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Navidad de mercadillo

El centro está tomado por puestos callejeros. Ante las quejas de vecinos, comerciantes y oposición, el Ayuntamiento defiende una tradición que cubre la falta de otras actividades

Mercadillo de adornos de la plaza Mayor. / Carlos Rosillo

“Por favor, señora, ¿ha visto usted a un niño solo, así como perdido?”, pregunta el abuelo, José Isbert, a una castañera de la plaza Mayor. “¡Hay que encontrar a Chencho!”, exclama, buscando desesperado entre los puestos del mercadillo navideño a su nieto de dos años, extraviado entre el gentío. “Ese es el estrés que vivimos a diario, y durante un mes, las familias con hijos que vivimos en el centro. Una cosa es acercarse un día, y otra muy distinta este agobio de gente que nos impide disfrutar de las vacaciones”, explica Carmen. La asociación de vecinos de Ópera-Austrias, de la que forma parte, no se opone a los mercadillos navideños, “una tradición bonita a mantener”, pero cree que “hacerlos pivotar en una sola zona genera incomodidad a los vecinos”.

En estas fechas, la práctica totalidad de plazas del centro alberga tenderetes de baratijas, dulces, artesanía o ropa. Los comerciantes se quejan de competencia desleal, y alertan de controles sanitarios insuficientes en la venta de alimentos. El Ayuntamiento defiende que, sin mercadillos, las calles estarían “desangeladas”. “Es una tradición, a la gente le encanta, tiene alicientes como tiovivos y pistas de hielo, y a la ciudad no solo no le cuesta ni un euro sino que gana dinero”, cree el edil de Centro, David Erguido (PP).

Trineos en Luna

En Callao se instala desde hace años una tienda de regalos con una pista de hielo y un enorme abeto (prácticamente el único de Madrid, puesto que el Ayuntamiento ha vendido a marcas comerciales los conos con los que sustituyó estos árboles navideños). En la plaza de la Luna hay otra pista de hielo y una de descenso en trineo. En Santo Domingo, una treintena de puestos de ropa y alimentos. En la plaza de España, una feria de artesanía. En la de Oriente se ha instalado por primera vez un tiovivo, otra pista de patinaje y una fila de casetas de churrerías, etcétera. En Ópera hay un mercadillo de dulces. En Jacinto Benavente, otro que remeda un pueblo medieval. En la plaza Mayor, el tradicional mercadillo de adornos; y al lado, en Santa Cruz, otro de artículos de broma. “Y se nos ha quedado alguna plaza libre porque no la quería nadie, como Lavapiés o Tirso de Molina”, añade Erguido.

Un detalle del tiovivo instalado en la plaza Mayor. / Carlos Rosillo

Los mercadillos los organizan empresas que toman prestado el espacio, y montan y alquilan los puestos a quien esté interesado. El Ayuntamiento cobra una tasa por utilización privativa o aprovechamiento especial del dominio público, con la que en 2013 espera ingresar 1,8 millones por la colocación de puestos. Las terrazas suponen, en comparación, 7,5 millones. “Se pone en manos privadas la explotación del espacio público”, denuncia el edil de IU Ángel Lara.

"Los mercadillos se adjudican sin oferta pública a empresas concretas, que revenden los espacios obteniendo pingües beneficios", añade Lara. El Ayuntamiento obtiene entre 20.000 y 50.000 euros por mercadillo, según Erguido. "Los ingresos no están mal, pero no lo hacemos por eso sino para tener una Navidad atractiva. Sin mercadillos, las calles estarían desangeladas, se hablaría de la decadencia de Madrid. La gente está satisfecha, se ve en las redes sociales, y los vecinos también, porque así se ahorran el botellón. La ocupación inteligente del espacio público a veces es la solución para determinados problemas", añade el edil.

"Los mercadillos tienen su sentido si ofrecen productos de valor añadido, como los de artesanía, y en plazas que necesiten cierta reactivación, como Tirso de Molina o el Carmen. Lo que no entendemos ni apoyamos es la comercialización del espacio público con fines básicamente recaudatorios, que es lo que está sucediendo, teniendo en cuenta además que se perjudica al comerciante establecido. En el término medio está la virtud, y en este caso nos tememos que al Ayuntamiento se le ha ido la mano", critica sin embargo el portavoz de UPyD, David Ortega.

Puestos en la plaza de Santo Domingo. / Carlos Rosillo

Lara (IU) coincide en que los productos de los mercadillos no son en general de calidad. "Nos son mercadillos de artesanía, sino de gente que compra una mercancía y luego la revende más cara", incide Florencio Delgado, de la Federación de Comerciantes y Vecinos del Centro. Critica la competencia desleal, su aspecto cutre y descuidado, y la falta de medidas sanitarias. "Son feos y no venden nada original", abunda Javier Ollero, presidente de la Federación de Mercados.

"Están más cuidados que nunca; no llegamos al nivel de algunas ciudades alemanas o francesas, pero gustan bastante", replica Erguido. "¿Que los adornos son de cartón piedra? Es que no había dinero para mármol", añade irónico. Ollero sugiere sin embargo que los puestos comerciales podrían instalarse en el espacio libre que queda en los mercados municipales. La asociación de vecinos de Ópera aboga por "una mayor descentralización". "Es cierto que son tradicionales del centro, pero la oferta crea la demanda, podrían buscarse fórmulas, potenciar otras zonas o incluso colocarlos en Matadero", explica la asociación.

Esa propuesta de descentralización coincide de hecho con las directrices del nuevo Plan General de Ordenación Urbana que prepara el gobierno municipal, y que aboga por crear centros de actividad social y comercial en cada distrito que supongan una alternativa al casco histórico. "La tradición no me la he inventado yo, la gente se mueve en función de los atractivos y el centro gusta porque es bonito", explica Erguido, que niega además que la zona se colapse en Navidades. "Solo ocurrió puntualmente en el puente de la Inmaculada, cuando hubo que cerrar el metro de Sol. Pero fue porque vino mucha gente de otros lugares de España. No se registró ni una intervención del Samur. Y hubo comerciantes que ese fin de semana facturaron una quinta parte de lo que en todo el año", añade.

"El PP quiere que el turismo vuelva a los años 60", denuncia sin embargo el concejal socialista Gabriel Calles. En su opinión, el mercadillo instalado a solo unos metros del palacio de Oriente daña la imagen de la ciudad. "Artesanía no es. Son productos chinos, una churrería y dos cafeterías, con un vallado que parece un corral", señala.

Erguido asegura que contó con el visto bueno de la Comisión para la Protección del Patrimonio, regida por Comunidad (PP) y Ayuntamiento (PP). Pero Calles señala: "Un turista ahora no puede hacer una foto del Palacio Real, ni de la Plaza Mayor, ni de la plaza de Ópera. Esto es una masificación de quioscos de hostelería, no es una feria de artesanía". Sea lo que sea, hasta después de Reyes, el centro de Madrid seguirá tomado por los mercadillos. Cuiden de Chencho.

Fuente: elaboración propia.

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