La Caja Mágica se vende y el Centro Acuático hace agua

Harían falta 1.500 millones de euros para terminar las infraestructuras olímpicas pendientes

Tras la derrota, no hay dinero ni proyecto político para ellas

La terminación de La Peineta requiere de una complicada operación urbanística a tres bandas

FOTO: ÁLVARO GARCÍA | VÍDEO: ATLAS

El Ayuntamiento de Madrid arrastra una deuda de 7.780 millones de euros, además de una enorme decepción porque las posibilidades de recibir un dinero extra gracias a los Juegos Olímpicos se han volatilizado. La inyección económica que iban a suponer los 4.012 millones previstos en inversiones en caso de celebrar las Olimpiadas de 2020, si bien no iban a solventar el enorme endeudamiento municipal (el mayor de España) darían a la alcaldesa, Ana Botella, dos cosas: liquidez e ilusión en un proyecto que movilizase a la ciudad y, por tanto, a su electorado. El tremendo varapalo que ha supuesto la eliminación de la capital deja en el aire numerosas infraestructuras a medio construir para las que no hay ni dotación presupuestaria ni proyecto político. ¿Qué hacemos con ellas ahora?, se preguntan los políticos.

Para acabarlas, adecentarlas o mejorarlas hacen falta 1.500 millones adicionales. Un tercio estaba dispuesto a ponerlo el Gobierno central, otro el regional y el resto el Ayuntamiento. Pero tras la derrota, simplemente, no hay dinero. Hay otras prioridades. Y los esqueletos de un sueño roto quedarán ahí, como testigos mudos de lo ocurrido, por mucho tiempo.

Aunque la delegación española insistió una y otra vez que “el 80% de las infraestructuras estaban construidas” el panorama que queda en Madrid tras la derrota es desalentador. Un estadio olímpico ni siquiera a medio construir, un centro acuático que no es más que una mole de cemento sin terminar o una Caja Mágica que arrastra pérdidas millonarias y que nadie quiere comprar.

Centro Acuático. Terminarlo costaría no menos de 48 millones de euros. Fue diseñado por el arquitecto Juan José Medina y las previsiones iniciales es que estuviera acabado en la primavera de 2008. De esta instalación, tras celebrarse los Juegos, se iban beneficiar unos 150.000 residentes del barrio de San Blas. El centro estaba previsto que contase con cuatro piscinas y que tuviese los mayores controles de climatización, energías renovables y tratamientos de aguas existentes en el mundo.

Pero tras el descalabro en Copenhague en 2009 (se votó la candidatura para los Juegos de 2016, que finalmente se llevó Río de Janeiro), las aspiraciones de la ciudad menguaron y la construcción acuática se detuvo en seco. Ayer no era más que un terreno yermo sin ninguna vida. Una valla metálica rodeaba la parcela en la que se yergue la estructura esquelética de hormigón del edificio. Con cuatro alturas levantadas, de las que colgaban en un extremo carteles de Ortiz y Dragados —también había de Ferrovial y OHL—, le falta todo el interior, mientras matojos y hierbas resecas por el sol cubrían la tierra que abraza la instalación adyacente a La Peineta. Los escasos ciclistas que recorrían el carril-bici adyacente al complejo y al que estadio olímpico se cruzaban con algún que otro vecino solitario sacando a su perro por los solares de la zona.

La Caja Mágica, en el distrito de Usera. / CLAUDIO ÁLVAREZ

Caja Mágica. La instalación donde se iban a celebrar las pruebas de tenis o balonmano no ha encontrado un uso fijo desde su inauguración en 2009, si bien alberga de vez en cuando competiciones de alto nivel, como el Máster de Tenis. Diseñada por Dominique Perrault, costó 294 millones (más del doble del presupuesto inicial) y se inauguró como insignia de Madrid 2016. Tras fracasar sucesivamente como sede del Real Madrid de baloncesto y del equipo HRT de fórmula 1, sigue sin oficio ni beneficio. Este equipo pagaba 800.000 euros anuales de alquiler, hasta que dejó de hacerlo. Fue expulsado del centro pero nadie ocupó su lugar.

La instalación, de un altísimo nivel de calidad, probablemente se vea abocada, como el pabellón Madrid Arena (iba a ser la sede del balonmano en Madrid 2020), a pasar a manos de empresas privadas para organizar allí ferias, conciertos y otros eventos.

La empresa municipal que lo gestionaba, Madridec, estaba en quiebra técnica y fue disuelta por Ana Botella, en un intento desesperado por recortar gastos en una Administración ahogada por las deudas.

El Ayuntamiento, incluso, está dispuesto a vender la Caja Mágica, pero es extremadamente difícil que encuentre una empresa que quiera adquirirla. ¿El precio? Unos 300 millones... Negociables.

Estado actual de La Peineta. / CARLOS ROSILLO

La Peineta. El futuro se antoja incierto para el estadio de Canillejas, la joya de la corona de la candidatura de Madrid 2020 en su condición de estadio olímpico en el proyecto low cost superado por Tokio y Estambul. La Operación Calderón, que acumula un retraso tras otro, se antoja incierta al no poder apoyarse tampoco en el impulso que habría supuesto la celebración de los Juegos dentro de siete años.

Aunque el compromiso de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) es terminar el futuro estadio, donde el Atlético asegura que jugará en 2015 tras sucesivas demoras en los plazos, las dudas sobre la operación no han parado de aumentar desde que el club y el Ayuntamiento firmaron un convenio en 2008.

Con él, el equipo rojiblanco ganaba un estadio nuevo (el Calderón fue inaugurado en 1966) y con 10.000 localidades más. La operación, que no reportaría beneficios económicos al club —en un principio sus responsables calculaban que la operación les serviría para pagar todas sus deudas (solo 200 millones con Hacienda a 30 de junio de 2012) y obtener 80 millones más para fichajes—, se completaba con la recalificación de los terrenos junto al Manzanares sobre los que se levanta el Calderón y la antigua fábrica de cerveza Mahou.

Allí se construirían casi 2.000 viviendas y habría 160.000 metros cuadrados de zonas verdes. Todo sin que el Ayuntamiento ni el club tuvieran que poner un euro: FCC pagaría la obra a cambio del aprovechamiento urbanístico del área afectada de la ribera del Manzanares, incluido el soterramiento de la M-30 en el único tramo de Madrid Río donde la vía no circula bajo tierra. En definitiva, toda una serie de obras que tendrían un valor aproximado de 270 millones.

Resumiendo la principal operación urbanística pendiente en la almendra central de la capital, FCC tendría que derruir el Calderón, soterrar la M-30 en Madrid Río, terminar La Peineta, construir 1.600 viviendas en el solar donde antes estaba la fábrica de Mahou —la cervecera las realizó por su cuenta en apenas un año tras un desembolso de unos cinco millones— entre el paseo Imperial y el paseo de los Pontones y venderlas para poder costear todo el proceso y sacarle beneficio.

El caso es que FCC presentó en agosto un ERE para 200 trabajadores de sus servicios centrales, el 46% de la plantilla de la división. La compañía ya cerró el pasado abril un expediente de regulación de empleo que supuso 842 despidos en su división de construcción. Además, Cementos Portland, su filial cementera, decidió prescindir este verano de 460 empleados. En diciembre de 2011, FCC vendió por 400 millones la Torre Picasso a Pontegadea, sociedad inmobiliaria de Amancio Ortega, fundador y principal accionista de Inditex (Zara).

La constructora también es responsable de las obras del Nuevo Mestalla, teórico futuro hogar del Valencia, paralizadas por los problemas económicos del club, que debe más de 200 millones solamente a Bankia.

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