El laboratorio de los jóvenes del PP

Nuevas Generaciones busca a su próximo líder con un proceso “regeneracionista” y de primarias como el que propugna ahora Aguirre. Los tres aspirantes trabajan en el sector público

En primera fila, de izquierda a derecha, David Álvaro, Ana Isabel Pérez y Antonio José Mesa. / uly martín

No le habría salido mejor ni aunque lo hubiera planeado. El casi desconocido Antonio José Mesa cogió la foto de Luis Bárcenas, el hombre maldito del PP que tuvo su despacho cuatro plantas más arriba, y la rompió en pedazos justo cuando le enfilaban las cámaras de los fotógrafos —con permiso para entrar en la sala solo durante los primeros cinco minutos del debate. La prensa siguió desde la pantalla de plasma de la planta baja—.

Todo un golpe de efecto en Génova 13, sede nacional del Partido Popular. Mesa tuvo sus quince minutos de gloria al día siguiente con su impactante puesta en escena. “Los compañeros del PP echan de menos muestras de vergüenza por Bárcenas”, declaró el joven el viernes a EL PAÍS, aún sorprendido por el revuelo.

Por primera vez en su historia, Nuevas Generaciones de Madrid busca un líder (o lideresa) en un proceso abierto de primarias con tres candidatos que se han volcado, sobre todo, en las redes sociales. Los 4.300 militantes de su sección juvenil —sus miembros tienen entre 16 y 29 años— pueden elegir el fin de semana que viene a uno de ellos como sustituto del actual presidente, Pablo Casado.

Todos son licenciados y han tenido (o mantienen) experiencia laboral fuera de la política. Los candidatos son el citado Mesa, de 28 años y quinto teniente alcalde en el Ayuntamiento de Getafe; David Álvaro, presidente de Nuevas Generaciones (NNGG) en el distrito de Tetuán y asesor en la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid a sus 27 abriles y Ana Isabel Pérez, una joven de 26 años que que compagina su labor como concejala de Torrejón de Ardoz —un cometido por el que cobra dietas pero no sueldo— con su trabajo en el departamento de Recursos Humanos del Instituto Cervantes.

Tres jóvenes candidatos

Los tres aspirantes a dirigir las Nuevas Generaciones son licenciados y trabajan en el sector público.

Antonio José Mesa, de 28 años, es teniente de alcalde de Getafe. Su sueldo asciende a 3.000 euros netos al mes, según publica el Ayuntamiento

en su web.

Ana Isabel Pérez, de 26, renunció

a estar liberada como edil en el Ayuntamiento de Torrejón. No cobra sueldo. Percibe unas dietas que suponen unos 900 euros netos mensuales, según sus estimaciones, a los que suma 700 por su trabajo de técnico de Recursos Humanos del Instituto Cervantes.

David Álvaro, de 27 años, es asesor desde 2012 en la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid, que dirige Salvador Victoria. Declina facilitar su sueldo.

En su primer cara a cara, que duró una hora y contó con más de 200 asistentes, intentaron abanderar tres mensajes para “recuperar la confianza perdida de los ciudadanos” y “ser un modelo de transparencia” como propugna la ponencia del reglamento de organización que también debatirán durante el próximo congreso.

Antonio José Mesa, que a los 16 años asumió responsabilidades en la promotora familiar, escenificó la ruptura con la corrupción y la honradez de los políticos rompiendo la imagen del extesorero.

Ana Pérez defendió que la clase política debe estar conectada con la realidad pidiendo que las filas de los partidos no sean “una agencia de colocación” ni un “coladero” para los que aterrizan en un cargo público sin haber trabajado en otro sector. Luego explicó a este periódico que ella misma ha encadenado “contratos basura” en su carrera.

David Álvaro, que se sacaba un dinero como camarero los veranos y se fue a Dublín “sin un duro” a trabajar y aprender inglés, defendió un partido orgulloso y pidió que se acabe con “la vergüenza” y el ir “con la cabeza gacha” por ser militante del PP “ante aquellos que llaman a asaltar el congreso”. El presidente de NNGG en Tetuán se afilió tras “el asedio a las sedes del PP” que tuvo lugar tras el atentado del 11- M.

