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La mina que reventó en Carballo recibió 60.000 euros de ayudas ambientales

Los vecinos alertaron del peligro hace un año, con la cantera recién cerrada

Terrenos de la cantera de cuarzo

El 25 de septiembre de 2012, un juzgado de Valencia declaró el concurso de acreedores de la empresa Leitosa, SA, y, en lo alto del monte Neme, entre Carballo y Malpica, lo que quedó fue un paisaje lunar, arrasado, con taludes de 40 metros y varias balsas mineras sin proteger ni sellar. Los enormes cráteres, lagos de escombro y agua turbia de un engañoso turquesa que se vuelve lechosa y densa cuando se remueve, amenazaban casi desde el primer día con rebosar. En el Boletín Oficial del Estado y el Diario Oficial de Galicia, aparecen, no obstante, sustanciosas subvenciones económicas para la compañía minera en los años anteriores. Leitosa, SA, recibió del Igape en 2003 y 2004, respectivamente, una “ayuda financiera” de 403.220 euros y otra de “apoyo a la continuidad y mejora competitiva” por 123.654. Por cuenta de la Dirección General de Política Energética y Minas, según publicó el Gobierno central entre 2008 y 2010, la explotación de monte Neme, ahora en fase de liquidación, obtuvo otras tres subvenciones: una de 10.430 euros para “exploración e investigación geológica” y dos más, de 21.890 y 37.803, cuya finalidad era, al menos sobre el papel oficial, la “mejora del medioambiente”.

Los vecinos titulares de los terrenos en los que se asienta la cantera de cuarzo abandonada y el gobierno local de Carballo denunciaron el peligro evidente a principios de 2013, la Xunta se comprometió a buscar soluciones, pero luego dejó de llover, y el riesgo de riada quedó olvidado en algún cajón. Sin embargo, con la sucesión sin tregua de temporales de este año, una de las balsas mineras, que desde aquellas fechas se veía claramente débil y agrietada, reventó en la madrugada del pasado día 10 causando una avalancha de lodo que acabó llegando a Aviño (Malpica) y Razo da Costa (Carballo), después de arrasar los árboles del monte, engullir pistas y fincas privadas, y sepultar con los áridos arrastrados una carretera que quedó cortada varias horas. La “lotería”, dijo aliviado aquel día el alcalde de Carballo, Evencio Ferrero (BNG), fue que lo que vomitó la balsa rota se dividió, tomó dos rumbos diferentes ladera abajo y llegó debilitado al muro de la primera casa. Esa misma tarde, la Consellería de Industria anunció al fin medidas urgentes. La Cámara Minera, según ha publicado La Voz de Galicia, cifra los daños en 1,5 millones, pero ahí no se contemplan las posibles consecuencias sobre la salud. Salvemos Cabana ha pedido a Sanidade que analice el agua de las balsas. El colectivo ecologista avisa de los residuos tóxicos que podrían acumular los “más de 24.000 metros cúbicos” que se vertieron, después de “60 años de actividad” en una mina que en tiempos fue de wolframio y estaño.

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