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Cataluña renuncia al impuesto sobre los refrescos tras las presiones americanas

La Generalitat tramita tres nuevas tasas medioambientales para recaudar 50 millones de euros

Dos jóvenes se refrescan en la plaza de Catalunya de Barcelona.

El Gobierno catalán empezó ayer a tramitar tres nuevos impuestos medioambientales para incluirlos en los Presupuestos de 2014, en los que fía el objetivo de déficit a la mejora de los ingresos. Sin embargo, aparcó un gravamen que había generado controversia antes de su creación: el impuesto sobre las bebidas con exceso de azúcar, con el que la Generalitat preveía recaudar 30 millones de euros. La tasa estaba incluida en el pacto de legislatura con Esquerra, pero la embajada norteamericana presionó para que el Gobierno catalán desistiera de su intención de tirarla adelante. En febrero, el embajador en Madrid Alan D. Solomont, se reunió con Artur Mas para expresarle el malestar de las empresas de bebidas refrescantes de su país y advertirle que el tributo podía hacer mella en las inversiones de empresas de Estados Unidos en Cataluña. La Generalitat desligó su renuncia de las presiones, y aseguró que aparcaba el tributo tras haber hecho balance de los “pros y los contras”, en expresión del consejero de Presidencia, Francesc Homs.

Pese a desistir de la tasa sobre las bebidas refrescantes, el Gobierno catalán aprobó otros tres gravámenes medioambientales, con los que prevé recaudar unos 50 millones anuales. 3,6 millones vendrán del impuesto sobre las emisiones de la aviación comercial, un tributo que ya se aplica en Francia, Alemania y el Reino Unido. La segunda tasa afectará a la producción termonuclear de energía eléctrica y será la que más dinero reportará a las arcas de la Generalitat, 43 millones de euros. El tercer tributo cargará sobre la emisión de gases y partículas en la atmosfera en algunas industrias, un impuesto con el que el Gobierno catalán espera recaudar 2,76 millones de euros.
Los nuevos impuestos contaron con el beneplácito de la mayoría de grupos de la oposición, excepto del PP y Ciutadans. La aprobación del Gobierno suscitó satisfacción en Esquerra. El secretario general adjunto del partido, Lluís Salvadó,,remarcó que estos impuestos están en la línea del acuerdo parlamentario entre CiU y ERC para equilibrar el presupuesto mediante el aumento de los ingresos y, además, representan una “fiscalidad más respetuosa con el medioambiente”.

Tanto el PSC como ICV-EUiA señalaron que la propuesta era positiva, pero pidieron más concreción y agilidad para materializarla. “Estos impuestos son bienvenidos pero no pueden sustituir al resto de impuestos del pacto de legislatura”, comentó el portavoz socialista Maurici Lucena. Coincidió la ecosocialista Dolors Camats, quien calificó la iniciativa como un “inicio tímido”.
Por otra parte, el portavoz popular Enric Millo expresó que no son partidarios de una subida de impuestos, un extremo compartido por Jordi Cañas, de Ciutadans, que censuró que se establecieran nuevas medidas fiscales sin presupuesto. “No se puede recaudar sin saber para qué”, apostilló.