La calle por la que no pasa el cartero

Los vecinos de Francisco Álvarez viven a unos 200 metros de la Cañada Real

Correos no entra y la basura se retira cada dos semanas por la falta de seguridad

Calle Francisco Álvarez, junto a la Cañada Real. / Claudio Álvarez

En la calle de Francisco Álvarez, en el distrito de Villa de Vallecas, prácticamente solo entran sus vecinos. Gente corriente que se enfrenta a sus hipotecas, lleva los niños al colegio y tienen trabajos normales. Pero ni el servicio de Correos ni los taxis se atreven a adentrarse en este enclave urbano situado entre la M-50 y la Cañada Real. El camión de la basura lo hace una vez cada 15 días, según los residentes. Y todo ello a pesar de que las 40 familias que allí habitan pagan todos los impuestos municipales pertinentes como el de bienes inmuebles (IBI) o la tasa de basuras.

¿Qué les impide disfrutar de los servicios más esenciales? El vivir a escasos 200 metros del llamado Sector 6 de la Cañada, a la altura de la incineradora de Valdemingómez. O lo que es lo mismo, el principal mercado de droga de la región y uno de los mayores de España. Para entrar en la calle de Francisco Álvarez hay que atravesar obligatoriamente el Sector 6 o bordearlo dando un rodeo de kilómetros por un camino de gravilla. No hay escapatoria.

Este periódico ha podido comprobar lo que es intentar llegar en taxi a esta calle de la capital. Tras avanzar unos metros, el taxista se niega a continuar. “Yo ahí no entro, te bajas aquí”, dice. El camino está embarrado y salpicado de jeringuillas. En el horizonte, tres niños corretean entre toxicómanos que caminan tambaleándose. El vehículo se para en mitad de un cruce. Al percatarse, los chabolistas del Sector 6 le hacen gestos para que aparque frente a sus infraviviendas. Otros simplemente escudriñan el interior del vehículo con cara de asombro. No es habitual que un coche de este servicio público merodee por estos lares. El vehículo retrocede y el conductor vuelve a quejarse: “Si llego a saber dónde estaba la calle, no te traigo”. Tras cobrar, da media vuelta y se marcha.

Violet sostiene la factura que acredita que paga el IBI. / Claudio Álvarez

El pasajero tiene entonces que seguir el resto del camino andando. En realidad, el número 82 de la calle de Francisco Álvarez, adonde el coche se dirigía inicialmente, no pertenece a esta antigua vía pecuaria conocida como la Cañada Real. Para empezar, figura en el callejero de Madrid; es decir, es legal, sus casas son legales. En ella viven 40 familias; unas, con sus casas e hipotecas y otras con el piso pagado desde hace años, aseguran.

Una comunidad como cualquier otra si no fuera por la importante carga que tienen sobre sus hombros. Como el camión de la basura no pasa, la suciedad se amontona en las aceras y sobre el pavimento: un asfalto desgastado y lleno de baches y grietas. Las ratas, mientras, corretean frente a las viviendas.

El portavoz municipal del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, Jaime Lissavetzky, se ha hecho hoy miércoles eco de sus protestas. “Estas personas están pagando el IBI y el impuesto de basuras, pero los servicios que les dan son de cuarta división. Es una vergüenza sin par”, ha clamado el líder de la oposición en la capital. “Miren qué pavimento, la calle no está ni asfaltada. Es un islote dejado a la mano de Dios”, ha criticado Lissavetzky, que ha pedido a la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que visite la zona y se reúna con los vecinos para buscar una solución que no será “ni costosa ni difícil”. “Esto es también Madrid y los que viven aquí también son madrileños, como los de cualquier otro barrio”, ha afirmado el edil socialista.

Desde la Concejalía de Medio Ambiente replican que el camión de la basura pasa dos veces por semana por esta calle, no cada 15 días como dicen los vecinos. El Ayuntamiento, sin embargo, no aclara por qué no se recoge la basura todos los días como en el resto de barrios de la capital. El Grupo Municipal Socialista tiene previsto presentar en el próximo pleno del 8 de octubre una iniciativa para que la situación de desamparo de los inquilinos de esta calle cambie, tal y como se comprometió, dicen, el Gobierno regional y la Junta Municipal de Villa de Vallecas, gobernada por el PP desde hace 25 años. Si no, la solución que plantean es que se les realoje.

Basura amontonada en la entrada de la calle de Francisco Álvarez. / Claudio Álvarez

Mientras eso llega, Mario y Violet deberán seguir yendo a la oficina de Correos de La Gavia para mirar su correspondencia antes de siete días hábiles. Si no, se quedarán sin saber, por ejemplo, si tienen cita para el médico. O, en el caso de Víctor, de 34 años, sin la posibilidad de cobrar la renta mínima de inserción al no presentar, a tiempo, la documentación exigida, dice. Mario, de 46 años y parado, dispone de vehículo, pero Violet y su mujer tienen que andar dos kilómetros hasta la carretera de Valencia y ahí coger el autobús 339, “que pasa cada 40 o 50 minutos” y que les deja en la plaza del Conde de Casal, donde, de nuevo, han de subirse a otro autobús para llegar al centro comercial del Ensanche de Vallecas. Paradójicamente, el establecimiento queda muy cerca de su casa, ya que el recorrido que tienen que hacer es prácticamente circular. “A veces te dan ganas de no ir al ambulatorio”, tercia María del Carmen, vecina de 50 años, que tiene el centro de salud en Villa de Vallecas.

Todos ellos son vecinos de esta calle desde hace más de 10 años. Según cuentan, antes de que la droga se esparciera por la Cañada Real, en este enclave urbano había bares y parcelas. “Y el del butano venía dos veces por semana”. Hace dos décadas, su lucha vecinal se centraba en mejorar la red de alcantarillado y las farolas. Ahora, en cambio, hacen turnos para recoger la basura que se amontona o para pavimentar su calle, aunque esto último bajo una multa de 3.000 euros, aseguran. “No lo hacen ellos [el Ayuntamiento] y tampoco nos dejan hacerlo a nosotros. Las cartas no llegarán, pero las multas todas en mano”, se queja Violet, cerrajero de 43 años.

Estos vecinos piden también que se abra un acceso desde el vial del vertedero de Valdemingómez para llegar a esta calle sin tener que pasar —y soportar— los controles de la Policía en la Cañada. Y de paso tener una ruta para que sus hijos puedan ir al colegio sin atravesar este espinoso poblado.

“Muchos de nuestros hijos vuelven del colegio en el 339 que va cargado de yonquis; es una cunda legalizada”, sostienen los afectados. “Por no hablar, claro, de la mala fama. ¿Tú sabes lo que es decirle a un crío que no puede ir a casa de su amigo porque después habrá que invitarle a la nuestra y verá todo esto? Ni se imagina la vergüenza”.

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