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Atalaya, 30 años tirando del carro

La compañía celebra sus tres décadas de existencia con el estreno de ‘Madre Coraje’

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Silvia Garzón y Carmen Gallardo en un ensayo de 'Madre Coraje'.

Tres décadas dando batalla por escenarios de 34 países de todo el mundo no le han restado a Ricardo Iniesta ni un ápice del entusiasmo con el que fundó Atalaya en 1983. El director de escena continúa con las mismas ganas de contar historias de forma diferente que sentía cuando en 1984 estrenó El jardín de las hespérides en el Real Alcázar de Sevilla. Dieciocho montajes, decenas de premios —entre ellos el Nacional de Teatro en 2008— y miles de ensayos más tarde Atalaya se dispone a celebrar su trigésimo cumpleaños como mejor sabe hacer: actuando. El grupo trabaja ahora en el montaje de Madre Coraje, de Bertolt Brecht, uno de los grandes textos del teatro del siglo XX.

La obra, que se estrenará el próximo día 30 inaugurando la Feria Internacional de Teatro y Danza de Huesca, es una adaptación de Iniesta que ha reducido a la mitad el texto del dramaturgo alemán y, como en todas sus producciones, explota al máximo las habilidades de sus actores que cantan en cinco idiomas, bailan y no abandonan nunca el escenario. Madre Coraje tiene ya programadas 35 funciones hasta enero de 2014 en siete comunidades españolas. En Andalucía podrá verse, entre otros espacios, en el Festival Internacional de Teatro de Cádiz (25 de octubre) y en el Teatro Central de Sevilla (20 al 24 de noviembre). Atalaya, junto a La Cuadra de Salvador Távora y La Zaranda de Jerez, han colocado a Andalucía en el panorama escénico internacional. Madre Coraje es una coproducción en la que participa la Consejería de Educación y Cultura con una aportación de 110.000 euros.

“La celebración de los 30 años de Atalaya ha coincidido con la puesta en escena de tres grandes mitos femeninos. Tres mujeres rebeldes, únicas y muy contradictorias que resumen los diferentes tipos de teatro que hemos abordado durante nuestra trayectoria. Medea, con la interpretación arriba; Celestina, un ser bajo, a ras de suelo, y Madre Coraje, una mujer más intermedia a nivel de la realidad”, comenta Ricardo Iniesta al final de uno de los últimos ensayos en la sala del centro Territorio de Nuevos Tiempos (TNT) en Sevilla, un espacio para la creación y la investigación teatral que ofrece también programación durante la temporada.

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Madre Coraje, de pie en el carro, y sus tres hijos.

La reposición de la tragedia griega Medea, la extranjera, obra que clausuró el pasado día 14 la programación de verano del teatro romano de Itálica, en Santiponce (Sevilla), ha coincidido con las funciones de La Celestina, una producción que se estrenó en febrero del pasado año y continúa en gira, y con el estreno de Madre Coraje. Tres momentos históricos sobre los que Atalaya ha construido un lenguaje propio que bebe tanto del esperpento de Valle-Inclán como del trabajo de compañías internacionales, entre ellas la alemana Berliner Ensemble y Odin Teatret, con sede en Dinamarca.

“Mi objetivo como director de Atalaya es que la compañía pueda llegar a cumplir 50 años, fecha que celebrará en 2014 el Odin, como un referente del teatro de resistencia”, aclara Iniesta, un profesional combativo que hace pensar al público.

“Es espeluznante comprobar la actualidad que aún tiene Madre Coraje. Brecht escribió la obra en 1939 y dijo que esperaba que en el siglo XXI el texto hubiera perdido su vigencia; pero, desgraciadamente, ahora lo está más que nunca”, aclara el director. Algo que se constata en frases tan lapidarias en boca de Madre Coraje como: “La corrupción es nuestra última posibilidad”. “A todos nosotros hace tiempo que nos han enterrado la rebeldía” o “esto es la guerra, hermosa fuente de ingresos”.

Aunque Brecht sitúa la acción durante la Guerra de los Treinta Años (1624-1636), enfrentamiento entre católicos y protestantes que devastó Suecia, Polonia y Alemania, Iniesta crea unos personajes que flotan en el tiempo y podrían habitar tanto el siglo XVII como el XX. Madre Coraje y sus tres hijos tiran de su carreta en la que venden baratijas para malganarse la vida y van cambiando de bandera según la tierra que pisan.

“Ella es un personaje totalmente contradictorio. Reniega de la guerra pero, al mismo tiempo, se aprovecha y vive de ella. ‘La guerra nos da de comer a los que resistimos’, dice, pero acaba perdiendo a sus tres hijos y en la miseria”, afirma el director que ha usado la música de Paul Dessau, quien la compuso para la versión que dirigió Brecht en 1949 para el Berliner Ensemble, con arreglos de Luis Navarro.

El elenco, encabezado por Carmen Gallardo —una de las actrices cofundadoras de Atalaya— quien encarna a Madre Coraje, cuenta además con Lidia Mauduit, la frágil y sensible hija muda que toca el acordeón para expresarse. La familia la componen también Jerónimo Arenal, quien da vida a su hijo Eiliff, y María Sanz que interpreta al otro hijo: Caracuajo. Raúl Vera, Silvia Garzón y Manuel Asensio completan el reparto y van metiéndose en la piel de más de una veintena de personajes realizando los cambios prácticamente sin abandonar el escenario.

“La complicación de esta obra radica en que se trata de un texto muy coloquial, no es poético como lo puede ser el de Fernando de Rojas, pero está acompañado de unas imágenes muy potentes y siempre tienes que tener mucho cuidado para que la acción esté contenida”, comenta Carmen Gallardo, quien también da vida a Celestina.

“Madre Coraje es como un potro desbocado parece que siempre está cabreada. Mi reto es buscar la manera de mostrar tanto su fragilidad como su pragmatismo”, resume la actriz, extenuada después del ensayo por la intensidad emocional que requiere su papel durante los casi 100 minutos en los que atraviesa un campo de batalla que aparece totalmente real a los ojos del espectador.

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