Sin alma

El Ballet Nacional de Polonia baila correctamente, pero a su danza es demasiado académica

Hace unos días, los amantes barceloneses de la danza vieron cómo el escenario del Tívoli quedaba pequeño ante la grandeza del Ballet Nacional de Cuba, al igual que sucedía con el del teatro Victoria tras el paso del Víctor Ullate Ballet. En cambio, el pasado jueves el del Gran Teatro del Liceo le vino grande al Ballet Nacional de Polonia. No son cuestiones espaciales sino artísticas. La formación polaca baila correctamente, pero a su danza le falta alma, es demasiado académica y sus intérpretes carecen de personalidad escénica, si bien exhibieron una limpia ejecución y el elenco femenino, superior al masculino, unas seguras puntas.

Bajo el nombre de Bach danses, la compañía presentó cuatro piezas de distintos coreógrafos, todas con música del genial compositor, que fue interpretada en directo por la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo, dirigida por el polaco Jakub Chrenowicz.

La coreografía que el Ballet Nacional de Polonia atacó con más dinamismo fue In light and shadow, colorista y fluida pieza de corte contemporánea firmada por el director de la compañía, Krzysztof Pastor. Comienza con un intenso paso a dos con la música de Air de las Variaciones Goldberg, BWV 988, para seguir con un trabajo interpretado por toda la compañía, arrullada por la Suite para orquesta núm. 3 en Re mayor, BWV 1068. Atractiva la combinación de colores del vestuario, de la diseñadora inglesa Tatyana van Walsum.

BALLET NACIONAL DE POLONIA

Bach Danses. Música de Johan Sebastian Bach, interpretada por la Orquesta del Gran Teatro de Liceo dirigida por Jakub Chrenowicz. Coreografías: Emili Wesolowski, Georges Balanchine, Ed Wubbes y Krzysztof Pastor. Gran Teatro del Liceo. Barcelona. 24 de octubre

La función había comenzado con la coreografía The kisses, de Emil Wesolowski, que ejecutaron seis parejas y un solista. La danza recrea los apasionados versos de la poetisa polaca contemporánea Halina Poswiatowska. La académica interpretación no caló: faltó pasión. Le siguió la coreografía de Georges Balanchine, Concerto barocco (1941), con música del Concierto para dos violines en re menor, BWV 1043, bella y matemática pieza interpretada con respeto al estilo, pero con demasiada cautela.

Una de las coreografías más esperadas era The green, del holandés Ed Wubbe, con música de Herr, unser Herrscher, coro de la Pasión según San Juan, BWV 1043, interpretada por el Coro del Liceo, con dirección de José Luis Basso. La pieza evidenció un elenco masculino inmaduro que no supo dar lucimiento a la coreografía; al contrario, la empequeñecieron. El baile careció de gesto y temperamento, como casi todos.

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