El debate de las primarias reaparece de forma intermitente en los dos grandes partidos. Hace apenas unos días, una joven militante castellano manchega le pidió a Rubalcaba, nerviosa y entre risas: “Necesitamos primarias ya”. Y añadió: “el PSOE en este momento no representa esperanza de cambio”.

En el Partido Popular, la que encabeza la propuesta ahora es la expresidenta regional Esperanza Aguirre, que se retiró de la primera línea política en septiembre de 2012 tras 30 años encadenando cargos públicos. “Con el actual sistema que impera en los partidos a la hora de designar a los candidatos a las elecciones resulta que, para lograr ser candidato, es más importante cuidar a los líderes y a las cúpulas de los partidos, que son los que elaboran las listas, que ocuparse de los ciudadanos, que son los que votan”, escribió Aguirre hace un mes en un artículo titulado Ha llegado la hora, colgado en la web oficial del PP de Madrid. Unos días después se convocó el congreso de Nuevas Generaciones de la región, previsto el próximo 26 de octubre en Alcalá de Henares, con el lema “un militante, un voto”. Aguirre siguió en primera fila, con el portavoz del PP en la Asamblea Íñigo Henríquez de Luna, el debate a tres celebrado entre los aspirantes a presidir Nuevas Generaciones. “No había conocido eso en el PP de Madrid”, dijo a la salida, tras destacar que había sido un debate “sólido, educado y de ideas” y admitir, en tono jocoso, que era “bastante posible” que los candidatos le hubieran hecho la pelota, porque todos la interpelaron varias veces como referente y como ejemplo.

El proceso incluye las primarias —que ya se contemplaban en los estatutos pero que nunca se han utilizado— y otros aspectos, incluidos en la ponencia del reglamento de la organización. Entre las novedades, limitar a dos mandatos tanto la presidencia de Nuevas Generaciones como la de las distintas sedes locales y de distrito, impedir que los representantes cobren más de dos sueldos públicos y la inclusión como “ infracción muy grave” de la corrupción en el ejercicio de cargos públicos “o de partido”. Los jóvenes del partido tendrán también un comité de ética y la obligación de que todas las decisiones de la organización se tomen “de manera transparente”.

A finales de septiembre, el municipio de Quijorna, gobernado por el PP, albergó en un colegio público un mercadillo en el que se vendían banderas y material franquista y nazi. La Fiscalía anunció una investigación y llovieron las críticas contra la alcaldesa, del municipio de 3.000 habitantes, Mercedes García, a la que el Partido Popular mantiene en el puesto. El reglamento de organizacion de las juventudes del PP incluye un artículo que condena “cualquier régimen dictatorial o autoritario presente, pasado o futuro, que suprima o limite los derechos y libertades de los ciudadanos, así como el uso de todos los símbolos que lo representen”.

El exconsejero de Economía Percival Manglano —que llegó a la primera línea política de la mano de Aguirre y salió de ella semanas después que la presidenta— sigue muy de cerca el proceso de primarias de Nuevas Generaciones, que resume en su blog con un elocuente “los jóvenes del PP dan una lección a sus mayores”. Manglano, autor de un libro sobre regeneración política titulado Pisando charcos, considera que el proceso abierto en Madrid sirve para “demostrar que son capaces de regenerarse desde dentro y con más democracia interna, como intentan desde fuera movimientos como el 15-M con métodos que a veces rozan la imposición”. “Una de las ventajas de no tener un puesto institucional, es que dispongo de mayor libertad para decir y hacer ciertas cosas y ahondar en este tipo de debates”, explica tras admitir que su actitud despierta recelos en las filas del PP.

El laboratorio de los jóvenes del PP, que abrirán en su próximo congreso la brecha que señala Aguirre, también provoca inquietudes. “A quienes no tienen oficio ni beneficio y están en política les está entrando el miedo y se inventan trabajos”, admite una representante del comité ejecutivo del PP de Madrid. El proceso de primarias, a su juicio, es más un mensaje “en clave interna” para los veteranos y para combatir la imagen “extendida entre los ciudadanos” del político que no ha hecho nada fuera. “El tópico del concejal joven, que aparca su BMW en la puerta y llega al puesto sin voluntad política y casi sin saber expresarse nos ha hecho mucho daño”, admite esta fuente.

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