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La vuelta del “hazlo tú mismo”

Los asiduos al Mercado de la Buena Vida pueden comprar los productos todas las semanas

Los clientes pueden consumir alimentos ecológicos y, además, aprender a fabricarlos

David y Kevin enseñan a cinco jóvenes cómo fabricar cerveza casera Ampliar foto
David y Kevin enseñan a cinco jóvenes cómo fabricar cerveza casera

Cuando entramos en un bar y pedimos una cerveza, estamos acostumbrados a que nos pongan el botellín delante y bebérnoslo. Los inicios de esta actividad tan sumamente cotidiana se remontan, sin embargo, a la prehistoria, cuando una solitaria semilla de cebada cayó en la arena y gracias al agua y al sol comenzó a fermentar. “Un troglodita pasó por allí, metió el dedo, probó y dijo: ‘Esto está bueno”. David Amate ríe ante su propia definición del origen de la bebida rubia. Cinco jóvenes le observan con curiosidad. Durante las próximas tres horas, David y su compañero Kevin, ambos empleados de Cervezas Domus, enseñarán a los chicos cómo elaborar cerveza en casa. Solo hace falta agua, levadura, lúpulo, extractos de malta (los kits se pueden adquirir en tiendas especializadas o a través de internet) y una buena dosis de paciencia. “La primera fermentación dura diez días; la segunda, mes y medio”, expone Kevin.

Con esta premisa, la de volver a los orígenes, aprender a hacer las cosas por nosotros mismos y, de paso, ganar en calidad de vida, surge la Escuela del Buen Vivir. Ayer, día de la inauguración, tocaba cerveza. El programa incluye, sin embargo, todo tipo de propuestas: desde hacer pan, pizza al más puro estilo italiano o conservas de pescado y carne, hasta aprender a mantener un huerto en la ciudad o fabricar un horno solar con una caja de cartón. “Yo tengo uno en la terraza de mi casa y te aseguro que funciona”, comenta entusiasmada María Álvarez, una de las promotoras de la iniciativa.

Próximos talleres

22 de febrero. Cómo hacer pan artesano

5 de marzo. Cómo hacer pan sin gluten

15 de marzo. Cómo hacer "pizza a la romana"

19 de marzo. Taller de cerveza artesana

9 de abril. Cómo hacer quesos curados

Antes de dedicarse a la comida ecológica y a los experimentos con energía solar, esta mujer de 31 años trabajaba como asesora de comunicación. Un día sencillamente se dio cuenta de que no estaba satisfecha con su rutina. “Los de mi generación crecimos con el modelo de estudia mucho, encuentra un buen trabajo, cásate, cómprate una casa y ten hijos. La crisis ha tirado eso por tierra; pero también ha servido para darnos cuenta de que la calidad de vida cada vez tiene menos que ver con el dinero que ganamos y más con las experiencias que vivimos y con la manera que tenemos de gestionar nuestro tiempo”.

Con las mismas, la treintañera se asoció con Elena García, licenciada en Bellas Artes y antigua compañera de colegio, y juntas decidieron apostar por el Mercado de la Buena Vida, un espacio en la calle Gobernador, en el barrio de Las Letras, donde, desde febrero del año pasado, cerca de 20 artesanos —en total son un centenar que va rotando— se dan cita el primer fin de semana del mes para despachar sus productos, que van desde apios y naranjas hasta chocolates y chorizos. David y Kevin forman parte de ese elenco; cada día que van venden cerca de 450 litros de cerveza.

El éxito del Mercado de la Buena Vida, que desde su inauguración ha recibido a cerca de 30.000 visitantes, fue lo que animó a estas dos emprendedoras a ir un paso más allá y crear la escuela. “El motor de esta expansión fueron las cestas de comida”, explica Elena. Y es que mientras David alecciona a sus pupilos en la alquimia del cerveceo, los consumidores habituales (o no) del mercado se pasan por allí para recoger cajas con productos previamente encargados por internet. “Los clientes pueden comprar alimentos ecológicos todas las semanas [los paquetes van de 12 a 25 euros]. Los productores también salen ganando: venden más sin necesidad de pasarse siempre por aquí”. ¿Y ellas? “Estamos muy contentas. Esperábamos vender unas 50 cajas, pero hemos superado el centenar. Y solo es el primer día”.

Las cestas de comida dieron paso a los talleres; los talleres a la zona infantil (mientras unos aprenden y otros pasan a recoger el pedido, hay familias con niños pequeños, no llegarán a los tres años, jugando en una sección habilitada para ello); la zona infantil a la open kitchen (pagas un par de euros y puedes beber tanto café como quieras). En este recinto diáfano de 300 metros cuadrados, en esta Escuela del Buen Vivir, hay espacio para todo.

—¿No teméis perder el foco? Esto resulta un pelín caótico.

—Cuando innovas tienes que generar caos para poder ordenar. Aún estamos experimentando, proponiendo cosas a la gente y viendo cuáles tienen mayor aceptación. Si alguna no funciona, la descartaremos.

Caótico o no, lo cierto es que los alumnos se marchan con una sonrisa; contentos, parece, en su primer día de escuela.