La nueva cara del Bernabéu

El Madrid elige el proyecto de un estudio alemán para reformar su estadio

Primer diseño del estadio Bernabéu realizado por la empresa alemana GMP Architekten y los estudios L-35 y Ribas&Ribas.

Ya hay ganador del concurso organizado por el Real Madrid para construir un nuevo estadio Santiago Bernabéu. Se trata del proyecto presentado por la empresa alemana GMP Architekten y los estudios L-35 y Ribas&Ribas. Los perdedores han sido los equipos formados por Rafael Moneo y los suizos Herzog & de Meuron; Norman Foster y Rafael de la Hoz; y Carlos Lamela y Populous.

Todos los arquitectos recibieron ayer una llamada del Madrid en la que se les comunicaba la decisión. El club publicará oficialmente en los próximos días, previsiblemente este viernes, el nombre de los ganadores y los detalles del proyecto.

Han sido dos años de idas y venidas en torno a un concurso que ha tenido cierta controversia. Para empezar, se convocó en dos veces. La primera versión de los proyectos se presentó en septiembre de 2012. El club dio a conocer las maquetas a los socios, pero ninguna de ellas acabó por ser definitiva. Una nueva idea había surgido en el club: además de convertir el estadio en una imagen mítica de la ciudad, el nuevo coliseo debía servir también como forma de aumentar drásticamente los ingresos del Real Madrid, a la manera de otros estadios del mundo, sobre todo estadounidenses, donde la media de consumo de un espectador dentro del estadio es de más de 10 euros. En el Bernabéu son solo 0,8.

Con ese nuevo concepto, el club acudió nuevamente a los arquitectos para que rediseñaran sus proyectos iniciales. Los profesionales debían proponer sus nuevas ideas adaptándolas a la construcción de un hotel, un centro comercial y a la colocación de un espacio para el patrocinador. Ese ha sido para el presidente, Florentino Pérez, uno de los escollos con los que se ha encontrado: encontrar una empresa que financie el proyecto —200 millones de los 400 que costaría el nuevo estadio— a cambio de sustituir con el nombre de la marca el de Santiago Bernabéu o, al menos, añadir su marca como apellido al estadio.

Con esas premisas, los arquitectos presentaron sus nuevos diseños antes del verano de 2013. Algunos de ellos, como el de Lamela, otorgaban escasa rentabilidad al centro comercial o ponían pegas al posible rendimiento económico que saliera del hotel. Pero todos habían apostado por diseñar, además de un estadio, un lugar que sacara más rendimiento económico. El diseño de Carlos Lamela y Populous tenía previsto dar 82 millones sobre los 40 que ya da el estadio; el de Foster y de la Hoz señalaba unos ingresos adicionales de 76 millones; el de GMP, 52; y el de Moneo, 45.

Aquí entra el otro asunto polémico de este concurso. Una fuente que conoce el proceso desde el principio señala que el club modificó esas cifras en un estudio encargado a la consultora Bovis. Esta empresa redactó un informe previo en el que se señalaba las diferencias económicas de cada uno de los estudios, pero en la redacción final, según esa misma fuente, asegura que todos los proyectos presentan la misma rentabilidad. Otra fuente distinta que conoce ese informe confidencial matiza que solo se trataba de proyecciones de los arquitectos y que finalmente han sido los técnicos del club los que han hecho las valoraciones finales.

El principal valedor del proyecto de GMP ha sido el propio Florentino Pérez. Da la casualidad de que uno de los arquitectos que ha diseñado con la empresa alemana el estadio, el arquitecto catalán Josep Ribas, es socio del Barcelona, algo que tampoco gustaba a otros directivos del club. Otras opiniones en la entidad optaban por que el nuevo estadio fuera asociado a una firma de prestigio internacional como Moneo, Foster o Herzog, arquitectos que finalmente han resultado perdedores.

El sueño de Florentino Pérez estará definitivamente en manos de GMP Architeckten. La empresa alemana es conocida por su participación en el diseño de estadios para el Mundial de Sudáfrica y está considerada una especialista en grandes coliseos.

A falta de la información que dé el club esta semana, quedan algunas incógnitas que aún deben despejarse. Para empezar, la forma de financiación y si el Madrid ha encontrado un patrocinador. También se dará a conocer si la rentabilidad económica es la esperada y si el estadio contará definitivamente con un hotel y con un centro comercial para hacerlo rentable tal y como exigía Pérez.

Además de todo eso, Bruselas estudia el convenio firmado entre el Real Madrid y el Ayuntamiento de la capital en 2011. El acuerdo permitió al Madrid conseguir una parcela —con una edificabilidad de 12.000 metros cuadrados— entre el estadio y la Castellana gracias a un intercambio de fincas con el Consistorio. La justicia española ha validado por ahora la operación, pero la Comisión Europea investiga si se trata de una ayuda pública encubierta.

Otro problema añadido sería el posible aumento del aforo máximo permitido dentro del futuro estadio. Todos los proyectos señalaban que para dar la rentabilidad exigida había que colocar entre 5.000 y 7.000 espectadores más, algo que no está previsto en el Plan General de Ordenación Urbana.

En cualquier caso, el estadio cambiará por completo la fisonomía de la Castellana y tratará de convertir el coliseo en una nueva experiencia para quienes vayan a los partidos. Ese es el plan que trazó el club y eso es, en teoría, lo que les han conseguido los arquitectos alemanes y catalanes. Aun así, queda el malestar de los perdedores y de algunos personas que han seguido el concurso desde el inicio.

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