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Uno de cada cuatro coches pagará más por aparcar para reducir la polución

Los parquímetros suben para los coches diésel anteriores a 2006 y los de gasolina previos a 2001. También se cobrará más si más del 85% de plazas en un barrio están ocupadas

Cardiopatías. Accidentes cerebrovasculares. Cáncer de pulmón. Infecciones agudas en niños. La Organización Mundial de la Salud atribuye una de cada 20 muertes a la contaminación atmosférica. En Europa “se han hecho grandes avances”, destacan sus responsables, pero aún quedan “problemas, básicamente el tráfico”. “Problemas” o, añaden, “oportunidades de mejora”. Y en lo uno u en lo otro, Madrid destaca.

La capital se ha acostumbrado a vivir bajo una caperuza de polución, originada fundamentalmente por el óxido de nitrógeno que exhalan los tubos de escape de los vehículos diésel. En 2012 (último año con datos) amainó la polución, pero sigue por encima del límite legal establecido por la Unión Europea, que tramita una multa de órdago por este motivo.

“Hay gente que seguiría yendo al centro en coche aunque triplicáramos el precio de los parquímetros”, opina una fuente municipal. Y, además, la alcaldesa, Ana Botella (PP), nunca tomaría una decisión tan tajante, temerosa de su repercusión sobre la tímida recuperación económica.

Pero para convencer a un mayor número de madrileños para que dejen el coche en casa y usen el transporte público (o, en todo caso, adquieran cuando puedan un vehículo menos contaminante), el Ayuntamiento desveló esta mañana un sistema de bonificaciones y penalizaciones en el Servicio de Estacionamiento Regulado (SER) con el que reducir el tráfico en la almendra central y mejorar la calidad del aire hasta límites, si no inocuos, al menos legales.

A partir del 1 de julio, se castigará a los coches diésel anteriores a 2006 y a los de gasolina previos a 2001 con recargos de hasta el 20% en los parquímetros. El Ayuntamiento calcula que el 24% de vehículos paguen más; el 58%, lo mismo; y 18%, menos. Además, el parquímetro calculará el nivel de ocupación de plazas en la zona a la hora de emitir el recibo, e introducirá otro recargo si quedan menos del 15% disponibles.

Castigo por contaminar. El área de Medio Ambiente, que dirige Diego Sanjuanbenito, ha dividido el parque móvil que circula por Madrid en cinco clases. La categoría A son los coches híbridos no enchufables y los que funcionan con gas (fundamentalmente, taxis); tendrán una bonificación del 20% en los parquímetros. Los coches eléctricos puros no pagan por aparcar en el SER.

La categoría B son los coches de gasolina matriculados a partir de 2006 y diésel a partir de septiembre de 2015; tendrán una bonificación del 10%. La categoría C son los coches de gasolina matriculados de 2001 a 2005, y diésel (y biodiésel) de 2006 a agosto de 2015; el precio no variará para estos vehículos. La categoría D son los coches de gasolina matriculados de 1997 a 2000, y los diésel de 2001 a 2005; tendrán una penalización del 10%. La categoría E son los coches de gasolina anteriores a 1997, y los diésel matriculados de 2001 a 2005.

Más atasco, mayor precio. El interior de la M-30 se divide en 50 áreas. En el momento de estacionar, el parquímetro tendrá en cuenta el nivel de ocupación de las plazas en la zona para imponer reducciones o recargos de precio: se pagará un 20% menos si la ocupación es muy baja (hasta el 30% de plazas disponibles) y un 10% menos si es baja (del 30% al 60%). Se pagará lo mismo si la ocupación es media (del 60% al 85%). Y se impondrá un recargo del 10% si es alta (del 85% al 95%) y del 20% si es muy alta (superior al 95%).

Rebaja a los residentes. El precio de la tarjeta verde para residentes se congela para los coches más contaminantes y se abarata para el resto. Los vehículos de categoría C, D y E seguirán pagando 24,60 euros al año; los de clase B tendrán una bonificación del 10% y pagarán 22,15 euros al año; y los de clase A, una bonificación del 20% y un pago de 19,70 euros anuales. La nueva ordenanza de movilidad, aprobada hoy, designa además 1.354 plazas de rotación (azules) como ámbito de larga estancia (a modo de aparcamiento disuasorio en la periferia), donde se podrá estacionar hasta 12 horas con una tarifa máxima de seis euros. En el resto del SER, se amplía el plazo máximo de estacionamiento a dos horas en las plazas de residentes y cuatro en las azules.

La crisis no afecta al SER. El tráfico disminuyó en la almendra central un 5,3% en 2012, fundamentalmente por la crisis. Eso mejoró la calidad del aire: de las 24 estaciones de medición, ocho superaron el tope anual legal, frente a las 15 de 2011. El uso del transporte público se incrementó, principalmente por la dificultad o el coste de aparcar. Pero la ocupación de plazas del SER se mantuvo en el nivel de años anteriores (94%), pues el hueco liberado por la crisis fue ocupado por aquellos que hasta entonces aparcaban de forma ilegal.

Sin beneficio económico. El SER es una tasa neutra: la recaudación se gasta en vigilar su cumplimiento. Hasta ahora, costaba unos 74 millones de euros anuales y reportaba cerca de 78 millones, de los que de 72 provenían de los parquímetros. Su función es disuasoria. Con ese objeto, Botella encareció un 10% los parquímetros en 2012 en el centro (“zona de bajas emisiones”). Además, alargó una hora el servicio, hasta las nueve de la noche.

Solo dentro de la M-30. El pasado lunes, Botella anunció que quitará los parquímetros fuera de la M-30. Eso afecta a las 2.334 plazas (todas para residentes) en el casco histórico de Carabanchel, Fuencarral y Hortaleza. Meses antes, había avanzado sin embargo la creación de 6.000 plazas en el entorno del paseo de la Florida y de la calle de Justo Dorado, próxima a la Complutense. En la actualidad, hay 170.000 plazas en todo Madrid, tres de cada cuatro para residentes (verdes).