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Lauren Gràcia cierra por el escaso público tras cuatro años de crisis

Barcelona ha perdido cinco salas en los últimos tres años

El cine Lauren Gràcia, en la calle de Bailèn, ayer. Ampliar foto
El cine Lauren Gràcia, en la calle de Bailèn, ayer.

La crisis económica general, la subida del IVA, en particular, y la piratería se ha llevado por delante otro cine: el Lauren Gràcia de Barcelona. Ayer fue el último día de funcionamiento de las cuatro salas que programaban películas desde 1996, año en que abrió el Lauren en el mismo emplazamiento del cine Texas, una sala de barrio de programa doble.

Los trabajadores —seis—conocieron ayer mismo el cierre por un comunicado de la empresa Lauren Cinemas. El desconcierto era notable —se enviaron notas a las secciones de cartelera de los medios por la tarde— pese a que ellos conocían bien el problema: un público que había caído en picado. “El aforo apenas si llegaba al 20%”, comentaba un trabajador. La página web del cine seguía anuncinado las seis películas en proyección y la línea telefónica informaba de las horas de los pases. “Situado en uno de los barrios más cinéfilos de Barcelona, desde que se remodeló en 1996, este cine ha visto incrementar espectacularmente la afluencia de público”´, mantenía, inmutable, la web.

Barcelona está sufriendo un goteo de cierres de sales de cine: Rex —2010—, Palacio del Cinema —2001— , Renoir de Les Corts el año pasado, otro Lauren —el de Sant Andreu, también en 2012— y el Urgell —la sala más grande que tenía la ciudad—el pasado mes de mayo. Ahora es el Lauren Gràcia que se suma a la sangría. Los problemas económicos de las salas de exhibición se iniciaron hace unos cuantos años y algunas medidas —como la subida del IVA al 21%— han supuesto la puntilla.

Los problemas y ajustes se ven en muchos detalles. En los Verdi de Gràcia, por ejemplo, han dejado de facilitar la sinopsis de las películas que programan en papel —los casilleros donde habitualmente estaban remiten a la página web del cine para echar un vistazo— para ahorrar el gasto que suponía la edición e impresión. El papel es caro.

Hacerse socio de las salas para tener tarifas más económicas, bonos por un pack de películas, son otras de las estrategias que se ensayan para evitar el desastre.

“Llevábamos cuatro años intentando resistir pero llega un punto que ya no se puede más”, explicaba Toni Llorens, presidente de la empresa Lauren Cinemas, sobre el cierre de Gràcia. A los pocos espectadores se ha sumado el hecho de que el local es de alquiler, con un contrato que se negocia año tras año. “No se puede mantener los gastos del alquiler y todo lo demás con las taquillas que estábamos haciendo”, puntualizó.

La sala Lauren Gràcia era frecuentada, básicamente, por público del barrio y del Eixample. “La crisis la sufre la gente. Los vecinos que antes venían al cine, sobre todo los jóvenes, ya no lo hacen porque consideran que es caro”, reflexionaba Llorens. “Si cierran los pesos pesados, como Balañá, cómo no vamos a cerrar nosotros”, añadía.

En los Lauren trabajan actualmente unas 160 personas en siete complejos de cine con unas cien salas en Cataluña. Para este empresario, todo el panorama actual conduce al cierre de más salas. “Y, si además de la crisis, sumas el escaso interés de las administraciones en proteger e impulsar la industria del cine ...el resultado ya se ve”, argumentaba. Llorens subrayaba, además, que productoras, distribuidoras y exhibidoras deberían afrontar conjuntamente los efectos de la crisis. Pese al negro panorama que él mismo describía, insiste en que no hay que tirar la toalla. Él está trabajando ahora en un documental precisamente sobre la crisis del cine.