puñado de obras instaladas en ciudades y países de medio mundo. Son piezas como las que pueden verse estos días junto al castillo de La Hulpe, un paradisiaco lugar enclavado en un parque público de más de 250 hectáreas de gigantescos pinos y hayas, junto a la mítica localidad Waterloo, que desencadenó el fin de la hegemonía de Napoleón, y a 20 kilómetros de Bruselas. Las 10 piezas del exterior forman parte de la exposición Exploraciones que el sábado abre sus puertas en la Fundación Folon, ubicada desde el año 2000 en lo que fue la granja del castillo.

Hasta allí han viajado una veintena de obras de este artista caracterizado por crear aviones y submarinos que parecen flotar en el aire y en el inmenso océano. “Ahora los barcos se llevan a desguazar a países asiáticos”, se lamentaba Riera i Aragó, durante el último viaje para supervisar el montaje de las obras. Sus aviones antropomorfos, que apuntan con sus aspas de colores a la fachada del castillo de estilo francés, recuerdan a los que aterrizaron allí durante la ocupación nazi del país durante la II Guerra Mundial: un pasillo de un kilómetro de largo rodeado del frondoso e intenso verde del bosque y delimitado por el castillo y, en frente, un monolito dorado coronado por un sol masónico.

'Orange submarine', obra formada por variso miles de pequeños submarinos fluorescentes de Riera i Aragó. ampliar foto
'Orange submarine', obra formada por variso miles de pequeños submarinos fluorescentes de Riera i Aragó.

Son 20, pero, en realidad, las obras que Riera i Aragó ha traído al corazón de este bosque belga, representantes de su mundo de máquinas y artilugios, son muchas más. Como en la instalación 111 avions, que recibe al visitante a la entrada de la muestra, formada por 111 pequeñas obras y maquetas que Riera i Aragó ha creado desde 1984 hasta 2010, en acero, bronce, latón, cartón, hierro y plástico, y que dejan ver, como en ninguna otra obra, su evolución artística. “Son aviones, arqueros, barcas y arales que forman parte de mi colección privada, la parte más íntima de mi trabajo”, explica Riera i Aragó delante de esta instalación de la que es capaz de contar la historia de cada una de las pequeñas obras; dónde han acabado instaladas; para quién la creó; o el material con que están realizadas. La mayoría creadas con elementos recuperados, como la que cuenta con una pieza de bronce oxidado desechada de la catedral de Gante que le proporcionó su galerista belga.

111 avions está enmarcada por dos enormes pinturas: Avió cos vermell (2002) y Avions volant 1 (2013), en los que estos aparatos desestructurados y silenciosos que Riera i Aragó pinta parecen flotar en un cielo ocre, arenoso y matérico. El único ruido que parecen hacer, es el que realizan las pinceladas de color ácido, rojos, amarillos, naranjas o azules de las aspas que reclaman la atención visual del espectador. Tras pasar por una especie de camarote en el que sorprende Viaje submarino (2010), una obra formada por cinco óculos de plomo pintados en azul turquesa, otro de los colores favoritos del artista, que funcionan como ventanas bajo el mar por el que se ven unos pequeños submarinos, se llega a dos de las piezas más destacadas de la exposición, pertenecientes a la serie Espècies protegidas. Son Colores 2U (2008) y, sobre todo, Orange submarine (2007). Las dos, están formadas por varios miles de pequeños submarinos de zinc y plomo que, juntos y colocados en una especie de caos ordenado, acaban dando forma a un poliedro cuadrangular multicolor, la primera, y a un enorme submarino naranja fluorescente suspendido en alambres de acero que le dan aspecto de ingravidez (sobre todo cuando se apagan las luces de la sala), la segunda. “Son máquinas que permiten soñar en estos espacios mágicos y desconocidos, que dan una visión poética del más allá de los sueños más recónditos”, explica el artista.

Colores 2U, una de las esculturas formadas por pequeños submarinos de Riera i Aragó. ampliar foto
Colores 2U, una de las esculturas formadas por pequeños submarinos de Riera i Aragó.

Riera i Aragó ha llegado al corazón de este enorme bosque de la mano de Stéphanie Angelroth, directora de la fundación Folon, que cuenta con 500 obras donadas por Jean-Michel Folon, conocido, sobre todo, por sus portadas de The New Yorker y por sus esculturas monolíticas de bronce de hombres de largos abrigos y sombreros. “Cuando en 2011 las vi en el Museo de Ceret, me impresionó la conexión entre sus dos universos y tuve claro que tenía que exponerlo en la fundación”, explica.

Hasta el 9 de noviembre los aviones y submarinos de Riera i Aragó podrán verse en este lugar idílico, pero luego no pararán de viajar (aunque de un lugar a otro se desplacen en camión). En 2015 está prevista una gira que comenzará en un museo español y continuará por varios países europeos. “Todavía es pronto para concretar fechas y lugares”, remacha, prudente, el artista.