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El SURGE nace con polémica

El festival de teatro alternativo pretende abrirse a nuevos espacios, pero algunos participantes recelan de un modelo que se apoya en la precariedad

La compañía Provisional Danza presenta la obra Tell me en el festival SURGE.

La primera Muestra de creación escénica SURGE organizada por la Comunidad de Madrid comienza el próximo miércoles, con 444 funciones, 93 estrenos y 31 espacios de pequeño y medio formato. Números apabullantes sustentados en un proyecto de 460.000 euros en el que la Comunidad ha querido abrir la mano e incluir muchos de los nuevos espacios que han surgido en los últimos años en la ciudad, la mitad de los cuales, nunca había recibido ayudas públicas (por ejemplo, La Casa de la Portera o El Sol de York). Sin embargo, el proyecto, que crea un nuevo modelo de política cultural en la ciudad, está generando opiniones controvertidas entre los propios participantes, algunos de los cuales, aun alabando el apoyo, temen ser utilizados políticamente, echan en falta una política cultural sostenible o protestan contra la selección de obras.

El debate, así, es más ideológico que presupuestario, pues la mayoría parece estar de acuerdo con los 160.000 euros que se han dedicado a compañías y salas. El equipo organizador coordinado por Natalia Ortega y Alberto García —figuras relevantes del mundo y la gestión del teatro alternativo—, han sacado adelante un modelo que pretende “abrir el juego”. “Es un proyecto colectivo, están participando salas que nunca habían tenido contacto con la Administración, nuestra labor también ha sido explicarles cómo iba esto. Lo abrimos a muchos espacios y quisieron más de los que pensábamos; eso ha hecho que las ayudas sean menores al tener que repartirlas entre más gente. Pero creo que ahí está lo nuevo como modelo de política cultural, es un proyecto que aglutina, algo que en Madrid en años anteriores no pasaba”, explica García.

Pero entre los propios participantes, varios ya habían votado en contra de entrar en el SURGE desde la Coordinadora madrileña de Salas Alternativas. Por ejemplo, Kubik Fabrik, teatro en el barrio de Usera. Su director, Fernando Sánchez Cabezudo, explica: “Decidimos participar por decisión tomada en la coordinadora, de la que soy vicepresidente, aunque Kubik votó que no. Nos parece un evento insuficiente, sobre todo, por la situación del teatro independiente. Si existen nuevos espacios independientes, pequeños y voluntariosos, es debido a la precariedad y la falta de apoyo. La Comunidad no quiere hablar de esto, quiere hablar de una nueva movida madrileña; estamos inquietos y preocupados, no hacemos este festival para que se nos manipule y para que les vaya bien en las elecciones del año que viene. SURGE me parece un caramelo envenenado”. Cabezudo se queja también de que se gasten 460.000 euros en el festival y las ayudas para salas solo suban de 200.000 a 215.000; este año, después de varios de duros recortes, la partida general de ayudas ha subido un 30%, de 1,25 millones a 1,5 millones.

“Es una política de espejismos que no deja posos”, dice un director

“Me parece muy positivo que se incluya a las compañías y que tengan ayuda directa. Y creo que la promoción que se va a hacer es también algo que va a ayudar mucho. Ahora, esto no es una política cultural a largo plazo, es como un cheque-bono que vale por un mes, no una política que fomente y estabilice”, añade de Juan Diego Botto, director de CNC Sala Mirador, que participa en SURGE con un estreno.

“La Cuarta Pared era resistente a esta intervención, votamos no participar en la coordinadora pero salió que sí y lo acatamos”, advierte Javier Yagüe, director de una de las salas insignes de la ciudad. Y añade: “Prima lo cuantitativo sobre lo cualitativo, no hay discriminación. Prima el efecto sobre el contenido y me parece un error. Alguien tiene que ejercer el liderazgo cultural”. Al preguntarle por qué participan, contesta: “Uno no puede hacerse el harakiri e ir por libre, para eso están las asociaciones que deben establecer diálogos con las instituciones”. Yagüe considera también que el proyecto no tiene autonomía artística, como sí tenía el Festival Escena Contemporánea, impulsado y dirigido por él, pero recientemente desaparecido al retirarle la Comunidad las ayudas.

Otra de las voces críticas es la del renovado Teatro Pradillo que, sin pertenecer a la Coordinadora de Salas Alternativas —decidió salirse—, también participa en SURGE. “Es una política de espejismos que no deja posos a largo plazo en el tejido escénico. Y nos parece muy preocupante que desde lo público se institucionalice la precariedad, dando la imagen de que se puede hacer mucho pero por poco dineroy dando bandera blanca a la práctica de ‘ir a taquilla’, algo que todos, creadores, espacios y administraciones, debemos desterrar de una vez”, señalan los directores de la sala, Carlos Marqueríe y Getsemaní de San Marcos.

La Casa de la Portera pequeño espacio que lleva dos años revolucionando las tablas de Lavapiés tampoco lo ve del todo claro, su director José Martret afirma: “Que la Comunidad de Madrid decida apoyar el teatro es una gran noticia. Nosotros no hemos recibido nunca ninguna ayuda. SURGE nos parece un revulsivo pero el año que viene tiene que cambiar, no puede ser que en la obra que estamos montando con diez actores cuente con mil doscientos euros, además, la recaudación de la primera función se la tenemos que dar a la CAM. Tengo la sensación que nos han dado limosna y han jugado con la ilusión y la vocación de la gente que nos dedicamos al teatro”, concluye.

Otra forma de organizar

El Festival SURGE plantea un modelo por el cual cada sala y compañía cobran por estreno. Ambos cobran la misma cantidad, que varía dependiendo del aforo de la sala y el número de actores del montaje (el precio único de las entradas para todas las funciones es de 12 euros). Las ayudas públicas oscilan entre los 275 y los 1.700 euros por espectáculo. El requisito es que los creadores sean madrileños; las salas son las que proponen hasta un máximo de tres montajes.

La idea se completa con la Ventana del teatro, proyecto coordinado por el director teatral Darío Facal y que convocará a 20 programadores internacionales para que puedan ver una selección de obras participantes en SURGE y también de fuera del festival. El presupuesto para la Ventana asciende a 140.000 euros. El resto del dinero está dirigido a pagar a la organización (30.000), a publicidad y promoción (130.000) y los 160.000 para compañías y salas.

El festival empieza el próximo miércoles las 20.00 con estrenos en Microteatro por dinero, Sala Tribueñe, Teatro Victoria, Teatro del Barrio, la Sala Tú y la Sala Tarambana, y termina el 31 de mayo. Toda la información se puede consultar en www.madrid.org/surgemadrid.