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El año que Rajoy vivió en un hotel de lujo en Alicante

Un profesor, que fue recepcionista 30 años, escribe sus memorias

Recuerda el carácter "distante" del registrador, hoy presidente de Gobierno

Tomás Mazón, en el vestíbulo de un hotel, con su libro de memorias.
Tomás Mazón, en el vestíbulo de un hotel, con su libro de memorias.

Mariano Rajoy, actual presidente del Gobierno, vivió varios meses en un hotel de cuatro estrellas en la céntrica Rambla de Alicante, frente al mar. Corría el año 1980 y acababa de ser destinado a Santa Pola como registrador de la propiedad. Los dueños del hotel Gran Sol hicieron directamente la reserva para “este cliente VIP que viene recomendado desde la sede de Alianza Popular”, desvela el profesor de Sociología del Turismo en la Universidad de Alicante Tomás Mazón, que acaba de publicar el libro Desde el vestíbulo de un hotel. Esplendor y decadencia de esta actividad turística.

Y es que el actual profesor universitario estuvo durante casi 30 años (de febrero de 1964 a diciembre de 1992) trabajando de botones o jefe de recepción en los hoteles Carton, Cristal y Gran Sol de Alicante. Durante todo ese tiempo, atendió a personajes ilustres y clientes anónimos. “Nadie en la recepción sabíamos quién era Rajoy”, admite Mazón que recuerda que la hija del dueño del hotel lo único que comentó fue: “Parece ser una persona muy influyente en Galicia”. El actual presidente, que entonces tendría unos 26 años y ocupaba la habitación 2402, ya lucía una barba parecida a la de ahora, y mantenía una conducta “distante”. Añade Mazón que “su gesto, con un rictus severo en los labios”, le hacía parecer “un hombre maduro”, y concluye que para los empleados del hotel era un cliente “bastante antipático”. Como ejemplo, cuenta que la conversación más larga que mantuvo durante esos meses con Rajoy fue un día que diluviaba en Alicante y le dijo: “Necesito un taxi y es urgente”.

Pero dejando al margen las anécdotas del paso de Rajoy, Tomás Mazón retrata en su libro la edad de oro del turismo en Alicante. Cuando las propinas de los clientes eran suculentas, los botones recibían un 10% de comisión de las farmacias si compraban las medicinas que pedían los turistas y tenían unos sobresueldos en función del grado de ocupación del hotel. “Se ganaba dinero, yo con 14 años cobraba el doble que mi padre”, asegura el profesor. Pero con la entrada en vigor del nuevo convenio laboral en la hostelería, en 1977, se quitaron los sobresueldos y muchos profesionales cambiaron de sector para evitar tener “sueldos bajos y horarios malos”. Y lo tuvieron fácil porque todos dominaban varios idiomas y tenían facilidad para tratar con el público.

El libro de Tomás Mazón está repleto de anécdotas. Las largas colas de alicantinos entusiasmados en las inmediaciones del hotel Carton, esperando ver al Dúo Dinámico o a Sara Montiel. Y el paso de los “invernantes”, que es como se llamaba a los clientes de la alta aristocracia que pasaban meses de invierno en Alicante. El sociólogo atendió como botones a Louis Armstrong cuando vino a actuar en el Gallo Rojo de El Campello, al dictador cubano Fulgencio Batista y a otros muchos personajes que aparecen retratados en su libro.